 Diana Palmer
                     Pasin y seduccin


 A la periodista Wynn Ascot le gustaba cubrir las noticias del pueblo, y comprenda que McCabe Foxe,  corresponsal de guerra, tuviera que viajar por todo el mundo
enfrentndose al peligro. Tras recibir una herida de bala, McCabe volvi a casa, demasiado cerca para la tranquilidad de Wynn. El era para ella tan peligroso como 
excitante. Wynn estaba a punto de  casarse con otro hombre, pero ahora tendra que buscar la verdad.... en su propio corazn.


Captulo 1


HACIA un esplndido da de primavera en el condado de Creek, aunque algo caluroso. Wynn Ascot dej su cmara y el resto del equipo en el asiento trasero de su Volkswagen, 
y se sac el suter antes de salir del coche y subir los escalones de la cafetera-restaurante de la seora Baker. En el techo haba un ventilador, y la joven sinti 
su frescor nada ms entrar. Verdaderamente se agradeca. La seora Baker estaba tras el mostrador, charlando con el viejo seor Sanders, pero alz la vista en cuanto 
vio entrar a Wynn.
-Holgazaneando, eh? -la pic la mujer de cabello entrecano.
Wynn sonri y salud al encorvado seor Sanders antes de contestar.
- Quin tiene ganas de encerrarse en una oficina delante del ordenador en un da tan maravilloso como ste? -le dijo a la duea de la cafetera rindose suavemente 
- . Me encubrirs, verdad? -aadi con aire conspirador.
- Escribe un artculo sobre mi muchacho y te guardar el secreto.
- Ha hecho Henry algo digno de mencin?
-Esta maana ha pescado un rbalo de siete kilos -respondi la seora Baker con orgullo de madre.
-De acuerdo, dile que lo traiga a mi oficina sobre las dos y le har una foto con l para el peridico -accedi Wynn sentndose en uno de los altos taburetes-. Me 
pones una limonada bien fra? Tengo la garganta seca.
-Bueno, y qu noticia ests cubriendo hoy? - intervino el seor Sanders con una sonrisa-. Algn incendio?, un accidente?
Wynn tom un sorbo del refresco que la seora Baker le acababa de colocar delante.
-Pues... John Darrow ha conseguido que los de la asociacin ecologista le ayuden a disear un plan para hacer un estanque en su granja, para poder tener agua en 
el caso de que venga una sequa.
El seor Sanders asinti con la cabeza.
-Ed ha dicho que toda la lluvia que hemos tenido a principios del ao slo puede significar una cosa: que este verano habr sequa -dijo citando a su vecino, un 
granjero de ochenta y dos aos que tena fama por sus exactas predicciones meteorolgicas.
Wynn tom otro sorbo de su bebida antes de contestar con buen humor:
-Espero que al menos por esta vez se equivoque.
Eso s que sera un noticin. Creo que ir a sacarle una foto y a pedirle que me prediga el tiempo para el resto del verano.
-Oh, eso le encantara, te lo aseguro -le dijo la seora Baker-. Adems tiene nietos en Atlanta. Podra mandarles un ejemplar.
- Ser lo primero que haga maana -les prometi Wynn. Dej escapar un suspiro y se apoy en la barra-. Por qu no me buscara yo un trabajo de ocho horas como las 
personas sensatas, de esos que al final de la jornada puedes volver a casa, tirarte en el silln, y olvidarte de todo?
-Porque sabes que lo detestaras -contest la mujer rindose-. Cmo est tu ta Katy Maude?
- Oh, bien, bien, est en las montaas del norte de Georgia, visitando a su hermana Cattie -respondi Wynn con una sonrisa.
-Pues mndale saludos cuando hables con ella -le dijo la seora Baker-, Bueno, y cundo os casis Andy y t? Lucy Robbins anda diciendo por ah que os casis este 
verano.
La joven volvi a suspirar.
- No, estamos pensando en esperar hasta septiembre y tomarnos una semana libre para la luna de miel -dijo esbozando una sonrisa, e intentando imaginarse casada con 
Andrew Sloane.
Tenan una relacin cmoda, sin sobresaltos, y l, sabiendo que era virgen, nunca haba tratado de presionarla. De hecho, cada vez que quedaban era para salir a 
cenar, ir al cine o al teatro, alquilar una pelcula... A menudo Wynn se preguntaba si cuando se casaran no sera exactamente igual. Bueno, tal vez Andy no fuera 
la persona ms aventurera del mundo, pero as, al menos, no se ira como McCabe, a miles de kilmetros como corresponsal de guerra...
- Y cundo os casis, ser McCabe el padrino? -le pregunt la seora Baker, como si estuviera leyendo sus pensamientos.
Slo or su nombre de labios de otra persona haca que una cierta desazn invadiera a la joven. McCabe Foxe no era su tutor legal ni nada parecido, simplemente era 
el albacea testamentario designado por su padre, la persona que se encargaba de que recibiera cada mes su asignacin hasta que cumpliera los veinticinco aos o se 
casara. Pronto cumplira los veinticuatro, y para entonces ya estara casada con Andy, y McCabe  por fin, desaparecera de su vida, diluyndose en el pasado.
-No lo creo -le contest por fin a la seora Baker, forzando una sonrisa de circunstancias - . Ahora mismo est en Centroamrica, cubriendo las ltimas refriegas... 
y acumulando material para su prxima novela de aventuras, sin duda -aadi con cierto retintn.
- Qu maravilla!, verdad? -suspir la mujer con ojos soadores-. Imagnate, llevar una vida tan emocionante...! Y pensar que se ha convertido en un autor de 
xito cuando hasta hace slo un par de aos viva a unos pasos de ti! Parece que fue ayer cuando empez a trabajar con tu padre para esa agencia de noticias.
Pensar en eso incomodaba a Wynn. No le gustaba recordar esos aos.
-Tu padre era un periodista de primera -intervino el seor Sanders-. Todo el mundo recuerda sus reportajes.
Wynn sonri con cario.
-Todava sigo echndolo muchsimo de menos. No s qu habra hecho si mi ta no se hubiera hecho cargo de m cuando muri en aquel tiroteo. Nunca me haba sentido 
tan perdida.
-Y fue una suerte que tu padre dejara en su testamento a McCabe a cargo de tu herencia -dijo la seora Baker-. Tu madre te haba dejado una propiedad bastante grande, 
y t eras slo una adolescente cuando tu padre muri.
Wynn apur su bebida y dej el vaso sobre el mostrador.
-En fin, creo que ya es hora de que vuelva con los dems esclavos -dijo haciendo una graciosa mueca y levantndose-. Hoy tenemos un da muy ajetreado, porque tenemos 
que mandar el peridico a la imprenta, y conociendo a Edward empezar a llamar a todo el condado para averiguar dnde me he metido. Nadie se escapa cuando hay que 
terminar la redaccin de un nmero.
-Yo tambin tengo que irme -farfull el seor Sanders ponindose de pie - . La seora Jones se preocupa cuando me retraso. No s cmo pude arrastrarme por las trincheras 
en Francia durante la guerra sin ella detrs para empujarme -aadi enarcando las cejas-. Esa mujer no me deja respirar.
- Deberas sentirte afortunado por tener a una empleada del hogar que se preocupa tanto por ti, viejo grun -lo rega la seora Baker meneando el ndice en su 
direccin.
-Supongo que tienes razn, Verdie -suspir el hombre.
Wynn se ri.
- Mi ta Katy Maude tambin se preocupa en exceso por m -les confes-. Por eso me independic en cuanto tuve edad. Aunque tampoco me dej irme muy lejos: me hizo 
alquilar la casa de al lado...!
- Pues a m no me parece bien que una chica joven como t viva sola -replic la seora Baker frunciendo el ceo y adoptando el papel de gallina clueca-. Adems, 
es absurdo: tu ta en una casa y t en otra... Sera mucho ms lgico que te...
Wynn, que se vea venir una retahila de media hora, lanz un rpido vistazo al reloj.
- Vaya!, no saba que era tan tarde -la interrumpi, dejando un cuarto de dlar sobre el mostrador, y esbozando una sonrisa a modo de disculpa-. Me encantara quedarme 
a charlar, de verdad, pero si no me marcho ya, Edward me matar. Hasta luego!, adis, seor Sanders!
Y sali de la cafetera, reprimiendo una sonrisilla maliciosa, antes de que la seora Baker pudiera detenerla.
Sin embargo, el buen humor de la joven se desvaneci cuando hubo arrancado su pequeo coche y se diriga hacia Redvale por la montona carretera, salpicada slo 
por unas pocas granjas y almacenes. Pensar en McCabe la haba dejado preocupada. Era completamente ridculo. Por qu tena que preocuparse? McCabe era mayorcito 
para saber los riesgos que corra. Adems, qu necesidad tena de seguir trabajando como corresponsal de guerra? No haba conseguido ya bastante reconocimiento 
y suficiente dinero como para vivir tranquilo el resto de su vida? No, el periodismo era para l como el tabaco para quien no puede dejar de fumar. Pero ella era 
tan
tonta que no poda dejar de preocuparse por l, aunque no quisiera admitirlo, y haba llegado a dejar de ver los telediarios para no saber lo que estaba pasando 
en Centroamrica. No poda soportar el pensamiento de que lo hirieran.
Pero, por qu?, por qu tena que preocuparse por l? Despus de todo, nunca se haban llevado bien, y la ltima vez que haban hablado, la charla no haba sido 
precisamente cordial. McCabe se haba subido por las paredes cuando le dijo que iba a entrar a trabajar en el Couher, el peridico local de Redvale. Haba sido una 
conversacin telefnica, de las pocas veces que McCabe la haba llamado, y la haba amenazado, entre otras, con cortarle la asignacin mensual si no desista en 
su empeo.
Ella, por supuesto, le haba dicho que adelante, que lo hiciera. Poda mantenerse por s misma. A partir de ese momento el tono de la conversacin haba ido subiendo, 
y Wynn haba acabado colgndole furiosa en medio de una frase, y se haba negado a contestar cuando el telfono empez a sonar de nuevo. Una semana despus, recibira 
una spera carta de l, en la que le deca que supona que un trabajo de reportera en un peridico local no sera demasiado peligroso, pero prcticamente le prohiba 
que cubriera noticias que pudiesen hacer peligrar su integridad fsica, y la amenazaba con volver y sacarla a la fuerza de la oficina del peridico si no le haca 
caso.
Wynn se recost en el asiento y resopl. Sera arrogante! Cmo poda haberlo nombrado su padre albacea testamentario de todos sus bienes? Cierto que haban sido 
amigos, durante aos, pero era tan ridculo que hubiese nombrado albacea a alguien que no era de la familia... Lo lgico habra sido nombrar a su ta, Katy Maude. 
De hecho, haba sido su ta quien se haba hecho cargo de ella cuando l haba estado fuera del Estado o del pas cubriendo alguna noticia.
Dnde estara McCabe en ese momento?, se pregunt. Un par de das atrs, haba odo en la cafetera de la seora Baker a dos hombres comentar una noticia sobre 
dos reporteros que haban muerto en Centroamrica. Se le haban puesto las manos fras y sudorosas y, sin poder reprimirse, se haba vuelto y les haba preguntado 
si saban de qu nacionalidad eran. Franceses, le haban contestado, y ella se haba ido a casa y haba llorado de puro alivio. Ridculo!, era totalmente ridculo! 
Estaba comprometida, iba a casarse, y McCabe nunca haba sido nada para ella excepto un dolor de cabeza.
Camino de la oficina del Courier. tena que pasar forzosamente por delante de su casa, y le extra ver una ventana del piso de arriba entreabierta, y la cortina 
ondeando suavemente con la ligera brisa que se haba levantado. Que raro! No recordaba haberla dejado abierta... En fin, se dijo encogindose de hombros mentalmente. 
Con el jaleo que haban tenido los ltimos das andaba con la cabeza en otro sitio, y adems, tampoco pareca que fuera a llover, as que, qu importaba?
Cuando lleg al edificio del Courier, se choc con Kelly Davies en la entrada, un compaero del trabajo.
- Ah, hola, Kelly! -salud al alto joven.
- "Hola, Kelly"? -repiti l cruzndose de brazos-. Se puede saber dnde te habas metido? Ya casi ni me acordaba de que trabajas aqu. De hecho, creo que Edward 
tampoco debe acordarse, porque ya ha vuelto a mandarme cubrir otra de esas escabrosas noticias de sucesos.
- Vaya, lo siento -murmur ella frunciendo las cejas - , de qu se trata?
-Un accidente en la autopista -contest Kelly-. Un muerto y tres heridos. La patrulla de polica acaba de llegar al lugar.
-Se sabe ya algn nombre?
Kelly mene la cabeza.
- Espero que no sea nadie que conozca -murmur con una dbil sonrisa.
Wynn saba a qu se refera. Era lo malo de trabajar como reportero en el peridico local de una pequea ciudad. Dos de cada tres veces conocas a las vctimas, 
aunque slo fuera de vista.
- Nos llamars cundo sepas algo ms? -le pregunt.
-Llamar antes de volver -le prometi l.
Se despidieron, y Wynn entr en el edificio. Edward Keene, su jefe, y dueo del peridico estaba de pie junto a Judy, la compositora, una chica morena sentada frente 
a un ordenador. Frunci las pobladas cejas blancas y entrecerr los ojos mientras examinaba la galerada que tena en su mano.
-Bien, pero no te olvides de corregir esa lnea - le dijo a Judy, para luego volverse hacia Wynn con una mirada furibunda-. Sabes qu da es hoy? Te das cuenta 
de que prcticamente estoy haciendo el peridico solo, y tratando de ayudar a Judy a hacer la copia para la lectura de pruebas y a encajar los anuncios, y...?
-Traigo fotos -le dijo ella con una sonrisa, sosteniendo en alto su cmara de fotos-. Buenas fotos. Rellenarn espacio.
-Fotos de qu? -gru Edward con los brazos enjarras-. De ese estanque de John Darrow?
-Y del incendio de esa casa en la calle Harrow, y del nuevo puente que han hecho a la altura de la circunvalacin de City Union.
Edward respir aliviado y esboz una media sonrisa
-Buena chica.
- Saba que eso te tranquilizara. Y con las fotos que traiga Kelly del accidente, ya tendremos por los menos cuatro para la portada, y dedicarle a cada noticia 
unas... cuatro columnas?
- Por eso te contrat -murmur Edward sonriendo ms ampliamente y asintiendo con la cabeza-. S, creo que con eso bastar.
- Le llevar el carrete a Jess para que lo revele - dijo Wynn.
- Bien -murmur su jefe-. Ah, oye... cuando se lo hayas dado..., ven a mi despacho un momento, de acuerdo?
A Wynn le pareci notar cierta vacilacin en su voz y una expresin extraa en su rostro, pero asinti con la cabeza y se dirigi al cuarto oscuro. Era el da ms 
ajetreado de la semana, el da en que tenan que acabar la edicin semanal para mandarla a la imprenta. Todo el mundo en la oficina estaba raro ese da.
Le entreg el carrete a Jess con una sonrisa ante la cara de agobio de su compaero.
-Podrais tener un poco de compasin conmigo para variar. Me lo trais todo a ltima hora -mascull ste.
-Te prometo que no volver a pasar... -le dijo Wynn - , al menos en una semana.
Pero Jess no se ri, sino que le lanz una mirada asesina.
- Bueno, slo tienes que hacer tres fotograbados a media tinta, cada uno de cuatro columnas; uno del incendio, otro del nuevo puente, y otro del estanque.
- Genial, aqu estoy, con tres trabajos urgentes, uno de ellos para las dos de la tarde, y encima... - mascull mientras Wynn sala y lo dejaba hablando solo.
Cuando se asom al despacho de Edward, ste se hallaba sentado frente a su escritorio, medio oculto entre un montn de papeles.
-Bueno, sintate -le dijo el hombre con cierta impaciencia, sealndole una de las dos sillas con brazos que haba frente a su escritorio. Se quit las gafas y entrelaz 
las manos sobre la mesa.
- Qu pasa? De qu quieres hablarme? -inquiri Wynn mirndolo insegura. Estaba empezando a preocuparse. Edward estaba verdaderamente... raro.
-Bien, vers... lo cierto es que...
-Es mi ta? Le ha pasado algo? -le pregunt Wynn sobresaltada, sentndose al borde de la silla.
-No, no, nada de eso -se apresur a tranquilizarla su jefe. Carraspe, la mir un momento, y finalmente le solt-: Diablos, podras mantenerte al da de lo que pasa 
en Centroamrica, as no tendra que ser yo quien te diera la noticia de sopetn.
A Wynn se le fue el color del rostro, y se agarr con tal fuerza a los brazos de la silla, que los nudillos se le pusieron blancos.
- McCabe...! -musit en un hilo de voz-, Le ha pasado algo a McCabe...!
- Est bien, est vivo - le dijo Edward -. Le han herido pero no es grave.
Wynn suspir aliviada y se recost en el asiento. Los msculos de su cuerpo parecan haberse reblandecido con el susto.
-Le dispar un francotirador? -inquiri.
- Algo as -respondi Edward. sacando de debajo de los papeles un ejemplar de un diario de Atlanta, lo abri por la seccin de noticias internacionales, lo dobl, 
y se lo pas.
Wynn escudri la hoja y ley uno de los titulares que aparecan en el margen derecho: CORRESPONSAL DE GUERRA HERIDO. Al lado haba una pequea foto de McCabe, y 
Wynn entrecerr los ojos, tratando de comprobar si haba cambiado mucho en aquellos aos, pero la imagen era demasiado oscura y no se distinguan bien sus facciones. 
Ley el texto bajo el titular, apenas una resea, donde se deca que McCabe haba resultado herido mientras cubra una noticia, y se especulaba acerca de la posibilidad 
de que el incidente estuviera relacionado con la muerte de los dos periodistas franceses a principios de esa semana. Aada que McCabe haba sufrido una paliza por 
parte de sus atacantes, que tena un ligamento de la pierna roto, y secuelas por una contusin en la cabeza, pero estaba vivo.
-No dice dnde est ahora -murmur.
- Um... S, bueno, me tema que te preguntaras eso... La verdad es que habra sido raro que no te lo preguntases... -balbuci Edward.
Wynn se qued mirndolo sin entender nada.
- Edward, dnde est?
-No has visto...? Es decir, cuando has pasado con el coche por delante de tu casa... no has visto...? -farfull su jefe por toda respuesta.
Los ojos de Wynn se abrieron como platos.
- Est en mi casa?! -casi grit-. Qu est haciendo en mi casa?
-Recuperarse -le contest Edward contrayendo el rostro. Bueno, es que el motel estaba cerrado por reformas... No tena otro lugar donde quedarse.
- Y por qu no contigo? -le espet Wynn, que no poda dar crdito a lo que oa.
---No tengo ninguna habitacin libre.
 -Y qu? Poda haber dormido en tu sof!
- En su estado? No podra hacerle eso a un hombre herido.
-Me da igual que est herido -le respondi ella furiosa-. No puede quedarse en mi casa. Mi ta estar de vuelta dentro de unas semanas y ha sufrido un amago de infarto 
hace poco. No le vienen bien las discusiones.
- Pero si yo nunca te he visto discutir con tu ta -repuso Edward.
- Con ella no, pero con McCabe discuto a todas horas. No hay una sola cosa en la que estemos de acuerdo. Y Andy pondr el grito en el cielo!
- Oh, por Andy no tienes que preocuparte - murmur su jefe haciendo un gesto desdeoso con la mano - . Andy es uno de esos tipos liberales. No le molestar en absoluto.
-Estamos hablando del mismo Andrew Sloane? - inquiri Wynn-. De mi prometido, el que fue a la cadena de televisin local para quejarse de un
anuncio de teatro en el Daily Bugle de Ashton en el que sala una mujer desnuda de cintura para arriba?
Edward se frot la nuca.
-Hmm... Bueno, s, tal vez tengas un pequeo problema con Andy.
-Pues arrglalo t, ha sido idea tuya.
-No exactamente. Fue l quien lo sugiri -le explic su jefe-. Me llam para preguntarme si habamos visto la noticia en el peridico, y claro, le dije que s, y 
al saber en qu estado estaba... yo pens que no te importara... despus de todo es tu tutor.
- No es mi tutor! Slo es el albacea de mi padre! ...Adems de mi tormento, y mi peor enemigo, y a ti no se te ha ocurrido otra cosa ms que dejar que se meta 
en mi casa!
- Oh, vamos, Wynn, casi no puede andar. Cmo iba a aparselas solo?
-Que cmo...? -repiti ella exasperada-. Es corresponsal de guerra y puro nervio, seguro que sera capaz de sobrevivir sin agua en el desierto! Adems, no vive 
su madre en Nueva York? Por qu no se va con ella?
- Ha salido del pas en cuanto se enter de que volva de Centroamrica -respondi su jefe rindose-. Ya sabes cmo es Marie. Le aterra la idea de que ponga un pie 
por all. En una semana despedira a los sirvientes y hara remodelar toda la casa.
- Es increble! Es su madre! Esa mujer siempre ha encontrado excusas para evitarlos a l y a su padre.
-Vamos, Wynn, est herido, ten compasin. No puedes ponerlo en la calle. Ella frunci los labios.
-T no conoces a McCabe como yo -mascull.
- Adems, quiere conocer a tu prometido -le dijo Edward, que ni siquiera estaba escuchndola-. Le preocupa tu futuro.
Wynn solt una carcajada de incredulidad.
-Lo que quiere es dictar mi futuro, que es muy distinto -gru, ponindose de pie - . Pues no voy a consentrselo.
-Adonde vas?
- A las trincheras -respondi ella-. Dnde est mi escopeta?
- Pero el peridico...
- Ya lo leer luego -farfull Wynn saliendo de su despacho.
- "Nuestro" peridico! -casi rugi Edward mientras la segua-. El que no lograremos sacar maana si no sales ah fuera y te pones manos a trabajar!
-Hay tiempo. Estar de vuelta en una hora. Adems, ni siquiera he almorzado. Edward levant las manos.
---Una hora! Ya vamos una hora tarde segn lo previsto y dice que hay tiempo! -le dijo a Judy, que segua en su puesto - . Escucha, Wynn, si no... -comenz volvindose, 
pero la joven ya se haba ido. Haba salido corriendo hacia el lugar donde haba dejado aparcado el coche, y de sus ojos verdes saltaban chispas. S McCabe se crea 
que iba a salirse con la suya, estaba muy equivocado.






Captulo 2


WYNN abri la puerta de su pequea vivienda, junto a la enorme casa de estilo Victoriano de su ta Katy Maude, y entr echa una furia, con sus pisadas resonando 
sobre el suelo de madera a medida que avanzaba.
- McCabe! -lo llam a gritos, soltando la cmara, el bolso, y el suter en una silla del pasillo. Pero slo el eco le contest.
Sin embargo, al entrar en el saln, se par en seco en el umbral de la puerta y tom aire. McCabe estaba sentado en su silln favorito junto a la chimenea, con uno 
de sus grandes pies apoyado en un cojn sobre la mesita. Llevaba un traje de safari que a cualquier hombre de Redvale le habra quedado ridculo, pero a l, con 
aquel bronceado y el rubio y fosco cabello revuelto, al que verdaderamente le haca falta un corte de pelo, le favoreca.
A Wynn le pareci que no hubiese pasado el tiempo. Tena exactamente el aspecto con el que lo recordaba: alto, fuerte, y la misma mirada tenaz en esos ojos entre 
azules y grises, que recorrieron su esbelta figura de arriba abajo, hacindola sonrojarse.
- Qu ests haciendo aqu? -le pregunt sin andarse por las ramas.
McCabe enarc las cejas al tiempo que se llevaba el cigarrillo que estaba fumando a los labios.
-Te has convertido en toda una mujer. Cuntos aos tienes ahora?
- An me falta un ao para cumplir los veinticinco, pero Andy y yo nos casaremos pronto y entonces al fin podr recibir mi herencia y perderte de vista - le respondi 
ella con una sonrisa triunfal.
- Andrew Sloane... -farfull l despectivamente-. Cmo diablos has acabado con l? Te est haciendo chantaje o algo as?
Wynn lo mir boquiabierta.
- Estoy enamorada de l!
- Ya, y los elefantes vuelan -resopl l burln. Apag el cigarrillo en el cenicero que haba sobre la mesita y la mir a los ojos - . Te morirs de asco s te casas 
con un hombre tan prejuicioso como l.
-Qu sabrs t de Andy? -le espet ella desafiante.
- Lo suficiente como para impedir que cometas el mayor error de tu vida. Por amor de Dios, fui con l al colegio, y luego al instituto. Y tiene un ao ms que yo!
- Me gustan los hombres mayores -replic ella-. Y slo tiene treinta y seis aos; oyndote hablar parece que estuviera para mandarlo al asilo y...
Wynn se call a mitad de frase. Por qu diablos tena que justificar ante McCabe sus sentimientos hacia Andy?
-Adems, quin te has credo que eres?, la Inquisicin? No tienes derecho a irrumpir en mi vida y empezar a sermonearme, y... y qu narices se supone que ests 
haciendo aqu?
- No te pongas histrica -le dijo l en un tono irritante - . He venido para ayudarte a poner en orden tus ideas, eso es todo. Y slo me quedar hasta que me haya 
recuperado.
- No necesito tu ayuda, y por qu has tenido que venir precisamente a mi casa?
-Porque mi madre ha abandonado el pas con todos los sirvientes cuando se enter de que regresaba -respondi l - . Adems, hace meses que expir el contrato del 
alquiler que tena. No querrs que vuelva a Centroamrica para recuperarme?
Wynn apart la mirada.
-No seas ridculo.
-Este era el nico lugar al que poda venir.
- Deberas haberte ido a casa de Edward. pero, claro, como le da pena hacerte dormir en el sof...
- De todos modos su sof es demasiado pequeo para m -apunt McCabe - , y su cuado viene a visitarlo la semana que viene.
Wynn se puso frente a l con los brazos cruzados.
- Qu extrao que no mencionara eso cuando me dijo que estabas aqu... -murmur suspicaz.
- Maana tenis que sacar la edicin de la semana -le record l - , no me extraa que lo olvidara. De hecho, probablemente ahora est echando pestes sobre ti por 
no estar all arrimando el hombro. Cmo te ha dejado venir?
- An no me haba tomado la hora del almuerzo.
- Hablando de almorzar... me muero de hambre. Qu tal un sandwich?
- Oye, oye, oye... Espera un momento. McCabe... -le dijo ella, poniendo los brazos enjarras - . No he dicho que puedas quedarte, y mucho menos que...
-No he desayunado esta maana -la interrumpi l, ponindose una mano en el estmago-, Y anoche apenas cen... La prensa no me dejaba tranquilo en el aeropuerto 
-aadi.
A Wynn, que en el fondo era un pedazo de pan, le dio lstima.
- Bueno, creo que tengo algo de fiambre en el frigorfico, y una de esas ensaladas preparadas.
-Eso sera estupendo -se apresur a responder l.
En ese momento se movi en el asiento, contrajo el rostro, como dolorido, y a Wynn le pareci que se haba puesto un poco plido. La joven baj la mirada hacia la 
pierna que tena apoyada sobre el cojn. En el peridico deca que tena un ligamento roto, pero bajo la tela color caqui del pantaln se marcaba la forma de un 
grueso vendaje.
-Eso no es una rotura de ligamento... -murmur vacilante.
McCabe ech la cabeza hacia atrs.
-No, no me he roto ningn ligamento, pero ya deberas saber cmo es esto de la prensa. No puedes creerte ni la mitad de lo que lees.
Wynn palideci ligeramente.
- Te dispararon...
l asinti con la cabeza.
-Bingo.
Wynn sinti que los latidos del corazn se le aceleraban, y que le flaqueaban las piernas. Por qu tena que reaccionar as? Era absurdo. Inspir profundamente 
para calmarse.
- Estabas con aquellos periodistas a los que mataron, no es verdad? -le pregunt, casi con total certeza.
La mirada de McCabe se ensombreci.
- Acababa de dejarles -murmur bajando la vista a la pierna-. bamos a seguir a un informador a una reunin con un alto funcionario del Estado, algo muy secreto, 
pero nos sali el tiro por la culata. Yo logr escapar de puro milagro, y pas la noche escondido en un gallinero. Casi me desangr antes de poder volver a la ciudad.
Wynn sinti un agudo dolor en el pecho. Poda haber muerto. De pronto se senta mareada.
- Slo pude andar unos kilmetros -continu McCabe - , porque haba perdido mucha sangre, pero me recogieron cerca de la embajada y me llevaron a un hospital de 
Nueva York donde se ocup de m un cirujano ortopdico muy bueno. Me ha dicho que me quedar una leve cojera, pero al menos no he perdido la pierna.
Wynn se dio cuenta de que se haba quedado mirndolo fijamente, y, sonrojndose un poco, carraspe y le dijo con voz queda:
-Bueno, ir a preparar esos sandwiches.
- Estoy bien, Wynn -le dijo McCabe, observndola con curiosidad-. Crea que no te importaba lo que pudiera pasarme -aadi con toda la intencin.
Wynn rehuy su mirada.
-El que nos llevemos mal, no quiere decir que quiera que te maten.
Se fue a la cocina e hizo los sandwiches como una autmata, preguntndose por qu estaba reaccionando como estaba reaccionando. Saba lo que era el trabajo de un 
corresponsal de guerra, y l lo haca porque quera, no tendra que preocuparse por l... pero lo cierto es que s se preocupaba.
Puso los sandwiches, la ensalada y un par de tazas de caf en una bandeja y volvi con ella al saln. McCabe segua donde lo haba dejado, pero pareca que estaba 
ms plido.
- Te duele, verdad? -le dijo - . No te han dado algn tipo de analgsico?
- No quise que me dieran nada. Ya sabes cmo soy, odio los medicamentos.
- Pues creo que por esta vez podras hacer una excepcin -le dijo ella, sentndose en el sof que haba al otro lado de la chimenea, y tendindole un plato con un 
sandwich, un tenedor y un poco de ensalada-. Cunto tiempo tienes que hacer reposo?
- Un mes ms o menos -contest l con un mohn. Era evidente que no le haca ninguna gracia la idea de tener que estar inactivo - . El tiempo que tardar el hueso 
en soldarse del todo.
Wynn baj la mirada a su pierna.
-Llevas una escayola?
-No, el hueso no lleg a romperse del todo. Es slo una fisura, pero me duele todo el tiempo, y no puedo caminar bien -la mir muy serio - . De verdad necesito un 
lugar para quedarme. No puedo arreglrmelas solo en estas condiciones. Seguro que incluso la gente de una pequea ciudad como sta lo comprender. Y si no lo entienden 
no me importan los chismorreos... aunque supongo que a ti s.
- Ms bien s -asinti ella-, pero aun en el caso de que a m tampoco me importara que la gente hablase, a quien s le importar es a Andy.
-Djamelo a m -se ofreci McCabe-. Tendr una charla con l... de hombre a hombre, ya sabes.
Wynn lo mir insegura, pero no dijo nada.
-Y no te morirs de aburrimiento aqu en Red-vale un mes entero? -le pregunt Wynn tras terminar uno de sus sandwiches y tomar un sorbo de caf.
- Si no tuviera nada que hacer s -contest l - , pero me he buscado un trabajo aqu mismo.
Wynn lo mir espantada. No se referira a...?
- Qu trabajo?
-No te lo ha dicho Ed? -respondi l con una sonrisa-. Voy a estar al frente del peridico mientras l se toma un mes de vacaciones.
La joven se sinti como si le hubieran pegado una patada en la espinilla, y se qued mirndolo boquiabierta y con el ceo fruncido.
-Que vas a ser el editor? -repiti - . Del peridico de Ed? De "m" peridico? Vas a ser mi jefe?
- Exacto -contest l, sonriendo de nuevo divertido.
-Ah, no... no, no, no... ni hablar, renuncio, dimito, no pienso trabajar bajo tus rdenes.
- Oh, vamos, Wynn...
-"Vamos, Wynn"? -le espet ella con fastidio soltando su taza de caf ruidosamente sobre la mesita_. No podra vivir contigo y ser tu subordinada durante un mes 
entero sin perder el juicio!
McCabe encendi otro cigarrillo y esboz una sonrisa burlona.
- Qu pasa?, tienes miedo de caer rendida ante mis encantos? -inquin fanfarrn.
La joven se puso roja como la grana, pero antes de que pudiera pensar en una respuesta lo bastante insultante, son el telfono. Apretando los dientes, se volvi 
y descolg el auricular.
- Diga -contest malhumorada.
Al otro lado de la lnea hubo un breve silencio, y una tosecilla.
- Um... Wynona?
- Andy! -exclam, lanzando una mirada furiosa a McCabe, y retorciendo el cable del telfono entre sus dedos - . Hola, no esperaba que me llamaras a esta hora.
-He llamado a tu oficina, y Ed me dijo que te habas ido a casa a comer... -respondi su prometido con una nota suspicaz en la voz-, y que tenas una visita... un 
"invitado" -puntualiz - , Wynona, te has vuelto loca? Puede que McCabe fuera amigo de tu padre, y su albacea, pero es mayor que t, y est soltero, y t ests 
prometida conmigo. No puedes permitir que se quede ah!
El tono de Andy haba ido subiendo y subiendo hasta que al final prcticamente estaba gritando.
- Escucha, Andy -le dijo ella tratando de calmarlo, y haciendo un esfuerzo por ignorar la sonrisa engreda de McCabe - , est herido, y ni siquiera puede caminar.
-Ya. y qu se supone que tienes que hacer t? Prepararle la comida y ayudarle a ir de la cama al silln y del silln a la cama?
Wynn se ech a rer. No pudo evitarlo. Primero apareca McCabe de la nada con una herida de bala, y ahora Andy estaba histrico...
-Wynona? -murmur su prometido.
-No podras prestarme t una carretilla para llevarlo? - le pregunt con lgrimas saltndosele de los ojos por la risa.
- Un "qu"? -repiti Andy. que nunca pillaba las bromas-. Escucha, est bien, quiz est exagerando un poco, pero conozco a McCabe. Es normal que me haya sentido 
inquieto, no crees?
-Estoy comprometida contigo -le dijo ella, ponindose seria, y sintindose molesta de que McCabe estuviera oyendo su conversacin - . No tienes motivos para dudar 
de m.
- Lo s, lo s... -respondi Andy en un tono ms suave - . Es que la sola idea me ha puesto muy celoso, eso es todo.
- McCabe es slo un amigo de la familia -le dijo lanzando una mirada asesina al susodicho, que estaba observndola con esa sonrisita pegada en los labios - . Y adems, 
es muy mayor.
-Tiene un ao menos que yo -murmur Andy. Wynn se mordi el labio inferior y cerr los ojos un instante.
- No quera decir eso! -se apresur a asegurarle, retorciendo an ms el cable del telfono-. No me hagas caso. Es que hoy es martes, y maana sale la edicin de 
esta semana, y no tengo la cabeza donde debera tenerla.
- Es slo un martes como otro cualquiera -le dijo su prometido, tan pragmtico como siempre - . No entiendo por qu os ponis todos tan histricos en tu oficina.
- Supongo que tendras que ser periodista para entenderlo -dijo ella sin ofenderse - . Escucha, Andy...
- Invtalo a cenar -le dijo McCabe de pronto en un susurro.
Wynn lo mir de hito en hito. Le lanz una mirada de "pero, qu dices?", y le espet:
- Es martes!
-Ya te he odo la primera vez -dijo Andy irritado al otro lado de la lnea - . Tampoco es para tanto. Yo tambin tengo das de ms trabajo que otros.
- Yo cocinar -le dijo McCabe al mismo tiempo.
- No seas ridculo! Si ni siquiera puedes mantenerte en pie! -le espet Wynn.
- Ests sugiriendo que estoy borracho? -inquiri Andy anonadado.
- No, t no...! McCabe, estaba hablando con McCabe! -contest Wynn.
-McCabe est borracho y ests ah sola con l? -casi rugi su prometido.
Wynn se apart el auricular del odo, lo mir con el ceo fruncido y puso los ojos en blanco, resoplando.
-Vamos, invtalo -le sise McCabe-, cuando lleguis tendr algo preparado. Puedo cocinar sentado.
Wynn lo mir recelosa. McCabe siempre se mostraba arrogante y autoritario, no agradable y servicial... No habra gato encerrado?
- Ests seguro que quieres hacerlo? -le pregunt tapando el auricular.
- No -respondi McCabe -, tengo ganas de volver a verlo. Venga, invtalo. Sobre las ocho.
Ella tena la impresin de estar metiendo la cabeza en las fauces de un len, pero haca aos que no vea a McCabe. Quiz el tiempo y las experiencias por las que 
haba pasado lo haban hecho cambiar.
- Andy, querras venir a cenar... sobre las ocho?- le pregunt a su prometido.
-A cenar? -repiti l ms animado-, T y yo solos?
- Mmm... no, McCabe tambin estar. Dice que quiere hacer l la comida, y que tiene ganas de volver a verte.
Andy se qued callado un instante, considerndolo. -Est bien, de acuerdo -contest - . Esto es absurdo, pero de acuerdo.
Se despidieron, y Wynn colg el telfono. -Bueno, te has salido con la tuya. Vendr a cenar - le dijo a McCabe levantndose - . Tengo que volver a la oficina. Y 
cuando regrese, despus de la cena, hablaremos de tu estancia, porque pienso poner mis condiciones.
- Me parece razonable -respondi l complaciente.
Y eso s que la dej preocupada. McCabe jams se mostraba complaciente. Regres al trabajo dndole vueltas, y al entrar en la oficina fue derecha al despacho de 
Ed.
-No me dijiste que te ibas de vacaciones un mes -le dijo con una sonrisa peligrosa-, ni que tu cuado iba a pasar una semana contigo, ni que...
-Comprndelo, Wynn, McCabe es como un hijo para m -se excus con un papel en una mano y unas tijeras en la otra-. Y adems, est bastante maltrecho.
Wynn dej escapar un suspiro.
- Lo s, me ha contado lo que le ocurri.
- Slo espero que se d a s mismo el tiempo suficiente para recuperarse del todo antes de volver.
Ella palideci.
-Ests diciendo que tiene intencin de regresar all? Para qu?, para que lo maten? Su jefe se encogi de hombros.
- Ya conoces a McCabe. Le encanta todo ese mundo: el peligro, las emociones... Y en parte es lgico, lleva muchos aos dedicado a ello.
- Precisamente por eso -replic Wynn - . No crees que podra dejarlo y dedicarse slo a escribir sus libros?
- Dselo a l, no a m -respondi l - . Supongo que lo que le falta es un ancla en su vida, Wynn. No tiene un lugar que considere su hogar, un sitio donde se sienta 
querido y necesitado. Por eso se vuelca en el trabajo.
- Su madre lo quiere.
-Por supuesto que lo quiere... a su manera, claro, pero se ha pasado la vida evitando a su padre, y ahora lo est evitando a l. No, su madre es una mujer muy independiente, 
no lo necesita. Y, a parte de ella, no tiene a nadie ms.
Wynn lo mir con los labios fruncidos.
- Bueno... a su edad debe haber al menos alguna mujer que...
-No.
-Cmo sabes tanto de l?
-Ya te lo he dicho, prcticamente ha sido un hijo para m. De pequeo viva cerca de mi casa, y pasaba all casi tanto tiempo como en la suya. Desde el primer da 
que visit estas oficinas se sinti fascinado por el periodismo, luego estudi la carrera... y aunque se march de Redvale nos hemos mantenido en contacto todo este 
tiempo -le explic mirndola por encima de sus gafas y sonriendo-. Yo tambin quera haber sido corresponsal de guerra, sabes?, pero tena una familia, y no me 
pareca que fuera justo hacrselo pasar mal por mis ambiciones personales. McCabe siempre ha rehuido las relaciones permanentes... por esa misma razn, imagino. 
Debe ser muy duro para una mujer tener a su marido constantemente en la lnea de fuego.
Wynn tambin haba pensado eso alguna vez, pero no estaba dispuesta a admitirlo, como tampoco le contara jams a Ed que hasta que haba dejado de ver los noticiarios, 
se pasaba toda la seccin de noticias internacionales mordindose las uas.
- Wynn, ests escuchndome? -le pregunt su jefe, sacndola de sus pensamientos - . Digo que todava tenemos que rellenar un hueco en la portada. Ve a llamar al 
jefe de bomberos para preguntarle si no ha habido ningn incendio esta noche. Vamos!
Afortunadamente el frentico ritmo del resto de la tarde mantuvo su mente ocupada: telfonos sonando, gente entrando y saliendo, cambios de ltima hora en los artculos... 
pero, como siempre, milagrosamente, a las siete de la tarde todo estaba listo, y Kelly se fue corriendo a llevar el peridico a la imprenta. El accidente que haba 
cubierto ocupaba un cuarto de la portada. Por fortuna, aunque en esos casos jams se poda hablar de "fortuna", las vctimas eran personas de fuera de la ciudad. 
Wynn se sinti aliviada. Le resultaba muy duro tener que hacer esquelas de las personas a las que conoca de toda la vida.
Exhausta, fue al servicio a refrescarse un poco, se despidi de Ed y los dems, y se fue a casa.



Captulo 3


ERES t, Wynn? -la llam McCabe desde la cocina cuando entr en casa. La joven se haba olvidado por un instante de que estaba all, y su profunda voz la haba sobresaltado. 
Dej sobre la mesita del vestbulo el bolso, y se quit los zapatos antes de dirigirse a la cocina, para encontrarse a su "husped" encaramado en un taburete, preparando 
una ensalada.
- Un largo da, eh? -le dijo observando sus pies descalzos.
-Largo? Estoy reventada -farfull ella-. Te hace falta que te ayude en algo?
-Bueno, podras hacer el alio.
-Cul es el plato principal? -inquiri sirvindose un vaso de agua fra.
-Medallones de ternera en salsa verde. Espero que te guste.
Wynn lo mir admirada.
- Vaya, no me habas dicho que supieras preparar platos de alta cocina -dijo con una sonrisla.
- Nunca me has preguntado -respondi l, girndose en el taburete para mirarla.
Tena la camisa medio desabrochada, y Wynn no pudo evitar que se le fueran los ojos. De pronto el corazn se le haba desbocado, y le cost horrores despegar la 
mirada de su trax bronceado. Por qu? Por qu diablos tena que estar pasndole aquello? Haba visto a Andy mil veces sin camisa en la piscina, y nunca le haba 
provocado esa reaccin.
-Pareces acalorada -le dijo McCabe, desabrochndose otro botn, como si supiera lo que estaba pensando.
Wynn se aclar la garganta.
- Voy a... voy a cambiarme y ahora te har el alio - balbuci, saliendo de la cocina y subiendo a toda prisa las escaleras, hasta llegar a su dormitorio.
Cerr la puerta tras de s y se desplom contra ella. Qu diablos le estaba pasando?
Diez minutos ms tarde estaba de vuelta en la cocina, y McCabe se qued con la esptula de madera en el aire sobre el guiso cuando la vio aparecer.
Llevaba puesto un vestido verde esmeralda de tirantes de espagueti atados detrs del cuello, que dejaba la espalda al descubierto, y resaltaba la forma de sus senos, 
su estrecha cintura, y las suaves pero femeninas caderas. Con el oscuro cabello se haba hecho un recogido del que escapaban pequeos rizos que caan sobre su frente 
y su largo cuello.
-Sueles ponerte esa clase de vestidos a menudo? - inquiri McCabe frunciendo el ceo.
- Y qu si lo hago? -replic ella-, Ya has terminado de cortar los ingredientes de la ensalada y el tomate? Djame el bol y la aliar.
-No con ese vestido -le dijo l.
Se puso de pie, apoyndose en el bastn, y se puso detrs de ella antes de que pudiera darse cuenta. Una de sus grandes manos la tom con firmeza por la cintura, 
y la apart de la encimera.
- Sera un crimen estropearlo -aadi.
Wynn sinti cmo un extrao cosquilleo recorra todo su cuerpo, como si llevara esperando toda la vida que llegara ese momento. Se estremeci, y rog por que l 
no lo hubiera advertido.
- No... no deberas estar de pie -le record. -Parece que te faltara el aire -murmur l.
La joven sinti el clido aliento de McCabe en su cabello, y not cmo sus dedos descendan hasta su cintura y volvan a subir, como si estuvieran deleitndose en 
la silueta de su cuerpo. Sinti deseos de recostarse contra l, de que sus manos fueran ms arriba... Pero entonces recobr la cordura y se apart de l dando un 
respingo.
-Ir... ir por un delantal -balbuci-. Andy llegar en cualquier momento. Siempre es muy puntual.
McCabe no dijo nada. Se qued all de pie, apoyado en la encimera, observndola todo el tiempo con esa penetrante mirada que siempre lograba ponerla nerviosa.
Wynn trat de calmarse mientras se ataba el delantal y buscaba en la alacena lo que necesitaba para
el alio.
-Di algo, quieres? -murmur rindose. Nunca me haba sentido tan incmoda.
-Qu quieres que diga? -le pregunt l suavemente.
Ella se volvi, tratando de encontrar las palabras que pudieran disipar la tensin que haba en el ambiente, pero sus ojos se encontraron, y sinti que la inundaba 
un ansia que nunca haba experimentado. Y entonces, en ese momento, son el timbre de la puerta y se rompi la magia. Wynn se gir sobre los talones como una zombi 
y fue a abrir.
Andy tena el cabello despeinado, como si hubiera estado pasndose la mano por l una y otra vez, irritado, y haba preocupacin en sus ojos castaos que parecan 
mirarla sin verla en absoluto.
- Hola -farfull-. Ya est la cena?
Wynn, que haba esperado un saludo un poco ms carioso, suspir, y lo dej pasar.
- Pasa a la cocina a saludar a McCabe -le dijo. Andy emiti un gruido.
-De verdad sabe cocinar?
- Por supuesto que s cocinar -dijo McCabe, asomndose a la puerta del comedor, apoyado en su bastn.
Se haba abrochado la camisa, y daba la imagen del perfecto anfitrin... o ms bien de un len con piel de cordero, pens Wynn reprimiendo una sonrisa maliciosa.
Minutos despus estaban sentados a la mesa.
-Qu es esto? -inquiri Andy, mirando la carne con desconfianza, como si le fueran a salir tentculos.
- Medallones de ternera en salsa verde -le contest McCabe - . En realidad es uno de los platos ms modestos de mi recetario -aadi con fingida modestia, y casi 
sonrojndose.
Wynn sinti deseos de darle un capn, pero Andy, ingenuo como era a pesar de que se tena por muy listo, se trag el anzuelo. La joven poda leer lo que estaba pensando 
como si fuera un libro abierto: "el gran corresponsal de guerra, escritor de novelas de aventuras, musculitos... que encima hace medallones de ternera en salsa verde".
La carne estaba exquisita, pero el ambiente no era el ms propicio para disfrutar de la comida.
-Esta maana hubo un accidente terrible -coment, simplemente por romper el incmodo silencio-. Las personas que han muerto no eran de la ciudad, pero...
- Por amor de Dios, Wynona!, no mientras estamos comiendo! -la cort Andy con cara de asco. McCabe enarc las cejas.
-No me digas que sigues siendo tan aprensivo como cuando estbamos en el colegio? -le pregunt-. Recuerdo que no te gustaba demasiado la clase de biologa... sobre 
todo los das que tocaba justo despus de la hora del almuerzo... -se inclin hacia delante con la copa de vino en la mano, y frunci los labios - . El olor del 
formol era repugnante, verdad? Y tener que diseccionar a aquellas ranas...
Andy se haba puesto verde, y haba soltado el tenedor. Agarr el vaso de agua y bebi y bebi hasta que no qued en l una gota.
- McCabe! Ya basta -lo reprendi la joven. -A m s me gustaba esa clase. Me encantan las Ciencias Naturales -continu McCabe mirando a Andy, como si no la hubiera 
odo - . Sabes lo que tuve que comer en Sudamrica cuando estaba cubriendo all un conflicto armado hace unos aos? Me
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haba adentrado en la selva del Amazonas con varios soldados, y acampamos con una tribu primitiva. Nos invitaron a compartir su comida, y claro, habramos parecido 
descorteses si nos hubiramos negado. Tuvimos que comer carne de serpiente, lagartijas a la brasa ensartadas en palos, y una especie de escarabajos as de grandes, 
tostados, que saban a...
- Disculpad -farfull Andy, antes de levantarse a toda prisa de la mesa tapndose la boca con una mano y corriendo hacia el cuarto de bao.
- McCabe! -lo reprendi Wynn de nuevo, mirndolo de hito en hito-. Por qu has hecho eso?
El no contest, sino que se inclin hacia delante y la tom por la barbilla, haciendo que girara el rostro hacia l.
- Se te ha quedado pegado un trocito de comida... -murmur ponindole la mano en la mejilla -, justo aqu.
Le pas el pulgar por el labio inferior, y Wynn pens que apartara la mano, pero, en lugar de eso, sigui pasndole el pulgar arriba y abajo por los labios. Era 
lo ms sensual que la joven haba experimentado en su vida, ms sensual que el ms ardiente de los besos de Andy. Sin poder evitarlo, entreabri los labios, y se 
perdi en su profunda mirada. Senta que le pesaban los prpados y que la respiracin se le tornaba entrecortada con la magia de esa caricia.
-Te gusta? -inquiri l con voz ronca y la vista fija en sus labios.
Wynn le asi la mano y trat de apartarla, pero McCabe se llev la suya a la boca y le bes la palma con ternura mientras la miraba a los ojos.
"Dios mo, esto no puede estar pasando...", se dijo Wynn horrorizada. Sin embargo, estaba pasando, y de pronto se encontr observando los labios de McCabe con un 
deseo que la abrasaba por dentro.
- Adelante -la inst l en un susurro tentador-,vamos Wynn.
Ella estaba de hecho inclinndose hacia delante, hipnotizada, para acortar los escasos centmetros que los separaban, cuando se oy que se abra la puerta del cuarto 
de bao, y dio un respingo, volviendo a sentarse bien.
Andy apareci al cabo de unos segundos, plido y con expresin furibunda. Retom su asiento, y se sirvi otro vaso de agua.
- Te sientes mejor? -le pregunt McCabe cordialmente.
Andy le lanz una mirada asesina. -No gracias a ti.
- Tienes que entenderlo, Andy, los reporteros tendemos a llevarnos el trabajo a casa -le dijo McCabe-. Es bastante difcil no hacerlo, no involucrarse. Y creo que 
deberas ir acostumbrndote, porque habr momentos en los que Wynn necesite contarte cosas que haya tenido que presenciar, para quitrselas de la cabeza, para poder 
seguir cuerda.
Andy lo mir sin comprender.
- Wynn y yo nos entendemos muy bien sin tu ayuda, McCabe, gracias -le espet con aspereza-. Ella sabe que yo estoy dispuesto a escucharla siempre que lo necesite.
- Por supuesto -intervino la joven haciendo frente comn con su prometido, pero teniendo que ocultar bajo la mesa sus manos an temblorosas.
Andy se gir hacia ella al orla hablar, y sus ojos descendieron como atrados por un imn hacia los labios de la joven, ligeramente hinchados y con el carmn corrido, 
como si la hubieran besado apasionadamente. Andy enrojeci de pura furia y resopl.
Wynn, al darse cuenta de lo que ocurra, se llev una mano a la boca.
- Andy no es lo que ests pensado -se apresur a decirle.
- Oh, seguro que no -mascull su prometido, levantndose bruscamente y casi dejando caer la silla-, Por amor de Dios, slo lleva aqu un da!
-Es que soy muy rpido trabajando -intervino McCabe con una sonrisa malvola-, y Wynn es una verdadera preciosidad, as que, cmo podra haberme resistido? Sobre 
todo cuando responde con tanto... ardor.
Andy pareca estar hinchndose como un globo, y su rostro cada vez estaba ms rojo. Observ a Wynn con tal desprecio y tal odio, que si hubiera podido fulminarla 
con la mirada lo habra hecho. Se gir sobre los talones, y sali de la casa dando un portazo. Apenas un minuto despus el rugido del motor de su coche inundaba 
la noche.
- Eres un... un... Por qu diablos has hecho eso? - lo acus Wynn indignada-. Por qu le has dicho esa mentira?
-No era una mentira -le respondi l calmadamente, encendiendo un cigarrillo. Alz la vista y la mir a los ojos - . Habras dejado que te besase si l no hubiese 
salido del cuarto de bao.
Ella se removi incmoda en su asiento.
- Est bien -admiti - . Probablemente lo habra hecho. Hace mucho tiempo que nos conocemos, y tengo tanta curiosidad hacia ti en ese sentido como t pareces tenerla 
hacia m, pero estoy comprometida con Andy, y adems, qu significa un beso hoy en da, McCabe?
-Depende de quienes sean las personas implicadas -respondi l quedamente, escrutando su rostro encendido - . Si el beso fuera entre t y yo, sera mucho ms que 
un simple roce de labios.
Wynn se sonroj an ms y baj la vista a su copa de vino vaca.
-Ahora la pataleta le durar tres das... si es que vuelve a hablarme y no rompe nuestro compromiso.
- Sera lo mejor para ti.
-No quiero acabar siendo una vieja solterona - le respondi ella mirndolo airada-. Puede que esa clase de vida est bien para personas como mi ta Katy Maude, pero 
no para m. No me gusta estar sola, ni vivir sola!
-No vives sola -le record l - , ahora mismo estoy yo viviendo contigo.
-No en el sentido al que yo me refiero.
- Bueno, todava no -asinti l en un tono crptico.
Wynn frunci el entrecejo, pero se neg a intentar comprenderle.
-Voy a lavar los platos -le dijo ponindose de pie.
- Ests huyendo de m, Wynn? -le pregunt McCabe estudindola-. No voy a desvanecerme en el aire, y el problema tampoco.
-Me da igual, os ignorar a los dos -respondi ella empezando a apilar los platos para llevrselos a la cocina.
Sin embargo, cuando fue a alargar la mano hacia el plato de McCabe, l la agarr por la cintura y la hizo girarse, presionando sus labios contra la columna vertebral 
de la joven.
Wynn se puso rgida ante el inesperado contacto, y la otra mano de McCabe se desliz sobre su estmago, atrayndola ms hacia s, al tiempo que sus labios ascendan 
desde la zona lumbar hasta el espacio entre los omplatos.
La mano sobre su estmago comenz a dibujar crculos lentamente. Wynn la agarr con la suya, tratando de detener aquella caricia enloquecedora, pero sus dedos se 
entretuvieron sin que ella pudiera evitarlo en el disperso vello rizado que cubra el anverso de aquella enorme mano.
De pronto, sin previo aviso, McCabe la solt, y ella se apart de l como un gato al que le han arrojado un cubo de agua hirviendo, con los ojos abiertos como los 
de una lechuza.
- Eres muy inocente -murmur McCabe observando cmo le temblaban las manos mientras terminaba de apilar los platos, tratando de aparentar que no haba ocurrido nada-. 
Es que Andy no te ha besado nunca, ni te ha tocado?
Wynn levant la pila de platos esperando no dejarla caer.
-No tengo por qu hablarte de mi vida privada -le contest framente-. No es asunto tuyo.
-Wynn -la llam l cuando se diriga hacia la cocina.
Ella se detuvo y se volvi hacia l.
-Qu quieres?
-Te has imaginado por un momento cmo sera... -le pregunt quedamente- si te besara as por todas partes?
Los platos se tambalearon peligrosamente entre las manos de Wynn, que se puso rgida, lo mir furibunda, se dio la vuelta y entr en la cocina dando un puntapi 
a la puerta de batiente.
Se tom su tiempo para lavar los platos, sintiendo que el cosquilleo que la haba invadido cuando McCabe empezara a besarla se negaba a disiparse. Por qu le haca 
aquello? Por qu estaba jugando de ese modo con ella? Y por qu la haba tomado con Andy?
Cuando termin de fregar, sec los platos y los coloc en la alacena. Tena que lograr controlar aquella situacin antes de que se le fuera de las manos, tena que 
dejarle claro a McCabe que no tolerara ni uno sola ms de sus descaradas insinuaciones. Adems, qu se supona que quera de ella?, un romance antes de volver 
a Centroamrica? Una diversin para el tiempo que estuviera convaleciente? Porque desde luego lo que tena muy claro era que McCabe no era de la clase de hombres 
que se casaban. l mismo se lo haba dicho aos atrs, y ella no poda conformarse con un amante, por ardiente que fuese. Quera un matrimonio, un marido, hijos...
Dispuesta para la batalla, y repitindose que deba mostrarse firme, entr en el comedor, pero McCabe no estaba all. Asom la cabeza por la puerta del saln, y 
lo encontr en el silln, en brazos de Morfeo. Era curioso lo tranquilo que pareca cuando estaba dormido, con los rasgos de su rostro completamente relajados y 
los labios ligeramente entreabiertos. No poda negarse que era guapo, se dijo Wynn. Temblaba por dentro con slo mirarlo. Siempre le haba pasado, pero esa reaccin 
tambin la haba irritado siempre. Jams la haba tratado con amabilidad, ni haba sido comprensivo con sus ambiciones y deseos, as que, por qu tendra que sentirse 
atrada por l?
-Ests tratando de aprenderte mi rostro de memoria? - inquiri McCabe, entreabriendo los ojos.
- No estabas dormido! -lo acus Wynn azorada por que la hubiera pillado mirndolo.
-No, estaba descansando la vista. Si no me doliera tanto la pierna te dejara que te sentases en mi regazo -aadi con una sonrisa descarada.
Ella se dio la vuelta.
-McCabe, tenemos que hablar.
-Est bien -dijo l, ponindose serio-, sintate.
Wynn ocup el sof frente al silln, como aquella maana.
-Te gusta? -inquiri McCabe al cabo de un rato.
-El qu? -respondi ella parpadeando.
-El trabajo que haces en el peridico.
El rostro de Wynn se ilumin con una sonrisa.
- Oh, s, me encanta. No es como uno de esos aburridos trabajos de oficina. Es emocionante y variado, y creo que lo que hago, a veces es de utilidad para otras personas.
McCabe asinti con la cabeza.
-Y se aprende muchsimo -continu Wynn-: sobre la gente, sobre la vida, sobre otras profesiones... Y los comunicados de prensa que nos llegan son muy interesantes. 
No podemos publicarlos todos porque no tenemos espacio, pero a m me encanta leerlos. Lo mismo llegan noticias de deportes, que de medicina, y por supuesto sobre 
poltica, descubrimientos cientficos... es casi como trabajar en una biblioteca.
- Y tambin aprendes mucho sobre cmo funcionan los gobiernos y los rganos del Estado -aadi l.
-Cierto. Dios, creo que la poltica sera la ltima profesin del mundo a la que me dedicara -le dijo - . Tanta controversia... incluso en las decisiones ms insignificantes... 
Si dices la verdad puedes causarle un montn de problemas a mucha gente, pero si no la dices tambin se meten contigo.
- Son los gajes del oficio -dijo l sonriendo-. Todos los trabajos los tienen.
- S. supongo que s -respondi ella, dejando escapar un suspiro-. En fin, supongo que tambin en todos los trabajos, por mucho que te esfuerces, alguna vez metes 
la pata. Y nadie se acuerda de las cosas buenas, slo de los errores.
McCabe la mir muy serio.
-Todava no te has sacado de la cabeza ese accidente de esta maana no es verdad? -adivin-. Por qu?
Ella se encogi de hombros.
-En uno de los vehculos viajaba un nio... de dos aos. Muri.
-Quin ms?
-El padre tambin -respondi Wynn-, y la madre est en coma. Dios, imagnate qu espanto si llega a despertarse y tienen que decirle que ha perdido a su esposo y 
a su hijo... Yo no querra seguir viviendo. No, no creo que quisiera seguir viviendo -repiti, rindose con tristeza-, Y sabes cmo ocurri? El conductor del segundo 
vehculo tena prisa por llegar a Atlanta, porque tena una reunin de negocios -los ojos se le llenaron de lgrimas-. No quera llegar tarde, as que en una curva 
pis el acelerador para adelantar, y se choc de frente con el otro vehculo, matando a ese hombre y a ese chiquillo.
McCabe dej escapar un pesado suspiro.
-Wynn, no puedes juzgar esas cosas. Y no puedes permitirte implicarte tanto en esas cosas. Si lo haces, acabars hundindote en una depresin.
-Quieres decir que tengo que endurecerme?, que tengo que lograr que no me afecte cuando veo que alguien est sufriendo?
El mene la cabeza.
-Lo que quiero decir es que tienes que aprender a hacer tu trabajo de reportera sin involucrarte en las noticias que cubres. La muerte es parte de la vida, Wynn. 
Por desgracia yo he tenido que presenciar muchas muertes en los ltimos aos, vidas destrozadas de maneras que no puedes ni imaginar. Pero no puedes llorar por cada 
uno de los que mueren, porque nunca dejaras de llorar. Tienes que aprender a cambiar la perspectiva con que ves las cosas ahora.
-Cmo?
- Viviendo el da a da sin acordarte en lo que pas hace dos horas, o dos das, o dos meses... - respondi McCabe - . Tienes que comprender que t no puedes evitar 
que la gente siga muriendo, y que no puedes ir por la vida en un estado permanente de duelo. Tienes que informar de las cosas que ves, porque sa es tu misin, y 
si no eres capaz de soportarlo... haras mejor en dejarlo.
Los ojos verdes de Wynn escrutaron el rostro de McCabe.
-Y t? Lo sobrellevas bien, aun despus de todo lo que has visto?
McCabe esboz una leve sonrisa.
- Ms o menos.
Ella se qued callada observndolo. -Por qu, McCabe? -inquiri suavemente al cabo de un raro.
- Por qu sigo trabajando como corresponsal? -respondi l. Se encogi de hombros - . Alguien tiene que hacerlo. Adems, odiara ver a un hombre de familia ocupar 
mi lugar. A m nadie me echara en falta si muriera.
- No digas eso -murmur ella, apartando la mirada-. Qu clase de vida es sa? Te has convencido a ti mismo de que tienes que ser una isla, que ests mejor sin amor 
y sin cario, sin ningn tipo de vnculos con los dems.
-Vamos, Wynn, s cuidar muy bien de m mismo - repuso l sintindose mal por verla triste-. Y adems, no soy un suicida.
Ella levant la vista hacia l.
- S, ya se ve que sabes cuidar muy bien de ti mismo... Mira en qu estado has vuelto!
McCabe se ri suavemente. -Bueno, he tenido un pequeo resbaln. Todo el mundo los tiene de vez en cuando.
- Slo que a ti casi te cuesta la vida.
El volvi a suspirar, y se recost en el silln.
- Es cierto lo que dijo Andy? De verdad te escucha cuando lo necesitas?
Wynn se sonroj y rehuy su intensa mirada.
-Nunca he intentado hablar con l de esas cosas.
- Ya veo -murmur l, como si hubiera imaginado cul iba a ser su respuesta-. Con quin hablas entonces de ellas? Ed es un buen hombre, pero siempre anda demasiado 
ocupado, y no creo que tu ta Katy Maude sea tampoco la persona idnea. Se ahoga en un vaso de agua.
Wynn lo mir incmoda.
-No me hace tanta falta hablar de ello -farfull-. Lo llevo bien.
McCabe entorn los ojos y frunci los labios.
- Ni t misma te crees eso, Wynn, y la verdad, me preocupa que un da toda esa tensin que vas acumulando llegue al lmite.
- Me subestimas. Soy una persona fuerte, como lo era mi padre.
McCabe sonri.
-Tu padre me salv el pellejo un par de veces - record-. S, y me sac de unas cuantas situaciones peliagudas. Lo nico que siento es no haber podido hacer yo lo 
mismo por l... aquella vez.
Wynn baj la vista.
-l te tena mucho aprecio -murmur.
- Era mutuo. Por eso, aunque no entenda por qu quera confiarme algo tan importante, acept cuando me pidi que fuera tu albacea, que velara por tus intereses. 
Aunque creo que empiezo a comprender por qu lo hizo.
- Si eso es una indirecta sobre Andy, puedo asegurarte que te ests equivocando de parte a parte -le dijo la joven-. Tiene un trabajo con el que gana mucho. No creo 
que le interese por mi dinero.
-Cierto, no le interesas por tu dinero, pero tan-poco parece que le intereses demasiado como mujer... o al menos no se le ve demasiado apasionado. Durante la cena 
no haca ms que mirarlo, y cada vez comprenda menos qu has visto en l. Qu hacis exactamente cuando sals por ah?
Wynn lo mir boquiabierta.
-Andy y yo nos llevamos muy bien -le dijo-. Vamos al cine, nos gustan el mismo tipo de libros, y el ajedrez...
-Con esa descripcin parece que estuvieras hablando de un hermano, no del hombre con el que vas a casarte -la interrumpi-, Despierta deseo en ti?
-Eso no es asunto...
-Porque a m s que me deseas -continu l sin escucharla, vindola sonrojarse - . Y yo te deseo a ti.
El corazn de Wynn empez a latir como un loco, y se esforz por mantener la calma, las manos apretadas a los lados con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron 
blancos.
-McCabe, escucha... Si crees que...
Pero l lade la cabeza y la mir con una sonrisa arrogante.
- Si algo te ha salvado, es que haya estado fuera todo este tiempo.
Ella, roja como una amapola, prefera pensar que no estaba queriendo decir lo que le estaba diciendo.
- Ha sido un da muy largo. Me voy a dormir. Puedes acostarte en el cuarto de invitados. Es...
-La primera puerta a mano izquierda al entrar por el pasillo -termin l. Se incorpor con dificultad, y una expresin de dolor cruz por su rostro-. Estuve curioseando 
un poco cuando me trajo Ed.
- No s por qu no me sorprende -farfull ella-. Y hablando de Ed, cundo empiezas a trabajar en el Courier, ya que l no me dice nada?
-Maana por la maana -dijo l sonriendo ante su expresin irritada-. Podras llevarme en tu coche... si no es molestia.
-Para m no, pero para ti s podra serlo. M coche es bastante pequeo.
-Oh, no te preocupes, seguro que cabr, aunque tenga que encorvarme un poco. Al fin y al cabo es un trayecto corto. Buenas noches, Wynn.
-Buenas noches.
McCabe la vio alejarse por el pasillo, y en sus labios se dibuj una sonrisa lobuna.



Captulo 4


AQUELLA noche, Wynn tard mucho en dormirse. No haca ms que recordar el tacto de los labios de McCabe sobre su espalda, hasta que la piel se le puso tan sensible, 
que no poda aguantarlo. Dio vueltas y vueltas en la cama, hasta que por fin el sueo la venci, y a la maana siguiente se levant cansada e irritable.
Se dio una ducha, se visti y baj las escaleras. McCabe estaba ya en la cocina, vestido con un traje gris oscuro y corbata, poniendo la cafetera. Cuando Wynn entr, 
se volvi hacia ella y se ri divertido al ver la expresin de sorpresa en su rostro.
- Bueno, por la jungla puedo ir en vaqueros, pero si voy a suplir a Edward durante un mes al frente del Courier, tengo que dar una imagen de autoridad.
- Ya veo -murmur ella-. Deja, ya har yo eso. T sintate.
-Estoy harto de estar sentado -suspir McCabe enfadado-. Ayer me pas todo el da sentado. Odio tener que estar quieto!
-Tranquilo, reemplazando a Ed desde luego no te aburrirs -le dijo Wynn con una sonrisa mientras pona un par de rebanadas en el tostador-. Quieres unos huevos 
revueltos?, o bacon?
McCabe mene la cabeza.
-No, gracias, a estas horas de la maana nunca tengo mucha hambre.
Cuando saltaron las tostadas, la joven las puso en dos platos, sac la margarina y sirvi el caf.
- Oh, por cierto, Andy ha llamado -le dijo McCabe mientras untaba su rebanada de pan.
Wynn alz la vista hacia l.
- Cundo?
- Sobre las siete.
Ella consult su reloj de pulsera.
-Hace una hora? Y por qu no me despertaste?
- Bueno, le pregunt a Andy si quera que te pasase el telfono -murmur l.
A Wynn le llev un instante darse cuenta de las implicaciones de aquello, e inmediatamente se puso roja como una amapola.
-No hablars en serio? -casi le grit, ponindose de pie-. McCabe!, no le habrs dicho "eso" de verdad?!
- Me temo que s -contest l muy tranquilo, tomando un sorbo de caf - . Es bastante suspicaz, no? -dijo chasqueando la lengua-. Al momento sac la conclusin 
precipitada de que estabas en la cama conmigo.
Wynn arroj la servilleta sobre la mesa.
- Ya est! No lo aguanto ms! Te marchas de aqu hoy mismo! No me importa si tienes que dormir debajo de un puente. Cmo te atreves a entrometerte en mi vida 
de esa manera? Me casar con quien me plazca!
McCabe se puso de pie con la ayuda de su bastn, y fue hacia ella.
-No con Andy -mascull.
-Voy a casarme con l y no podrs impedrmelo -repiti Wynn, dando un paso atrs - . Haz las maletas, McCabe Foxe.
- No pienso irme.
- Pues llamar a la polica -lo amenaz ella fuera de s, retrocediendo de nuevo, y acabando con la espalda contra la pared y con McCabe acorralndola.
- De veras? Y qu les dirs?
Ella abri la boca para contestar, pero no tena una respuesta, y resopl furiosa.
-Lo siento, Wynn -le dijo l, dejando escapar una risotada-, me temo que no puedes librarte de m. Trata de tomrtelo con humor. No creo que sea tan malo tener que 
aguantarme durante un mes.
- Malo? -gimi ella desesperada - . No es malo, es peor. Terminars arruinando mi vida.
McCabe mene la cabeza.
-No, voy a ayudarte a salvar lo que an tienes por delante de ella. Andy no es para ti, Wynn. Te har desgraciada.
-No es asunto tuyo. Es mi vida.
McCabe la mir a los ojos y apart un mechn de su rostro en un gesto extraamente tierno.
-No permitir que se quede contigo.
- Pero, es que no te das cuenta? Eso es algo que no puedes decidir por m, y no puedes decirme lo que tengo que hacer. Ya no tengo diecisis aos!
-Jams te he dicho lo que tenas que hacer - apunt l contrariado.
Sus dedos acariciaron la mejilla de Wynn y descendieron por la lnea de la mandbula sin dejar de mirarla a los ojos, y siguieron bajando hasta posarse bajo el cuello 
de la camiseta de algodn, siguiendo el trazo de las letras en relieve, justo sobre sus senos. Wynn tom aire y apart su mano.
- Un da no me detendrs -le susurr McCabe-. De hecho, t misma te levantars la camiseta para que pueda tocarte.
Wynn se agach y se escabull por debajo del brazo de McCabe, alejndose de l con las piernas temblndole, como si se hubiesen tomado en gelatina.
-No vivirs tanto -le espet.
McCabe se limit a sonrer.
Llegaron a la oficina a las ocho y media, y McCabe se fue directamente al despacho de Ed, y se sent tras el enorme escritorio.
- Pdeles a todos los empleados que vengan, quieres? -le dijo a Wynn.
-Kelly no est. Esta maana tena que ir a primera hora a hacer una entrevista al concejal de educacin.
-Bueno, entonces llama a los dems.
- A la orden, seor editor -farfull ella, yendo a avisarlos.
Cuando Judy, Jess y Wynn llegaron al despacho, McCabe estaba echndole un vistazo a la edicin de la semana anterior, pero en cuanto los vio entrar, dej el peridico 
a un lado y permiti que la joven hiciera las presentaciones.
-No creis nada de lo que Wynn os cuente de m - les dijo con una sonrisa-, Ed se enter de que durante un mes iba a estar de baja como corresponsal de la agencia 
de noticias para la que trabajo, as que decidi que era un momento estupendo para irse de vacaciones y endosarme a m la direccin del peridico. As que el plan 
es el siguiente: vosotros segus haciendo vuestro trabajo, yo intentar hacer el de Ed, y cuando vuelva le mentiremos dicindole que ha sido todo catastrfico, y 
que el peridico no es nada sin l. De acuerdo?
Judy y Jess se rieron, asintieron y volvieron a sus puestos, pero Wynn se haba quedado all de pie pensando en el tormento que sera tener a McCabe por jefe un 
mes entero.
-Bueno, no tienes nada que hacer? -inquiri l con una sonrisa maliciosa, devolvindola a la realidad-, O preferiras ir a cerrar la puerta y dejar que te haga 
el amor sobre la mesa? -le susurr levantndose e inclinndose hacia ella por encima del escritorio.
Wynn lo mir furibunda, pero no pudo evitar sonrojarse, y McCabe levant la cabeza con esa sonrisilla malvola an en sus labios.
- Es una manera muy interesante de hacerlo... encima de una mesa -le dijo.
Wynn sali dando un portazo y se fue a su sitio de un humor de perros.
Al final de la jornada, Wynn estaba hecha polvo, y deseando llegar a casa para darse un buen bao y relajarse... si es que relajarse era posible con McCabe bajo 
el mismo techo que ella.
Justo cuando estaba recogiendo sus cosas son el telfono.
- Courier de Redvale, dgame -contest con voz cansina.
-Wynona? -respondi la voz de Andy al otro lado de la lnea, su tono era aparentemente conciliador-. Me preguntaba... me preguntaba si te apetecera salir a cenar 
conmigo esta noche. Ayer me comport como un idiota y me gustara que lo hablramos.
El rostro de Wynn se ilumin.
- Me encantara -respondi - . Y te dijera lo que te dijera McCabe, te aseguro que he dormido en mi habitacin y l en la de invitados. Slo quiere hacerte rabiar. 
No me dijo que habas llamado hasta una hora despus -aadi.
-Est bien, como te he dicho, supongo que me dej llevar por los celos -contest Andy azorado-. Es que me saca de mis casillas.
"No eres el nico al que le ocurre", se dijo Wynn.
-A qu hora pasars a recogerme?
- Sobre las siete y media. Iremos a Columbus, y despus de cenar te llevar a una obra de teatro que acaban de estrenar.
- Me parece un pan maravilloso -respondi ella con una sonrisa-. Bueno, entonces ser mejor que te deje. Quiero asearme un poco y cambiarme antes de que llegues 
a por m. Hasta luego.
Colg el telfono, se puso el bolso en bandolera, y fue al despacho de Ed. ahora ocupado por McCabe.
- Si quieres que te lleve de vuelta en el coche, date prisa -le dijo-, porque he quedado con Andy.
Una expresin desaprobadora cruz por el rostro de McCabe, pero ella lo ignor por completo.
Cuando llegaron a la casa, Wynn se dio una ducha rpida y se puso unos pantalones color hueso y un top blanco calado. Se hizo un sofisticado recogido, se aplic 
un ligero toque de maquillaje, y baj las escaleras.
Al entrar en el saln vio que McCabe se haba instalado cmodamente en el sof, y que estaba haciendo unas anotaciones en un cuaderno para su prxima novela. Tena 
las mangas de la camisa enrolladas y el cuello abierto, lo cual le daba un aire muy sexy, y algo peligroso, pero Wynn no estaba dispuesta a dejarse subyugar esa 
noche por su masculinidad. Estaba empezando a preocuparle seriamente lo embriagada que se senta cada vez que estaba en la misma habitacin que ella... sobre todo 
cuando no llevaba all ms que un par de das.
Para poder despegar los ojos de l sin que se le notara mucho, abri el bolso y fingi estar comprobando si lo llevaba todo. Cuando levant la vista, se encontr 
con que McCabe haba dejado de escribir y estaba mirndola fijamente.
-Cmo surgi tu relacin con Andy? -le pregunt de repente.
l juguete con el cierre del bolso y consult su reloj de pulsera.
-Nos conocemos de toda la vida, y su hermana Marilee es mi mejor amiga -le respondi encogindose de hombros-. Cuando empec a trabajar en el Courier hice un artculo 
sobre la fbrica de textiles de su padre, y empezamos a salir. Un da me dio un anillo de compromiso, y yo me lo puse. Supongo que
simplemente pas. No s, tenemos cosas en comn, nos llevamos bien...
-Pero no sientes deseo por l -la cort McCabe.
Wynn no se dign a responderle, pero McCabe la mir a los ojos muy serio.
-Y no te parece que ser un matrimonio muy vaco?
-Hay cosas ms importantes que el deseo -replic ella.
McCabe mene la cabeza.
- A otro perro con ese hueso. El deseo en un matrimonio es algo igual de importante que el respeto o la comprensin -le recalc-. Para que una relacin entre dos 
personas cuaje, tiene que haber un mnimo de atraccin -aadi sostenindole la mirada-. Ven aqu.
Wynn vacil un instante, pero cuando l le tendi la mano, se dirigi hacia ella como una autmata, dndole la suya. Los dedos de McCabe se cerraron sobre los suyos, 
y tir de ella suavemente, hacindola sentarse a su lado en el sof. Solt el cuaderno y, sin importarle que se hubiese cado al suelo al moverse, empez a desabrocharse 
la camisa mientras la miraba a los ojos. Tom una de las manos de la joven, la puso sobre su pecho desnudo, y empez a moverla arriba y abajo.
- McCabe... -murmur ella incmoda, tratando de soltarse.
Sin embargo, su protesta slo logr que l apretara su mano ms an contra su pecho.
-Nunca has acariciado a Andy de esta manera? - le pregunt quedamente.
-No -admiti ella-, pero no es asunto tuyo. Quieres soltarme la mano?
-Y por qu no has hecho esto nunca con l? - insisti McCabe, ignorando su ruego.
Ella se qued mirndolo.
- Pues porque... -suspir de pura exasperacin-. Porque nunca he querido hacerlo, por eso!
-Y l, te ha acariciado l el pecho?
Ella sinti que le ardan las mejillas.
-Escucha, ya son casi la siete y media. Andy aparecer en cualquier momento...
McCabe estudi con una mirada crtica el recogido que se haba hecho.
-Si estuvieras saliendo conmigo, hara que llevaras el pelo suelto. No me gusta como te lo has puesto.
-Me da igual que no te guste. No tiene por qu gustarte -mascull ella.
El tacto de su trax la tena terriblemente turbada, pero... era tan agradable...
Los ojos de McCabe descendieron hasta el ligero top que llevaba, y parecieron oscurecerse.
- No te has puesto sostn -observ - . Por qu?
Wynn se puso todava ms roja.
- McCabe Foxe! -le grit furiosa, tirando de su mano y logrando liberarla, al tiempo que se pona de pie - . Cmo te atreves a...?
-Te ha pedido l que no te lo pongas? -inquiri l alzando la vista-. Para poder acariciarte mejor los...?
- Ya basta! -le orden ella, cruzando los brazos sobre el pecho.
-Ponte un sostn, o por Dios que lo har yo por ti -la amenaz irguindose en el asiento-. No voy a permitir que salgas as con l.
- Soy una mujer adulta -le espet ella acalorada-. Puedo vestirme como quiera.
McCabe baj las piernas del sof e hizo ademn de levantarse. Bast con eso para que la joven corriera a su dormitorio y cerrara con pestillo la puerta tras de s. 
Maldijo y farfull cosas ininteligibles entre dientes durante al menos diez minutos, pero acab ponindose un sostn.
McCabe estaba de nuevo tumbado en el sof cuando volvi a entrar en el saln, y haba retomado sus apuntes en el cuaderno, pero levant la mirada cuando apareci 
y le ech un buen vistazo a su pecho.
- As est mejor -dijo esbozando una sonrisa arrogante - . No tiene sentido tentar a un hombre ms all de sus lmites.
- Andy y yo estamos comprometidos, por amor de Dios! -le record ella.
McCabe la mir a los ojos de un modo muy intenso.
- Comprometidos no es lo mismo que casados, Wynn. Quiero ser el primero.
La joven, aturdida como estaba, tard un instante en comprender lo que quera decirle, pero cuando lo hizo, se puso roja hasta las orejas y se qued sin habla.
- Y lo ser -le dijo McCabe muy seguro de s mismo - . As que quiz lo mejor sera que fueras pensando en devolverle el anillo a Andy.
- De todos los hombres presuntuosos del mundo t eres el peor! -mascull la joven furiosa-. No tienes derecho a inmiscuirte en mi vida y tratar de ponerla patas 
arriba!
Una sonrisa maliciosa se dibuj lentamente en los labios de McCabe.
-Pues me temo que eso es precisamente lo que estoy haciendo -murmur-. Es ms, t misma acabars dejndome hacer sin quejarte. Antes de que me marche otra vez de 
Redvale, sers ma, desde esos embrujadores ojos verdes, hasta la punta de tus pequeos pies. Te har ma de maneras que jams has imaginado.
- Sigue soando, McCabe -le dijo ella en un tono glido-. Quiero a Andy.
-S, como a un hermano -le dijo l frunciendo los labios-. Pero a quien deseas es a m.



-Ests muy callada -le dijo Andy cuando estaban sentados en el restaurante de Columbus en el que haba reservado mesa.
Wynn alz la vista con aire de culpabilidad.
- De veras? Lo siento, no me he dado cuenta. Es que ha sido un da muy largo y estoy algo cansada.
- Es por McCabe, no es cierto? -mascull Andy, mirndola irritado - . Cuando llegu a recogerte me mir como si fuera tu dueo y seor, y t ni siquiera le dijiste 
adis.
- Bueno, si quieres saberlo, antes de llegar t acabbamos de tener una discusin -minti Wynn.
Andy suspir.
- Dios, y por qu no le dices que se marche?, que se busque otro sitio? -le dijo tragndose aquella verdad a medias.
-Porque ya lo he intentado y se niega a irse.
-Eso lo veremos -dijo Andy en un tono amenazador, irguindose en la silla.
Hasta con una pierna herida McCabe lo hara papilla, y Wynn lo saba.
- No estar aqu ms que un mes, Andy. es lo que tenemos que pensar -le dijo poniendo una mano sobre la de su prometido para tranquilizarlo.
-A l le basta un da para crear problemas -farfull l-. Va detrs de ti, Wynn.
Ella no saba si McCabe slo estaba jugando con ella o iba en serio, pero prefera no pensar en ello siquiera. Resultara tan... extrao.
- Oh! vamos, Andy. Es slo un viejo amigo de la familia y el albacea que nombr mi padre, nada ms.
-Eres demasiado inocente, Wynn -gru l - . No conoces a ese hombre como yo. Si bajas la guardia, acabar arrollndote, como un tren de mercancas.
Ella apart la mirada antes de que pudiera ver la expresin en sus ojos o el rubor que estaba subindole a las mejillas y amenazaba con delatarla y dejarle entrever 
a Andy lo que haba ocurrido entre McCabe y ella antes de que llegara.
-No s qu hacer -suspir su prometido observndola-. Me siento como un extrao contigo desde que McCabe lleg. Adems, no sabes lo raro que se ve desde fuera que 
est viviendo contigo. Antes o despus la gente va a empezar a hablar...
- La gente que me conoce no pensar nada malo - le contest ella.
-Eso crees? Yo ya estoy empezando a tener mis dudas, Wynn.
Ella lo mir espantada.
- Cmo puedes...?! Andy, t mejor que nadie deberas saber que...
- Me pregunt si quera que te pasase el telfono!
Wynn se sonroj profusamente.
- Pensaba que ya habas comprendido que estaba mintindote para ponerte celoso! -le espet-. No te das cuenta de que lo est intentando es separarnos? Y t ests 
ayudndolo a conseguirlo sacando conclusiones absurdas y precipitadas!
Andy todava pareca molesto, pero a Wynn le dio la impresin de que sus palabras haban logrado calmarlo un poco.
-Perdona, es que no lo aguanto -farfull Andy-. Adems, me cae fatal, es un gallito -aadi, poniendo la puntilla.
A Wynn le entraron ganas de rer. S, era cierto que era algo arrogante, pero... un gallito? Era un trmino que no le pegaba nada. Termin el postre que haba pedido 
y bebi un poco de agua.
-En fin -concluy, queriendo dar por zanjado el asunto - , lo importante es que se ir en cuanto est repuesto.
-Pues espero que sea pronto -le dijo Andy - . No creo que pueda aguantarlo mucho ms.



Captulo 5


DE regreso a casa, Andy la acompa hasta la puerta como de costumbre, y estaba a punto de darle el habitual suave beso de buenas noches... cuando la puerta se abri, 
apareci McCabe, y se qued mirndolos con gesto desaprobador.
-Qu horas son stas de traer a Wynn a casa? - le espet a Andy speramente - . Te das cuenta de que es la una y media de la maana? Qu va a pensar la gente?
Andy se haba quedado pasmado. Lo mir de hito en hito y balbuci:
-Pero si estamos... estamos prometidos...
-Y eso qu tiene que ver? -exigi saber McCabe irritado-. Si vuelves a traerla tan tarde de vuelta, Sloane, te arrepentirs.
Y antes de que Andy pudiera contestar nada, McCabe haba arrastrado a Wynn dentro por el brazo, y le haba cerrado la puerta en las narices. Andy baj las escaleras 
del porche despotricando contra McCabe, se meti en el coche y se alej.
-Se puede saber dnde estabais? -le pregunt a la joven con brusquedad.
Wynn se qued mirndolo boquiabierta. De qu iba todo aquello?
-Pues cenando -balbuci - , y viendo una obra de teatro.
-Y qu ms?
- Nada ms! -solt el bolso sobre el mueblecito del vestbulo y se volvi hacia l con los brazos en jarras - . Qu te importa a ti hasta qu hora salgo? - le 
espet siguindolo hasta el saln-. Y cmo te atreves a amenazar a mi prometido?! Por no hablar del modo tan grosero en que nos has interrumpido cuando...
- Oh, perdona, es verdad, te he dejado sin beso de buenas noches -farfull l con una sonrisa malvola-. Ven aqu y yo te lo dar por Andy; es lo menos que puedo 
hacer.
- No te atrevas! -le advirti ella.
McCabe la agarr por la cintura para atraerla hacia s, y aunque Wynn lo empuj por el pecho, no pudo apartarlo, ya que era ms fuerte que ella, y qued pegada a 
l, con la pierna sana de McCabe entre las suyas, inmovilizndola en una postura tan ntima, que resultaba turbadora.
- Sultame... -jade Wynn, forcejeando.
-Todava no -murmur l, dejando caer el bastn sobre la alfombra, y empujndola contra el respaldo del sof-. Ah... -susurr agachando la cabeza-, siempre quise 
probar a hacerlo as...
Antes de que ella pudiera preguntarle a qu se refera, McCabe estaba mostrndoselo. Entreabri los labios ligeramente antes de posarlos sobre los de ella, pero 
no cerr los ojos, sino que los mantuvo abiertos, observndola todo el tiempo.
- McCabe! -protest Wynn, sintindose atrapada, y algo asustada.
- No tienes nada que temer -susurr l contra sus labios - . Slo quiero besarte.
- McCabe. no debemos... no... -balbuci Wynn. Las manos de l asieron las de ella e hizo que las
pusiera sobre la cabeza, apretando su pecho contra el de ella, ya sin ninguna barrera, y se ri al escuchar el gemido de la joven.
-Mmm... verdad que esto resulta muy ertico? -le susurr-. Hacer el amor sobre el respaldo de un sof...
- Para! -le suplic ella.
-Que pare qu? -respondi l frotando su mejilla contra la de ella. Sus labios se deslizaron hacia el cuello de la joven, imprimiendo pequeos besos por su suave 
piel - . Hueles a gardenias... eres tan dulce, tan sensual, tan femenina...
McCabe roz su nariz con la de ella, y la mir a los ojos. A Wynn el corazn se le haba desbocado, senta sus senos aplastados bajo el peso del pecho de l. y el 
olor de su colonia la estaba mareando. Toc vacilante las mejillas de McCabe antes de hundir los dedos en su cabello rubio.
-Eso es, cario -le susurr l - . Ahora reljate y deja que te ensee cmo...
Los labios de McCabe se aduearon de los de la joven, besndola de un modo tan sugerente que Wynn crey que iba a volverse loca. Sin poder contenerse, y casi sin 
aliento, respondi al beso con autntica pasin. Sorprendentemente, el deseo en vez de irse apagando, pareca ir en aumento.
Nunca haba experimentado nada igual. Era como si estuviese volando hacia el sol. Se arque hacia McCabe, dando rienda suelta al fuego que llevaba dentro, y que 
haba estado reprimiendo toda su vida.
McCabe despeg sus labios finalmente de los de ella, y levant la cabeza para mirarla. La expresin burlona se haba borrado de su rostro, siendo reemplazada por 
una mirada tan intensa que a Wynn se le cort la respiracin por un instante.
-Andy jams te haba besado as, no es cierto. Wynn? -le dijo McCabe jadeante-. Te besa al llegar a la puerta y cree que con eso te satisface. Pues yo no lo creo 
-la bes otra vez, lnguidamente-. Yo te tumbara as, en el respaldo de un silln, o en la alfombra, o sobre la arena de una playa, y hara que saltasen chispas 
de tu cuerpo. Y despus te arrastrara conmigo a lo ms profundo del volcn, y arderamos juntos.
Sus labios recorrieron la garganta de la joven y alcanzaron uno de los senos. Wynn gimi. Aquello era nuevo para ella, y, aunque era increblemente agradable, tambin 
la asustaba un poco. A pesar de estar besndola a travs de la ropa, la sensacin era tan abrasadora, que pareca que sta se hubiese desintegrado. Sin darse cuenta 
de lo que haca, le clav las uas a McCabe en la nuca.
l levant la cabeza, mirndola con ojos brillantes, y una sonrisa se dibuj lentamente en sus labios al ver el deseo escrito en el rostro de ella.
-Eres apasionada, Wynn, y Andy no lo es, y eso es lo que te est carcomiendo por dentro, el que yo sea capaz de igualar tu pasin y l no.
Sus palabras fueron como un jarro de agua fra para la joven. Sus ojos verdes llamearon, pero no ya de deseo, sino de ira. Quiso pegarle una bofetada, pero l le 
agarr la mano antes de que llegara a su destino, y se la llev a los labios, besndole los nudillos.
- Sultame, McCabe! -le grit, forcejeando hasta que logr rodar hacia un lado y apartarse de l.
Se qued mirndolo furiosa, con el cabello todo revuelto, los labios hinchados por los besos, y las mejillas teidas de rubor.
McCabe, que se haba agachado para recoger el bastn del suelo, contrajo el rostro un instante por el dolor al hacerlo, pero cuando se irgui haba una sonrisa triunfal 
en sus labios.
-Nunca hubiera imaginado que estuvieras tan verde -le dijo divertido - . Ni siquiera sabas besar... Y se supone que eres una mujer comprometida?
- Andy me respeta -contest ella irritada.
- Yo tambin te respeto. Qutate la ropa y te demostrar hasta qu punto -dijo mirndola de arriba abajo de un modo lascivo.
- Cmo te atreves?! Debera darte vergenza...
- El respeto tiene un significado distinto para m -le dijo - : te respeto demasiado como para desearte sin reservas, no slo tu compaa. Un hombre capaz de pasar 
meses comprometido contigo sin ir ms all de los besos no es ninguna bicoca, Wynn. Es mejor que hayas conocido lo que es la pasin antes de ir con l al altar. 
Dios, pero si eres pura dinamita...! Cuando te bes en el...
- Basta! -explot Wynn-. No quiero or ni una palabra ms, quiero que me dejes tranquila. Me voy a la cama. Me meter bajo las sbanas, me dormir y me olvidar 
de que esto ha ocurrido.
-Y no vas a darme un beso de buenas noches?
Wynn estuvo a punto de arremeter contra l como se mereca, pero estaba demasiado furiosa, y no se le ocurri nada lo suficientemente hiriente como para que hiciera 
mella en su monumental ego, as que le lanz una mirada asesina, se gir sobre los talones, y se fue a su dormitorio cerrando de un portazo.
A pesar de lo que le haba dicho a McCabe, Wynn no logr olvidarse tan rpido de lo ocurrido, y dormirse al instante, y a la maana siguiente, volvi a levantarse 
malhumorada y cansada. Si aquello segua as mucho tiempo, se dijo, McCabe acabara con ella. Se puso el vestido ms recatado que tena, se recogi el cabello y, 
haciendo acopio de valor, baj las escaleras dispuesta a enfrentarse a McCabe.
Cuando entr en el comedor lo encontr ya sentado a la mesa, tomando caf como si tuviera todo el tiempo del mundo.
- Buenos das -lo salud ella muy seria - . Cmo tienes la pierna?
-Vivir -respondi l, observndola con curiosidad-. De qu te has disfrazado?
Wynn no se dign a contestarle.
-Acbate el caf -le dijo con aspereza, consultando su reloj de pulsera-. Tengo una cita con el alcalde a las nueve que concert hace dos semanas para que me hable 
de ese nuevo sistema de abastecimiento de agua que quiere que apruebe el consejo municipal, y si no llego a tiempo no podr lograr otra entrevista en otras dos semanas.
McCabe vio que estaba realmente irritada, y, por una vez, decidi darle un respiro. Salieron, y una media hora despus, Wynn lo dejaba en la oficina del Courier 
y minutos despus estaba en el ayuntamiento, entrevistando al alcalde, Harry Lawson, en su despacho.
- Nuestra pequea ciudad est creciendo muy deprisa - le dijo el seor Lawson - , y ahora mismo slo estamos usando unos setecientos mil litros de agua al da, pero 
a medida que nuestra industria va aumentando, esa cifra tambin sube. Por eso necesitamos un permiso del Estado para extraer ms agua del ro, y si no aumentamos 
la cuota que tenemos actualmente y modernizamos el equipo de bombas hidrulicas y las instalaciones para el tratamiento del agua con que contamos, nos quedaremos 
al margen mientras otras ciudades del Estado siguen creciendo.
Wynn asinti con la cabeza.
-Adems -continu el alcalde - , no es ningn secreto que la calidad de nuestra agua est empeorando... T la bebes, como todos los dems, y sabes a lo que me refiero, 
no es cierto? De hecho, todo el sistema de abastecimiento de agua se ha deteriorado mucho. Lo hemos descuidado durante aos, y ahora estamos pagando las consecuencias. 
sa es una de las razones por las que le he pedido fondos al gobernador del Estado, para poder darle una solucin inmediata al problema. Pero, como comprenders, 
el crecimiento de la ciudad no puede detenerse, no puede estar pendiente de una asignacin de fondos, y eso costar dinero, fondos del propio Ayuntamiento.
-Y en las condiciones en las que est el agua... puede llegar a constituir un riesgo para la salud de los ciudadanos?
- As es, y me gustara que publicarais eso, Wynn, porque la gente debe saber que este proyecto es de una importancia capital. No es un capricho -aadi.
Y empez a enumerarle las mejoras que pretenda obtener.
_ Tras discutir a fondo los detalles del proyecto, Wynn fue a la concejala del Servicio de Aguas de la ciudad, hizo unas fotos de las instalaciones y regres a 
la oficina del Courier. Desde all telefone a la empresa a la que el alcalde le haba encargado el diseo del proyecto, para que le mandaran una copia; y por ltimo 
llam a unos cuantos ciudadanos al azar para pedirles su opinin sobre la idea del alcalde. Le llev el resto del da escribir el artculo, pero cuando acab se 
senta muy satisfecha del trabajo realizado, y se dijo que con las fotos y alguno de los croquis de los ingenieros sera una primera plana estupenda.
- Soy un genio -le dijo sonriente a McCabe cuando fue a su despacho al final de la jornada, arrojando delante de l el artculo y sentndose en el pico de la mesa, 
a su lado-. Yo slita te he ahorrado unas cuantas canas: ya no tendrs que preocuparte sobre qu ir en la portada de la edicin de esta semana.
Los ojos de McCabe pasaron rpidamente de una lnea a otra, de un prrafo a otro bajo la impaciente mirada de Wynn, y al llegar a la ltima pgina frunci las cejas.
-Qu ocurre? -inquiri ella escamada. Ya haba encontrado algn fallo en su trabajo. Con lo orgullosa que estaba...!
McCabe alz la vista hacia ella.
-El alcalde est proponiendo financiar esto con una subvencin del Gobierno?
-Bueno, una parte s -respondi ella-. La otra provendra de los fondos de emergencia del Estado de Georgia, y de una comisin regional.
- Eso supondr un endeudamiento bastante considerable para la ciudad -le dijo McCabe ponindose de pie para abrir un poco ms la ventana.
-Tiene pensado emitir bonos pagaderos con los ingresos fiscales.
McCabe se volvi y escrut el rostro de la joven en silencio.
- Veo que has hecho los deberes -le dijo admirado-. Qu sabes de la utilizacin del agua al norte de aqu?
- S que, para finales de siglo, Atlanta y las reas metropolitanas que la rodean estarn extrayendo en total casi un billn de litros de agua por da -respondi 
Wynn - . Tengo la informacin en mi mesa si quieres verla.
McCabe esboz una sonrisa y declin el ofrecimiento con un gesto de la mano.
-No hace falta. Verdaderamente te has esforzado. Buen trabajo. Wynn. Y. de acuerdo, ir en la portada con alguna de esas fotos que has hecho a menos que salga algo 
ms importante.
- Ya te dije que era un genio -se ri ella. McCabe alarg una mano y enred sus dedos en los cortos cabellos de la nuca de la joven.
-Eres mucho ms que eso -murmur, inclinando la cabeza hacia ella-. Te lo preguntar otra vez, Wynn: Seguro que no quieres probarlo sobre la mesa?
Ella entreabri los labios y trag saliva, tratando de mantener la calma, cuando entr Judy.
-Un... seor Foxe, una llamada para usted por la lnea dos -le dijo a McCabe tras un ligero carraspeo. Esboz una sonrisilla maliciosa, y volvi a salir.
Wynn se levant al instante, frotndose la nuca, mientras McCabe hablaba por telfono con un potencial anunciante.
- De acuerdo, enviar a Wynn para que hable contigo, Mack -le dijo al hombre que estaba al otro lado de la lnea.
Ella se cruz de brazos y le sise irritada: -No es justo, ya se ha acabado mi jornada. Dile que lo ver maana.
- Um... Mack, te importara que fuese maana? -le dijo McCabe al cliente-. Estupendo. Bien, gracias por llamar. Hasta luego -y colg-. Ya deberas saber que nuestro 
horario no es el de una sucursal bancaria -le record a Wynn.
-Lo s, pero estoy cansada -mascull ella.
-La verdad es que yo tampoco estoy en mi mejor forma -asinti l - . Bueno, basta por hoy entonces.
Apenas entraban por la puerta de la casa cuando son el telfono. Fue McCabe quien contest, en un tono bastante tirante, y le tendi el auricular a Wynn cuando 
entr detrs de l.
-Es Romeo -le dijo con una mueca de desagrado-. Por favor no ocupes la lnea mucho tiempo, estoy esperando una llamada de Nueva York.
Wynn lo observ alejarse irritada. Qu se crea, que tambin mandaba en su propia casa?
- Hola, Andy -salud a su prometido.
- Hola. Espero que ese presuntuoso de McCabe no te diera mucho la lata anoche -le dijo l--. Quera haberte llamado antes, pero me ha sido imposible.
-Tranquilo, no pasa nada.
-Es que... Dios... cmo puede haber alguien tan prepotente? Y cmo se atreve a amenazarme? Si no la mont ayer fue por no disgustarte, pero te juro que le habra 
pegado un buen puetazo. En serio, Wynn, deberas mandarlo a la calle de una patada en el trasero.
-Y por qu no vienes t y lo haces por m? - inquiri ella dulcemente, con toda la intencin. Estaba empezando a cansarse de las bravatas de Andy.
Su prometido se aclar la garganta.
-No puedo, tengo asuntos que atender -farfull-. Oye, quedamos a cenar el viernes?
-Claro -respondi ella. ltimamente no tena ganas de ver a Andy, pero as al menos perdera de vista a McCabe unas horas.
-Estupendo -dijo Andy-. Hasta luego, cario.
- Hasta luego -murmur ella, dejando otra vez el auricular sobre la base.
Desde que haba llegado McCabe, sus dudas respecto a su relacin con Andy aumentaban, pero eso era algo que no estaba dispuesta a admitir ante l.
Cuando fue a unirse a l en la cocina lo encontr preparando unos sandwiches de pie junto a la encimera.
-Vaya, vaya... qu conversaciones tan largas tienes con tu amado...
La joven resopl.
-No queras que no me alargase mucho? -le espet irritada-. Adems, te recuerdo una vez ms, aunque dudo que te entre en esa cabezota que tienes. que mi relacin 
con Andy no te concierne.
- Ya lo creo que me concierne -replic McCa-be -, porque pienso impedir que siga adelante. No te casars con l.
-Apostamos algo? -le pregunt ella esbozando una dulce sonrisa.
-Por qu iba a querer apostar cuando s cul ser el resultado? -le dijo l burln - . Anda, ven aqu y aydame con esto.
Wynn refunfu, pero fue a su lado, mirndolo de reojo mientras colocaba lonchas de salami, queso, rodajas de lechuga y tomate.
-Esa llamada que ests esperando... -le pregunt vacilante-, no ser de la agencia de noticias para la que trabajas?
McCabe le dirigi una breve mirada.
- Pues s.
Ella baj la vista a los sandwiches muy seria, cortndolos a la mitad en diagonal con una concentracin tremenda.
-Wynn, sigo estando en nmina -le dijo l quedamente-. Slo estoy de baja.
- Lo s -respondi ella, preguntndose por qu tendra que importarle que estuviese pensando en arriesgar otra vez su vida.
McCabe dej a un lado el cuchillo con el que estaba untando mayonesa, y se volvi para mirarla.
- Soy reportero -le dijo-. Me encanta lo que hago, y tengo la suerte de que me paguen por hacerlo. Si estoy aqu es slo porque necesitaba un descanso, y porque 
quiero ayudarte a aclarar tus ideas, pero cuando me haya repuesto volver a Centroamrica, o a Oriente Medio, o al Extremo Oriente... donde quiera que el trabajo 
me llame.
Wynn escudri su rostro.
-Pero tambin escribes novelas -le record-. Has conseguido rcord de ventas con varias de ellas.
- Y algn da me retirar y me dedicar slo a eso -le dijo l, tomando el rostro de Wynn entre sus manos-, porque tambin disfruto mucho escribiendo, pero an soy 
joven, demasiado joven e inquieto como para echar races. No quiero ataduras.
-Yo tambin soy joven -dijo ella-, ms joven que t, pero mi sueo es casarme y formar una familia, y Andy es...
La expresin de McCabe se agri y sus ojos relampaguearon.
- Andy es un idiota. Quiero a un hombre mejor para ti, Wynn.
-Y qu piensas hacer?, poner un anuncio para buscarlo? -inquiri ella pestaeando burlona-. Por amor de Dios, McCabe!, soy una mujer adulta!
- Oh, s, eso salta a la vista... -replic l - . Si hasta ayer ni siquiera sabas besar!
-Qu?, tambin vas a decirme que tengo que darte las gracias por iluminarme con tu dilatada experiencia? - le espet-. Ahora que s, puedo ensearle a Andy. Ser 
muy interesante!
McCabe resopl.
-No puedes ensear a un hombre a ser apasionado - le dijo -. O lo eres, o no, es algo que no se puede aprender.
- Oh. perdona, olvidaba que estaba hablando con el dios del sexo...
McCabe inclin la cabeza hacia ella y la tom por la barbilla.
- Si no fuera por tu compromiso con Andy, por esta maldita pierna y algn que otro obstculo bastante irritante -le susurr-, te llevara a la cama y hara desaparecer 
una tras otra todas esas represiones que te tienen constreida.
Las mejillas de Wynn se tieron de rubor.
- Puede que a ti te satisfaga una relacin puramente fsica, McCabe, pero no es lo que yo quiero.
- Entre nosotros no sera slo sexo, y lo sabes muy bien -replic l-. Si compartiramos algo tan ntimo, nunca sera suficiente.
Aquello era precisamente lo que ella tema, aunque jams lo admitira.
- Se supone que como amigo de mi padre y su albacea, deberas estar velando por mis intereses -le record temblorosa-, no intentando seducirme.
-Oh, y lo estoy haciendo -le asegur l, inclinando la cabeza un poco ms - . Y en cuanto averige qu es exactamente lo que te conviene, te lo dir, pero ahora 
bsame, Wynn.
Ella trat de protestar, pero en cuanto abri la boca para hablar, los labios de McCabe cubrieron los suyos. La mirada de deliciosas sensaciones que haba descubierto 
la noche anterior volvi a invadirla, y se estremeci cuando McCabe la atrajo hacia s, apretndola contra su cuerpo.
Las manos de McCabe dejaron el rostro de la joven al ver que no luchaba contra l, y descendieron a sus caderas, tirando de ellas hacia las suyas. Wynn
gimi y trat de apartarse, pero l la sujet con firmeza.
- No te revuelvas as -susurr McCabe contra sus labios - . Me hars dao en la pierna.
- Sultame, por favor... -le rog ella-. No deberamos hacer esto...
-Imagino que Andy tampoco te ha abrazado de este modo -dijo besndola sensualmente.
Un gemido de protesta abandon la garganta de Wynn. pero se acall cuando los pulgares de McCabe empezaron a trazar crculos en sus caderas, y descendieron hacia 
su vientre, provocndole exquisitas convulsiones.
Los labios de McCabe se despegaron un instante de los de ella para cubrir su cuello de hmedos besos, y la joven jade extasiada.
McCabe alz la cabeza para mirarla.
- Qu desperdicio... -murmur con voz ronca-. Andy nunca lograr satisfacerte, ni en un milln de aos.
- Y t s podras? -le pregunt ella temblorosa, tratando de sonar sarcstica sin conseguirlo.
- Al menos lo intentara -le susurr l. Sus manos subieron hasta la cintura de la joven, apretndola an ms contra s-. Eres tan desinhibida, Wynn, tan suave... 
tan fogosa... Haces que me tiemblen las rodillas.
El provocaba la misma sensacin en ella, pero jams se lo habra confesado. Lo mir a los ojos, dejando que sus manos masajearan incesantemente sus caderas.
-Tengo la impresin de estar quedando atrapado en una red, y eso es algo que no me gusta -murmur McCabe distradamente.
- Yo no te ped que vinieras -balbuci ella.
- Lo s, pero necesitaba... necesitaba algo -le dijo McCabe. Sus manos subieron hasta el cuerpo del vestido, acariciando los costados de la joven-, aunque entonces 
no saba lo que era.
- Y ahora s lo sabes? -le pregunt ella sin aliento.
- Creo que necesitaba saber que a alguien le importara si muriera -le respondi, sorprendindola-. Ed me dijo que ni siquiera queras ver la seccin de noticias 
internacionales en los telediarios.
Wynn trag saliva.
- Es que... no me gustan las noticias internacionales - balbuci.
- A otro perro con ese hueso -le dijo l, rindose suavemente--. Temas por mi vida, Wynn?
Ella baj la vista a la camisa de l.
- Igual que me preocupara por cualquiera que estuviese en un lugar donde hay un conflicto armado - minti.
Las manos de McCabe se contrajeron suavemente en torno a su cintura.
- Por cualquiera?
- Bueno, quiz ms por ti, pero slo porque nos conocemos desde hace mucho... -farfull ella, sin atreverse a mirarlo a los ojos.
- Deberas meterte en poltica -le dijo l enarcando una ceja-. Se te da realmente bien eso de eludir los problemas.
-No estoy eludiendo el problema -replic ella, empujndolo por el pecho en un intento por apartarlo-. Oh, McCabe, deja de confundirme!
-Entonces deja de ignorar lo que est surgiendo entre nosotros -murmur l inclinando la cabeza-. Deja de usar a Andy como escudo.
Ella levant el rostro para decirle que estaba muy equivocado, pero antes de que pudiera pronunciar una palabra, son el telfono.
McCabe la solt de mala gana, y fue a contestarlo, momento que Wynn aprovech para escapar a su dormitorio. Tras cerrar la puerta, se apoy contra ella, con el corazn 
latindole como un loco. McCabe estaba poniendo todo su mundo patas arriba, y no saba qu poda hacer para detenerlo.



Captulo 6


WYNN, ms tranquila despus de unos minutos, sali de su habitacin y volvi a la cocina, decidida a no mirar siquiera a McCabe, pero cuando entr le pareci que 
tena una expresin extraa, como si la llamada de telfono lo hubiera dejado preocupado.
-Ha ocurrido algo malo? -le pregunt tomando asiento frente a l.
-No -respondi l mirndola con el ceo fruncido-, era simplemente una llamada de la agencia, para saber cmo iba, y les he dicho que estoy recuperndome.
Wynn tom un sandwich, e iba a empezar a comer cuando vio que McCabe tena contrado el rostro.
-Te duele la pierna? -le pregunt-, Ests cambindote el vendaje y limpiando los puntos como te dijo el mdico?
- S, claro que s. No te preocupes, supongo que es normal que me moleste.
Ella asinti con la cabeza, y McCabe cambi de tema. Aquella hora de la cena se convertira en el patrn de convivencia entre ellos a lo largo de la semana. En sus 
conversaciones, ninguno de los dos abordaba temas delicados, y Wynn por su parte no volvi a decir nada acerca de que se buscara un motel porque se haba dado cuenta 
de lo mucho que le dola la herida aunque l se esforzara por ocultarlo.
A veces se pasaba horas con la pierna en alto en el sof, como si temiera el dolor lacerante que saba notara al tratar de levantarse. Wynn sinti que estaba ablandndose, 
pero se deca que si se preocupaba por l era nicamente porque era un viejo amigo. Si quera volver a poner en peligro su vida cuando se hubiera repuesto, era problema 
suyo.
Y haba otro aspecto en el que las cosas se tranquilizaron un poco: pareca que McCabe haba decidido dar tregua a Wynn, y no interferir ms en su relacin. Sin 
embargo, ella no estaba segura de cul era su intencin con aquella nueva actitud, y se preguntaba si esa tregua no sera slo algo temporal. Era un hombre tan imprevisible.... 
y desde aquel apasionado beso que haban compartido, se pona ms nerviosa, si es que eso era posible, al tener que estar en la misma habitacin que l.
Andy, por su parte, tambin pareci relajarse un poco ante aquel cambio, aunque segua mostrndose irritado cada vez que ella mencionaba a McCabe.
El viernes, como haban acordado, despus de la ajetreada semana, Andy la llev a cenar. Sorprendentemente, cuando se present en su casa para recogerla, McCabe 
no le hizo ningn comentario insultante, sino que se limit a saludarlo con una leve inclinacin de cabeza, aunque Wynn no se libr de una mirada de desaprobacin.
- Bueno, al menos se le ha borrado de la cara esa sonrisa prepotente -le coment Andy durante la cena-. Me pona nervioso. A lo mejor al fin est aceptndome, quin 
sabe?
Wynn lo dudaba mucho, pero contuvo su lengua.
- No habr vuelto a insinursete, verdad? -le pregunt su prometido.
Ella casi derram su copa de vino.
- Por supuesto que no! -le dijo con una mirada airada, odindose a s misma por mentirle de esa manera.
Andy frunci el ceo.
- Bueno, tampoco tienes por qu ponerte as conmigo! -exclam - . Yo no te he hecho nada.
Wynn inspir, tratando de tranquilizarse. Sus discusiones siempre acababan de aquella manera: ella sintindose como una sanguijuela por gritarle y enojarse con l, 
y Andy ponindose a la defensiva, dolido. Si por una vez reaccionara como si tuviera sangre en las venas en vez de horchata..., suspir para sus adentros.
En ese momento una imagen de McCabe cruz por su mente: el modo en que la haba empujado contra el respaldo del sof, cmo la haba sujetado, cmo haba disfrutado 
cuando ella haba tratado de zafarse. S, no haba duda de que haba disfrutado con el hecho de que ella presentara pelea. Lo haba visto en sus ojos, y tambin 
que le gustaba que fuera una mujer con espritu. Andy, en cambio, se habra asustado si se hubiese revuelto contra l.
-Quieres tomar algo de postre? -le pregunt Andy, sonriendo como si nada hubiera pasado.
En fin, se dijo Wynn, eso era algo bueno que tena, casi nunca le duraban mucho los enfados. Sin embargo, la reconciliacin podra haber sido tan dulce... si hubiera 
sido como McCabe, claro. Inmediatamente se enfad consigo misma por ese pensamiento involuntario y, para purgar ese pecadillo, alarg la mano y estrech la de Andy.
- Siento haberme puesto as - le dijo suavemente.
- Um, s, bueno, tranquila... supongo que no puedes evitarlo -respondi l, apretndole tambin la mano - . Te gustara que furamos a ver una pelcula?
Wynn no tena demasiadas ganas, pero sonri y asinti con la cabeza. As que al salir del restaurante fueron al cine, y vieron una pelcula sangrienta y violenta 
porque Andy se emperr.
- Por qu te gustan esta clase de pelculas? -le pregunt ella en el coche, cuando la llevaba a casa-. Son horribles.
- No s -contest l, encogindose de hombros-. Supongo que porque son emocionantes. A ti no te gustan las emociones fuertes? Pensaba que se era el motivo por 
el que te gustaba ser reportera - aadi con toda la intencin.
- Que si me gusta la parte desagradable y morbosa de mi trabajo? No, por supuesto que no -le dijo ella acaloradamente - . La violencia y la sangre me ponen enferma.
-Entonces, por qu te dedicas al periodismo? Wynn dej escapar un suspiro.
- Djalo -murmur - , no lo entenderas ni en un milln de aos.
l la mir irritado.
- Siempre me dices eso, como si fuera un idiota. Pues no, la verdad es que no entiendo por qu querra una mujer hacer esa clase de trabajo. Sola pensar que habas 
decidido seguir los pasos de McCabe porque estabas encaprichada con l, pero...
Wynn enrojeci y lo mir enfadada.
- Yo nunca he estado encaprichada con McCabe!
- Pues no es eso lo que dice mi hermana... -insisti l entornando los ojos - . Me cont que te pasabas el da mirndolo, y que recurras a cualquier excusa para 
pasearte arriba y abajo frente a su casa cuando estaba en el jardn.
Lo que estaba diciendo era cierto, pero haba sido slo un enamoramiento de adolescente, y nunca hubiera esperado que Marilee, su mejor amiga, hubiera sido capaz 
de contarle aquello a Andy.
- Slo era una chiquilla -dijo en su defensa.
- Pero ahora ya no lo eres -replic l-. Y McCabe te mira de un modo... peculiar -aadi escrutando su rostro - . No te fijaste antes en la mirada asesina que me 
lanz cuando te rode los hombros con el brazo? Como si fueras de su propiedad! Wynn, en serio, tienes que lograr que se vaya de tu casa. La gente est empezando 
a hablar...
-Pero, Andy, t sabes en que condiciones est McCabe! -exclam ella-. T mismo has visto que apenas puede mantenerse en pie.
- S, pero bien que va a la oficina del Courier todos los das, eh? -le espet l.
-Eso no significa que no tenga dificultades para hacer otras cosas -le contest ella acalorada.
- Qu clase de cosas? -inquiri l suspicaz - , Acaso has intentado...?
Wynn dio gracias por que estuvieran ya subiendo la calle donde estaba su casa, porque si hubieran estado en la carretera habra preferido bajarse del vehculo en 
marcha a tener que soportar un segundo ms las paranoias de Andy.
- Cmo puedes estar sugiriendo una cosa as de m?! -explot.
-Y qu otra cosa quieres que piense? Te sonrojas casa vez que menciono su nombre -mascull su prometido, deteniendo el coche, y observndola como si fuera un insecto-. 
Te pones nerviosa cada vez que aparece, y adems, hay ms de una postura en la que hacer el amor.
Wynn se puso como la grana ante aquella insinuacin.
- Siento que tengas esa opinin de m -le dijo, profundamente dolida, y con voz temblorosa.
Andy se frot la nuca incmodo.
-Perdname, Wynona -se disculp con voz entrecortada-. Yo... yo... no quera decir eso. S que t eres una chica pura e inocente...
Pero aquella vez el enfado de Wynn era demasiado grande como para que se le pasara tan pronto.
-Ah, s?, y cmo sabes eso? -le espet con frialdad.
El lade la cabeza.
-Bueno, yo... siempre he supuesto que... como t nunca...
-Pues ests muy equivocado. O ms bien, tienes toda la razn respecto a McCabe y a m -las palabras salan atropelladamente de su garganta, indignada y exasperada 
como estaba-: somos amantes. Me he acostado con l cada noche desde que lleg, y es increble en la cama, Andy, absolutamente increble.
Andy palideci, y levant la mano derecha, descargndola sobre la mejilla de la joven con toda su fuerza. Wynn ni siquiera emiti un gemido. Con los ojos desencajados, 
se quit el anillo del dedo, y lo dej caer al suelo. Abri la puerta del coche y sali, entrando en la casa sin mirar atrs.
La vivienda estaba muy silenciosa. Wynn fue al mueblebar donde guardaba una botella de bourbon, para las ocasiones en las que Andy llevaba a cenar a alguien del 
trabajo. Se sirvi un buen trago en un vaso, aadi agua y hielo, y se dej caer con l en el sof, dispuesta a emborracharse para aturdir las emociones que se revolvan 
en su interior.
Aquella noche haca algo de fresco, y se haba puesto una falda negra, una blusa blanca y una torera, pero con el alcohol estaba empezando a entrarle calor, as 
que se quit la chaqueta, y se desabroch la blusa dejando al descubierto el sostn de encaje. Se deshizo tambin el recogido que se haba hecho, y arroj a un lado 
los zapatos de tacn, y se estir en el sof, notndose cada vez ms y ms relajada.
Iba ya por el tercer vaso cuando apareci McCabe. Todava estaba vestido, aunque tena la camisa abierta y fuera del pantaln, y estaba descalzo. Tena el cabello 
hecho un desastre, como si se lo hubiera revuelto con las manos, y a cada paso contraa el rostro dolorido.
- Qu ests haciendo? -le pregunt a Wynn, mirndola de arriba abajo cuando sta se puso de pie tambalendose.
-Me estoy emborrachando -le respondi ella. 
-Eso ya lo veo, pero, por qu?
 Ella alz el vaso en un brindis exagerado, y apur lo que quedaba en el vaso de un trago.
- Aahh... -suspir, cerrando los ojos un instante con una sonrisa en los labios - . Delicioso. Verdad que el alcohol es algo maravilloso? Me pregunto por qu no 
lo habra probado hasta ahora...
McCabe se acerc a ella, sin poder evitar que se le fueran los ojos hacia la blusa entreabierta, aunque tras un par de segundos logr subirlos de nuevo hasta el 
rostro de Wynn. Entonces vio la marca en su mejilla, y sus ojos relampaguearon furiosos.
-Te ha pegado? -le pregunt en una voz que no era la suya.
- Quin, ese cobarde de Andy? -contest ella rindose y alargando la mano de nuevo hacia la botella.
Sin embargo, McCabe fue ms rpido. Arroj el bastn sobre la alfombra y la agarr por los hombros hacindola girarse hacia l. Si hubiera estado sobria, la terrible 
expresin en el rostro de McCabe la hubiera asustado.
-He dicho que si te ha pegado.
- S! S, me ha pegado! -mascull ella-. Y es culpa tuya, McCabe!, todo esto es culpa tuya! - le espet soltndose, y yendo hasta la oscura ventana. Se senta 
irritada e inquieta a mismo tiempo - . Porque eres mi amante, lo sabas? -le dijo con una risa amarga, dndose la vuelta a tiempo para ver la expresin de perplejidad 
en el rostro de l -. S, eso es lo que cree Andy, y lo que cree todo el mundo en la ciudad, segn me ha dicho.
- Eso es mentira -respondi l con brusquedad-. Todo el mundo sabe que soy el albacea de tu padre y un viejo amigo de la familia... adems de tener doce aos ms 
que t.
-T lo sabes y yo lo s, y la mayora de la gente tambin lo sabe -farfull ella-, pero nadie ve un impedimento en la diferencia de edad -aadi devorando con los 
ojos el ancho torso bronceado de McCabe, y siguiendo el vello que se perda bajo el cinturn-. Tienes un cuerpo tan increble... -murmur. El alcohol le estaba haciendo 
decir cosas que jams le habra dicho de otro modo - . Eres tan... atractivo... cmo esperas que la gente no hable? Adems, la mayora de ellos no saben que sigues 
vindome como a una adolescente.
-Wynn. ests borracha.
- Ya lo creo que lo estoy, cario... No me llamaste eso la otra noche cuando me besaste? No le he dicho a Andy que me besaste, McCabe.
-Pues menos mal -mascull l.
- Le dije que ramos amantes -continu ella, rindose al ver que l abra los ojos como platos - . Bueno, es que eso era lo que quera or. Ha confirmado todas sus 
sospechas. Y le devolv el anillo -aadi ensendole su dedo desnudo - . Por qu no te vienes a la cama conmigo, McCabe, y haces conmigo lo que te plazca?
Aquello sonaba tan Victoriano y tan gracioso, que se ech a rer otra vez.
A McCabe en cambio no pareci hacerle gracia. De hecho, pareca estar ponindose nervioso.
- Creo que ser mejor que te calles antes de que digas algo de lo que maana por la maana te arrepientas.
-Ni hablar, a partir de hoy pienso hacer lo que me venga en gana, sin preocuparme de lo que piensen los dems, y no voy a arrepentirme de nada -le asegur mientras 
se desabrochaba los ltimos botones de la blusa, y tambin el enganche frontal del sostn.
-Hasta me quitar la ropa... -le ofreci.
McCabe fue junto a ella, y volvi a abrocharle el sostn y la camisa con el rostro contrado. La agarr del brazo, y la llev a rastras por el pasillo, cojeando.
- Pero, no quieres que me quite la ropa? -le pregunt ella confundida.
-Entra ah -le dijo l abrindole la puerta del dormitorio - , y ponte el camisn mientras yo preparo un caf bien cargado. Maana por la maana nos odiars a los 
dos, pero sobre todo a ti.
La empuj dentro de la habitacin, le encendi la luz, sali y se alej de nuevo por el pasillo cojeando.
Con un suspiro despreocupado, Wynn se desvisti y sonriendo y, tarareando, se puso su camisn de algodn. Se senta mejor que nunca.
- Ya no estoy comprometida -canturre, dejndose caer de espaldas en la cama - . Pobre Andy. Cmo va a vivir sin m a partir de ahora? Tendr que ir con extraos 
a ver esas pelculas sangrientas que tanto le gustan... te gusta la sangre, McCabe? -le pregunt al verlo aparecer de nuevo. Tena cara de furia, y traa consigo 
una taza de caf que dej sobre la mesilla de noche.
- Sintate y bbete esto -le orden en un tono que no admita discusin.
-No tengo ganas de caf -protest ella haciendo pucheros y movindose de un lado a otro de la cama - . Oh, vamos, McCabe... tmbate a mi lado y charla conmigo... 
-lo inst con una sonrisa seductora.
- Si me tumbo a tu lado no creo que charlemos mucho -le dijo l. La agarr por la mano, tir de ella hacia arriba, haciendo que se apoyara en los almohadones contra 
el cabecero de la cama, y le puso la taza de caf en la mano-. Bebe.
Ella lo asi entre ambas manos, encontrando extraamente reconfortante la sensacin de la cermica caliente. Alz la vista hacia el pecho desnudo de McCabe, y de 
nuevo sinti que se estremeca por dentro.
-Nunca me gust Andy sin camisa -le dijo absorta, bebiendo el caf mientras lo miraba-, pero t eres tan... -farfull, tratando de encontrar la palabra adecuada- 
...sexy -dijo triunfante, levantando la mirada hacia su rostro.
- Fuera lo que fuera que esperara ver en l, desde luego no era dolor. Estaba blanco como una sbana, y aquella visin le despej la cabeza ms rpidamente que el 
caf.
- Oh, McCabe, tu pierna...! -musit-. Tu pobre pierna... Ni siquiera me haba acordado, y has venido hasta aqu sin el bastn!
-Mi pierna est bien -replic l mordindose el labio inferior.
-Oh, seguro que s, por eso se te ve tan feliz -le espet ella. La cabeza le daba vueltas. Dej la taza de caf sobre la mesilla-. Vuelve a la cama, quieres? Yo 
estoy perfectamente. Creo que por esta noche dejar de intentar echarme en tus brazos -le dijo rindose con amargura, dndose cuenta de pronto de lo que haba estado 
haciendo y diciendo bajo los efectos del alcohol.
Se haba abierto la blusa y casi se haba quitado el sostn! Enrojeci profusamente. Qu haba hecho?
- Eso espero -murmur l - , porque no creo que hubiera podido resistir la tentacin mucho ms.
Se produjo un silencio repentino entre ellos, y finalmente, al cabo de un minuto que pareci eterno, Wynn alz la vista hacia el rostro de McCabe. Los ojos entre 
azules y grises de l brillaban de un modo fascinante bajo las espesas pestaas, y algo en la rigidez de su cuerpo y en la inexpresividad de sus facciones la asust.
Y entonces, casi como si no pudiera evitarlo, McCabe extendi las manos hacia el camisn de Wynn y observ sus propios dedos mientras stos desabrochaban uno a uno 
los diez botones que iban del cuello a la cintura.
Wynn estaba demasiado aturdida como para decir nada. Al principio incluso pens que deba ser una alucinacin producida por los efectos del alcohol, pero cuando 
McCabe abri el camisn, dejando al descubierto sus senos y se qued mirndolos, comprendi que no era un sueo.
Inconscientemente, se arque hacia l, en un ruego involuntario de que satisficiera el ansia que despertaba en ella. McCabe no la toc; ni siquiera lo intent, pero 
sus ojos devoraron cada centmetro de su sedosa piel, desde la base hasta los erectos pezones, que delataban lo que ya no poda ocultar.
Los ojos de McCabe buscaron los de ella, y se produjo entre los dos un intercambio tan intenso de miradas, que dej a Wynn temblorosa.
Muy suavemente, McCabe la asi por los hombros y la acerc a su pecho desnudo, rodendola con los brazos muy despacio, de modo que sus senos quedaron aplastados 
contra la ligera mata de vello y los poderosos msculos de su ancho trax. Wynn contuvo el aliento mientras aquello ocurra, demasiado aturdida y maravillada incluso 
para respirar con normalidad. Su mejilla se frot contra la de l, y McCabe la atrajo an ms hacia s, abrazndola como si fuese un precioso tesoro, y temblando 
ligeramente. Inclin el rostro sobre el cuello de la joven, y sus labios empezaron a imprimir clidos besos por su garganta bajo la cortina de negros cabellos. No 
dijo una palabra, sino que se qued as, besndola, abrazndola, acunndola.
Ella dej escapar un suspiro tembloroso, y sus manos asieron la cabeza de McCabe, apretndola contra su cuello. Aquello pareca tan irreal... quiz s fueran los 
efectos del alcohol, se dijo, pero, aun as, era tan hermoso, tan dulce...
Largo rato despus, McCabe se ech hacia atrs y la mir a los ojos. Cuando se separaron, la piel de ambos tard un segundo en despegarse, perlada como estaba de 
sudor, y slo entonces, al sentir el aire en su cuerpo, se dio cuenta Wynn de que el camisn se le haba bajado hasta la cintura. McCabe admir una vez ms su gloriosa 
desnudez antes de ponrselo bien y volver a abrocharlo. Extendi la mano y acarici suavemente la mejilla en la que Andy la haba pegado. Mientras lo haca, su mandbula 
se tens.
-Como me lo cruce por la calle le romper la nariz por lo que te ha hecho, lo juro -mascull.
-Estaba dolido por lo que le haba dicho -lo disculp Wynn.
-Pues ms le doler an cuando le ponga las manos encima -replic l - . No consiento que nadie te trate de esa manera.
Nunca se haba mostrado tan posesivo y protector con ella, y Wynn tuvo la sensacin de que estaba ante un McCabe diferente.
-Has tomado demasiado alcohol como para saber lo que ests haciendo -le dijo mirndola muy serio-, as que me comportar como un hombre honorable y no me aprovechar 
de ti, pero si vuelves ha quitarte la camisa delante de m... no creo que puedas volver a escapar tan fcilmente. Podra hacerte ma... a pesar incluso de esta dichosa 
pierna herida, y excitarme tanto que no me importase tener que soportar el dolor.
Wynn apart el rostro.
-Lo siento. Ha sido el alcohol.
McCabe la tom por la barbilla para que lo mirara a los ojos.
- No, cario, no ha sido el alcohol; no cuando has dejado que te desabrochara el camisn. Haba fuego en tus ojos.
-Tambin en los tuyos -murmur ella. McCabe sonri.
- No lo dudo. Slo con mirarte casi pierdo el control, y eso nunca me haba ocurrido. Como te dije, empiezo a sentir que me estoy enredando en los hilos de tu tela.
- Yo no espero nada de ti -se apresur a decirle ella, recordando que McCabe le haba dicho que no quera ataduras de ningn tipo.
-Pero yo s quiero algo de ti, Wynn -le dijo l, recorriendo el cuerpo de la joven con la mirada-. Y si vuelves a tentarme, lo tomar sin dudarlo, porque con slo 
tocarte, tu cuerpo me dice que tome lo que quiera de ti...
-Eso no es ver... -comenz a negarlo ella, roja como una amapola.
-... y el mo te dice que tomes t tambin lo que quieras de m -aadi McCabe imponindole silencio con un dedo en los labios - . O acaso no lo has notado? Te 
deseo hasta la locura, Wynn, y precisamente por eso maana voy a tomar un avin y me marchar a Nueva York a pasar all el fin de semana. Tenemos que poner tierra 
de por medio hasta que el deseo se enfre un poco.
-No tengo intencin de seducirte si te quedas, si es lo que ests insinuando -le dijo ella con un mohn.
-Pero es que no hace falta siquiera que lo intentes, Wynn -replic l - , no lo sabes? Slo con una mirada y una caricia seras capaz de doblegar mi fuerza de voluntad.
Ella se sonroj de nuevo, y McCabe se levant, apartndose despacio y caminando de espaldas hacia la puerta, como si quisiera aprender de memoria sus rasgos o quedarse 
con la expresin de su rostro en ese momento.
-Buenas noches, Wynn -murmur, y sali cerrando suavemente la puerta tras de s.
A la maana siguiente, muy temprano, un taxi pas a recogerlo, y, todava en la cama, Wynn escuch cmo se cerraba la puerta de la entrada y al rato el vehculo 
se alejaba. Aquel iba a ser el fin de semana ms solitario de su vida.



Captulo 7


ANDY no la llam para disculparse ni tratar de hacer las paces con ella, aunque tampoco era que lo esperara ni lo deseara. Era slo que aquel era el primer fin de 
semana que pasaba sola desde que se haba comprometido.
Dios, echaba tanto de menos a McCabe...! Lo cierto era que no era la primera vez que tena esa sensacin, aunque hasta ese momento no haba querido admitirlo. Desde 
que McCabe se marchara de Redvale para hacerse corresponsal en el extranjero, lo haba echado tanto de menos, y se haba preocupado tanto por l, que ni siquiera 
se dio cuenta de la rapidez con que fueron pasando los aos. Y, al darse cuenta de que no tena intencin de volver, se haba enfrentado por fin al hecho de que 
poda acabar estando sola el resto de su vida, enamorada de un hombre que ni siquiera la haba besado, y esa desesperacin la haba empujado inconscientemente en 
brazos de Andy, aunque no lo amaba.
Pero McCabe haba vuelto, y la haba besado, y ahora que se haba vuelto a ir, aunque slo fuera por dos das, aquella horrible sensacin de desazn estaba apoderndose 
de nuevo de ella. Se pas el sbado arreglando cajones y armarios, para intentar mantenerse distrada, y el domingo, atrapada ya totalmente por la morria, pasaba 
cada dos por tres por la habitacin de invitados, donde aquellos das haba estado durmiendo McCabe. Se tumb en la cama, imaginndolo a l tumbado en ella, y observ 
las gastadas maletas que haba dejado, con las pegatinas multicolores de todos los pases que haba visitado. Y cada vez que recordaba cmo la haba besado y acariciado, 
le entraban ganas de florar. Cuando se fuera definitivamente sera mucho, mucho peor, se dijo. Hiciera lo que hiciera a partir de ese momento con su vida, se convertira 
en un infierno sin l, porque ahora tena recuerdos que la devoraran viva. En cierto modo haba sido mejor cuando no haba conocido aquellos besos y aquellas caricias.
McCabe no lleg hasta las nueve de la noche. Wynn escuch el ruido de un coche detenindose delante de la casa, cmo alguien se bajaba de l, y fue corriendo a abrir 
la puerta. McCabe apareci ante ella farfullando algo entre dientes, con la mochila que se haba llevado en un hombro, y apoyndose en su bastn al andar. Pareca 
que apenas hubiera dormido.
- Dios! -mascull mientras entraba en la casa-, esta dichosa pierna me est matando. Parece que me la estuvieran cortando.
Se dej caer en el silln junto a la chimenea, frotndosela, y ech la cabeza hacia atrs, cerrando los ojos dolorido.
- Wynn, podras darme un vaso de agua y un par de aspirinas? -le pidi abriendo los ojos.
-Enseguida -dijo ella dirigindose a la cocina.
Al rato volvi al saln con el vaso en una mano y las aspirinas en la otra. McCabe haba puesto la piema en alto, y el dolor pareca haber remitir un poco. Se tom 
las aspirinas, y sus ojos buscaron los de la joven.
- Has salido a algn sitio mientras he estado fuera? -inquiri McCabe, por no preguntarle directamente lo que quera preguntarle.
- S --respondi ella, sentndose tambin, sin decirle a dnde.
McCabe apur el agua que quedaba en el vaso.
- La verdad es que ha hecho muy buen tiempo - farfull l.
- S -asinti Wynn, frotndose la nuca y apartando la mirada.
Se hizo de nuevo un silencio.
-Ha venido Andy a pedirte perdn y os habis reconciliado? -inquiri McCabe bruscamente, sin poder posponer ms la pregunta.
Wynn alz la vista hacia l.
-No.
McCabe enarc las cejas.
- Pero has quedado con l. no? -murmur - . Antes me has dicho que habas salido...
-A llevar la basura -respondi ella. Se echaron a rer como dos tontos. -He estado pensando mucho estos dos das -le dijo McCabe.
-En qu?
McCabe se ri suavemente.
- Sabes muy bien en qu -se cambi ligeramente de postura, contrayendo el rostro de dolor al hacerlo-. He estado pensando en mi comportamiento de los ltimos das... 
en el hecho de que he estado intentando reorganizar tu vida, de que he estado ponindote las cosas difciles... -baj la mirada-. Mis motivos eran nobles, pero me 
temo que en algn punto los perd de vista.
La joven lo mir recelosa.
- Quiere decir eso que vas a dejar de entrometerte en mi vida?
- Oh, en absoluto -respondi l, sonriendo ante la confusin de Wynn-. De hecho, he llegado a la conclusin de que estaba en lo cierto: Andy te hace tanta falta 
como un dolor de estmago. Porque hay que ser muy rastrero para pegar a una mujer.
Wynn nunca hubiera imaginado que pudiera llegar a golpearla; Andy jams haba dado muestra alguna de ser violento. Aunque en cierto modo ella lo haba provocado, 
pens.
-Fue culpa ma -le dijo a McCabe-. Lo puse furioso al decirle que me estaba acostando contigo.
-Comprendo que se pusiera furioso -le respondi l-; a m tambin me habra ocurrido... pero yo jams te habra pegado.
- Lo s -murmur ella-. Probablemente me habras besado... como hiciste el viernes por la noche - le dijo ella rindose suavemente.
McCabe escrut su rostro en silencio, y de pronto fue como si el ambiente se cargara de electricidad al conjurar ambos en su mente el recuerdo de esa noche.
- Todo esto se me ha ido de las manos -le dijo l-. No pensaba llegar tan lejos.
Ella not que una ola de calor la inundaba: ella tambin se haba dejado llevar.
McCabe asinti con la cabeza, comprendiendo.
-Fue lo mismo para ti, no es cierto? Dos personas cuerdas que pierden el juicio al tocarse la una a la otra...
Wynn entreabri los labios, como si le faltara el aire.
- Yo... tengo mi propia vida, McCabe, y me gusta - le dijo-. No quiero... no quiero complicaciones.
-No quieres dormir conmigo -adivin l - . Por qu?
Ella baj la vista.
- Porque no podra sobrevivir a compartir algo as contigo y dejar que te marcharas.
-La verdad es que tal y como tengo la pierna tampoco yo creo que sobreviviera -dijo l rindose suavemente y frotndose el muslo-. Claro que con el estmulo adecuado...
Wynn se sonroj hasta las races del cabello, y se puso de pie.
-Me voy a la cama. Maana va a ser un da de mucho trabajo. Los lunes en un peridico siempre son as, recuerdas? Y creo que a ti tampoco te vendra mal dormir 
un poco...
McCabe se levant, cortndole el paso justo cuando iba a dirigirse hacia el pasillo.
-Te he echado de menos -le dijo con sencillez-. Es algo que nunca me ha gustado... echar de menos a alguien. Me hace sentir vulnerable.
-Bienvenido al club -le dijo ella con una risita nerviosa.
Y abandon el saln antes de que perdiera la fuerza de voluntad y se arrojara a sus brazos pidindole que le hiciera el amor.


El lunes, tal y como haba dicho Wynn, fue un da frentico. Era el ltimo da entero para reunir noticias y anuncios, ya que el martes por la tarde tenan que mandar 
el peridico a la imprenta. Wynn cubri una visita del gobernador en funciones, que haba ido a Redvale para tratar con el alcalde de su proyecto de expansin del 
abastecimiento de aguas. Fue al aeropuerto a la hora de su llegada, fotografi el apretn de manos entre el alcalde y l, y los sigui en la visita a las instalaciones 
de la concejala del Servicio de Aguas de la ciudad, sacando unas fotos ms y preguntando al vicegobernador por sus impresiones sobre el proyecto. Despus, regres 
a la oficina para escribir el artculo, y justo cuando estaba repasndolo, apareci McCabe.
-Quiero esto listo para maana -le dijo arrojando un fax sobre su mesa-. Rescrbelo y desarrolla la noticia.
Wynn le ech un vistazo y frunci el ceo.
-Pero es sobre un suicidio -murmur alzando la vista-. Ed nunca publica esta clase de noticias.
- Ed no est al mando ahora.
- Pero, McCabe. escucha... esta persona era un miembro de la comunidad. Ya es bastante duro para la familia. Si encima...
- Es una noticia; escrbela. Y cuando la hayas acabado, me la traes al despacho para que la lea -y volvi a su despacho cojeando y apoyndose en el bastn.
Wynn resopl. Acab primero el artculo sobre la visita del vicegobernador, y luego se puso con el suicidio. Odiaba tener que escribir sobre esas cosas, y al final, 
sin darse cuenta, termin redactndolo de tal modo que al leerlo ni siquiera pareca que hubiera sido un suicidio. Claro que en el fax deca que el departamento 
del sheriff todava estaba investigando las circunstancias que rodeaban la muerte del hombre, as que puso que haba fallecido "por causas desconocidas".
Cuando termin, fue al despacho de McCabe a llevarle la resea que haba escrito, tal como le haba pedido, y cuando ste la ley, se puso furioso.
- No muri "por causas desconocidas"... a menos que el hecho de que una bala le atravesara el cerebro te parezca algo misterioso! -rugi estampando el folio sobre 
su escritorio.
-Pero es que sta es una ciudad pequea -replic ella sin dejarse amilanar-. T slo vas a estar aqu un mes, pero cuando te hayas ido seguir viviendo aqu, y tambin 
Ed, y Judy, y Kelly, y Jess. Cmo crees que miraremos a esa familia a la cara si publicamos esto? Puede que t ests acostumbrado a ese periodismo que no respeta 
nada, pero aqu las cosas son distintas. Has visto cmo se apellidaba? -le dijo sealndolo en el papel-. No lo conoca personalmente, pero su familia es una de 
las ms respetadas en la comunidad. Cuando se propuso construir un parque, ellos cedieron el terreno; cuando se hizo una recaudacin benfica en navidades, donaron 
un montn de dinero; cuando se incendi el hogar de los Bume les dejaron una casa hasta que pudieron comprar otra... Esa familia es especial, McCabe. y no me parece 
justo que quieras utilizar una tragedia como sta para llenar un hueco en la portada del peridico. Pero si quieres publicarlo, adelante. Ponle el titular que quieras, 
pero que sepas que si lo haces, presentar mi dimisin. Prefiero estar en el paro a que me acusen de promover el sensacionalismo.
McCabe se haba quedado observndola con los ojos entornados.
- sa es precisamente la razn por la que no quera que te metieses en el mundo del periodismo -le dijo-. Eres demasiado blanda, Wynn, y te implicas cuando no deberas 
hacerlo.
-No es eso mejor que volverse de piedra y no tener sentimientos? -le espet ella acaloradamente-. Me esfuerzo por ser objetiva, McCabe, pero no me parece tico 
sacar provecho de una tragedia.
- Es una noticia! -insisti l - . Una noticia. Eso es lo que cuenta en este negocio, no los sentimientos y las dudas existenciales! No estamos aqu para hacer 
censura, sino para informar a la gente.
-Ah, pero es que ah es donde te equivocas- le dijo ella poniendo los brazos en jarras -: Ed dce que hay una lnea muy delgada entre lo que el pblico tiene derecho 
a saber y lo que necesita saber. Por ejemplo, si se tratara de un violento crimen, no estara discutiendo siquiera contigo, porque darlo a conocer hara que la gente 
estuviera ms alerta y pudiera protegerse, pero... informar sobre el suicidio de un hombre?, de una persona que se ha ido sin hacer ruido, por razones puramente 
personales?
McCabe ni parpade.
-Es una noticia, como cualquier otra.
Wynn resopl.
- Supon que fuera tu madre. McCabe contrajo el rostro.
- Llevas demasiado tiempo siendo corresponsal de guerra y viendo cosas horribles, eso es lo que pasa - le dijo Wynn - . Has olvidado lo que es ser periodista en 
una ciudad pequea. Lo digo en serio: si vas a publicar "esto" -le repiti tomando el papel por uno de los picos - , saldr por esa puerta y no volver a poner los 
pies en esta oficina. Y maana es martes, por si lo has olvidado.
McCabe inspir profundamente.
- Eso es chantaje, y no debera dejar que te salieras con la tuya -le dijo levantando la barbilla de un modo arrogante - , pero si tanto te importa, te dejar ganar... 
por esta vez -aadi recalcando esas ltimas palabras - . En el futuro, recuerda que esto es un peridico.
- Lo har -contest ella con una sonrisa triunfal..
Iba a darse la vuelta para salir del despacho, pero McCabe la agarr por la barbilla y plant un apasionado beso en sus labios dejndola aturdida. Todos los dems 
permanecieron en sus puestos, trabajando, pero aun as, ella se sonroj.
- No ha estado mal -murmur l, esbozando una leve sonrisa-, pero sera mejor si abrieses la boca y me dejases besarte como lo hice en tu habitacin...
- McCabe! -exclam ella tapndole la boca antes de que alguien pudiera orle.
l le tom la mano, la bes y le dijo con un guio:
- No tienes por qu preocuparte. Aqu ests a salvo: hay demasiados testigos.
Wynn puso los ojos en blanco y sali del despacho, regresando a su puesto. Se senta victoriosa. Le haba ganado la partida a McCabe.
Sin embargo, se equivocaba si pensaba que haba logrado ganar la guerra. Aquella tarde, mientras trabajaban. Wynn oy que se estaba imprimiendo un teletipo, y se 
levant para ver de qu se trataba. Estaba producindose un atraco en el banco. Rpidamente se apresur a buscar su cmara, y estaba metiendo un bolgrafo y un cuadernito 
cuando apareci McCabe.
-Dnde vas?
-Hay un atraco en el banco -respondi ella sin mirarlo, mientras se colgaba el bolso en bandolera-. Voy para all.
- Ah, no, ya lo creo que no! -gru l quitndole la cmara-. Vuelve a tu puesto.
- Pero, McCabe!
- He dicho que vuelvas a tu puesto! -repiti l, obligndola a sentarse - . Los ladrones de bancos llevan pistolas, por si no lo habas pensado!
-McCabe, ste es mi trabajo -replic Wynn-, me dedico a esto!
-Pues no cometers esta clase de imprudencias mientras yo est aqu -le asegur l. Pareca un poco plido - . Qudate ah sentada y sigue leyendo las noticias que 
lleguen por el teletipo. Cuando hayan detenido a esos tipos llamas a la polica o si quieres vas all y entrevistas a la gente del banco. Hasta puedes sacarles unas 
fotos a los atracadores cuando estn esposados, pero nada de salir de aqu mientras haya peligro. Entendido?
- Ed me dejara ir! -protest ella.
- Slo porque no podra detenerte -apunt l - . Ms te vale hacerme caso. O es que tienes ganas de pasar unas cuantas semanas en el hospital con un tiro en alguna 
parte de tu cuerpo? Tal vez debera dejar que vieses mi pierna -aadi mirndola con ojos relampagueantes-. Sabes el pedazo de agujero que puede hacerte un revlver?
- Yo... crea que te haban disparado con un rifle - balbuci ella.
-No, me dispararon a bocajarro con un revlver -respondi l - . Y si no hubiera sido por un amigo que tena en la junta militar que desvi el disparo de aquel tipo, 
y me ayud a escapar, me habran volado los sesos: iban a ejecutarme por intentar salvar a aquellos dos colegas franceses.
Wynn rompi a llorar por el impacto que la verdad haba causado en ella. Poda haber muerto, poda haber muerto... se dijo temblando de pes a cabeza.
-El periodismo puede ser una actividad peligrosa, Wynn -le dijo l, esbozando una leve sonrisa y acaricindole el cabello-, as que no te arriesgues si no es necesario, 
quieres?
Y se alej, entrando de nuevo en su despacho y cerrando la puerta tras de s.
Wynn no prest atencin al teletipo que segua sonando, imprimiendo nuevas noticias de ltima hora. No poda dejar de llorar. McCabe haba estado a punto de ser 
ejecutado... Si no hubiera sido por aquel soldado, ahora estara muerto, y ella nunca habra podido volver a or su voz, ni la habra abrazado, ni la habra besado... 
Slo pensar en ello era una autntica pesadilla, y fue entonces cuando comprendi que estaba enamorada de l, desesperadamente enamorada de l. Y cuando se hubiera 
repuesto por completo, volvera a tomar un avin y regresara a ese mundo, ese mundo violento y sangriento en el que pona su vida en peligro a cada segundo. En 
ese mismo instante supo que no podra soportar volver a pasar por aquella desazn de no saber si estaba bien, y aunque ya haba vivido esa situacin, las cosas seran 
distintas, porque ya no estara temiendo por un amigo al que admiraba como profesional, sino por el hombre al que amaba, sabiendo que, si lo perda, no encontrara 
a otro que la hiciera sentir como l la haca sentir.
Diez minutos despus, cuando las lgrimas haban cesado y estaba algo ms calmada, Kelly apareci como un torbellino junto a su mesa, con la emocin del principiante 
escrita en el rostro.
-Acabo de leer lo del atraco al banco en mi teletipo - le dijo muy excitado - . Creo que los han arrestado. No te importa que vaya yo, verdad? Te prometo que sacar 
buenas fotos.
Wynn le entreg la cmara como una zombie.
-No te olvides de usar el flash dentro del banco -farfull sin mirarlo.
-Tranquila, me acordar -respondi l tan contento. Entonces se fijo en la extraa expresin de su rostro-. Oye, ests bien?
Ella asinti.
-Entrevista tambin a los empleados y a los testigos que hubiera, Kelly.
-Claro -murmur l-. Bueno, pues hasta ahora.
Y sali corriendo en pos de la noticia.
Finalmente, no sin esfuerzo, Wynn logr meterse de nuevo en el trabajo, y antes de que se diera cuenta era hora de irse. McCabe apareci a su lado y le dijo quedamente:
-Vamos a casa.
Ella asinti con la cabeza, recogiendo sus cosas, y lo sigui fuera, despidindose de los otros en un tono apagado.
Despus de la cena, que ninguno de los dos pareci disfrutar, McCabe se fue al saln a ver las noticias, y mientras, Wynn se dio un bao para relajarse y acab de 
coser el bajo de un vestido que llevaba semanas arreglando. Cuando termin, le dese buenas noches a McCabe y se fue a la cama.
Estaba tan cansada que se qued dormida casi de inmediato, pero de madrugada la despert un grito. Parpade, escuchando en la oscuridad. Haba dejado la ventana 
abierta, pero cuando se levant y se asom a mirar, all abajo no haba nadie. Volvi a or gritos de nuevo, incomprensibles, y le pareci que provenan de la habitacin 
de McCabe.
Sali de su dormitorio y entr en el de McCabe sin llamar siquiera. ste estaba dando vueltas a un lado y a otro en la cama, sacudindose violentamente y farfullando 
algo en sueos. Con tanto movimiento, las sbanas haban cado al suelo, y Wynn advirti que McCabe estaba desnudo, pero estaba demasiado preocupada como para ponerse 
pudorosa.
-McCabe -lo llam zarandendolo suavemente tras sentarse a su lado en la cama-. McCabe, despierta...
Lo sacudi un poco ms fuerte, y finalmente consigui despertarlo. McCabe se incorpor como un resorte, con los ojos abiertos como platos, fieros y salvajes a la 
luz de la luna. Aspir por la boca con brusquedad, y Wynn advirti entonces que sus mejillas estaban hmedas.
- Oh, Dios...! -mascull temblando-. Dios! Se llev las manos a la cabeza, respirando con
fuerza.
- Oh. Wynn... temo que algn da no me despierte a tiempo...
Ella lo rode con sus brazos, y dej que apoyara la desaliada cabeza en su hombro, mientras le acariciaba suavemente el cabello para calmarlo.
-Est bien -le susurr-, ests a salvo, McCabe, ests a salvo.
l la abraz tambin, dejando escapar un enorme suspiro, y se aferr a ella sudado y an tembloroso, con el corazn desbocado.
-Te he asustado? -inquiri con voz cansada-. Lo siento. No deb contarte lo que te cont esta tarde... sobre cmo me dispararon -le dijo de repente-. Me arrepent 
en cuanto las palabras abandonaron mis labios, pero es que tena tanto miedo de que pudiera pasarte algo...
Ella contuvo el aliento.
-Tenas miedo... por m?
-Pues claro que por ti -respondi l, acaricindole la espalda.
- No habra sido la primera vez que cubriera una noticia que implicara peligro -le susurr ella.
-Eso precisamente fue lo que me asust, pensar que ya habas corrido peligro antes -replic l-, que poda haberte pasado algo y yo no habra podido impedirlo.
- S cuidarme perfectamente -le asegur ella-. No es esa tu frase favorita? -inquin rindose.
- S, supongo que la digo con demasiada frecuencia -asinti l, que poco a poco iba recobrando el aliento-. Dios, qu pesadilla ms horrible...
Las manos de Wynn volvieron a acariciarle el cabello.
-Quieres hablarme de ello?
- No. mejor que no -respondi l. La abraz con fuerza antes de soltarla y recostarse de nuevo, contrayendo el rostro-. Wynn. me parece que se ha deshecho la venda. 
Si enciendo la luz no te desmayars ni nada de eso al ver la herida, verdad?
Ms que la herida, ella tema el azoramiento que la invadira al verlo desnudo con la luz encendida, pero dijo quedamente:
-No.
McCabe alarg el brazo hacia la mesilla y accion el interruptor. La habitacin entera se ilumin, y l se sent con la espalda apoyada en el cabecero, frunciendo 
el ceo al bajar la vista hacia la pierna.
Wynn no pudo evitar seguir su mirada, y casi perdi por completo la compostura al ver la parte ms ntima de su cuerpo. Sus ojos verdes recorrieron el resto de su 
anatoma extasiados. Era... perfecto.
Sin embargo, al ver la herida, aquella sensual atraccin pas a un segundo plano.
-Oh, Dios, McCabe, no me extraa que te duela... - mascull apretando los dientes.
-Te importara ayudarme a limpiar la herida y ponerme una venda nueva? Mientras vas por el botiqun me tapar un poco con la sbana.
-No sabes lo que te lo agradecer -dijo ella rindose suavemente mientras se pona de pie. Tena el rostro tan encendido que pareca que hubiera estado corriendo 
kilmetros y kilmetros.
Cuando regres, con el antisptico y algodn en una mano, y una caja de vendas limpias en la otra, McCabe se haba tapado tal como le haba dicho, y en sus ojos 
haba una sonrisa maliciosa.
-Ojal hubiera tenido una cmara hace un momento - murmur mientras Wynn le limpiaba la herida-. Ha sido una experiencia verdaderamente reveladora.
- Cllate -le dijo ella sonrojndose de nuevo-. Estoy intentando pensar en ello como en una leccin inesperada de anatoma.
McCabe se ri, y Wynn le puso la venda procurando no disfrutar demasiado de la sensacin de sus fuertes msculos bajo sus dedos. Cuando hubo terminado, dej sobre 
la mesilla la caja de las vendas y el antisptico, y se sent derecha. No quera que l pensase que estaba preocupada por l, pero lo cierto era que no poda evitarlo.
-Crees que podrs volver a dormirte?
- Ha sido slo una pesadilla, cario -replic l. 
-No si la has tenido ms de una vez -murmur ella entrelazando las manos sobre el regazo-. Una vez me preguntaste con quin hablaba sobre las cosas del trabajo que 
me resultaban difciles de asimilar. Con quin hablas t, McCabe? -Es distinto; yo soy un hombre.
- Eso no te hace invulnerable -contest ella - . No hay por qu avergonzarse de tener miedo. Es algo normal.
McCabe se frot los ojos.
 - Supongo que tienes razn -murmur - . He estado en situaciones difciles en muchas ocasiones, pero esta ltima ha sido la vez que ms de cerca he visto la muerte. 
Sueo con ello casi todas las noches, slo que en esa pesadilla no hay ningn soldado amigo que me salve.
Ella tom una de las manos de McCabe en las suyas.
- Habame de ello.
-Ests segura. Wynn? No es una historia agradable.
-Estoy segura.
McCabe le habl del lugar de Centroamrica donde haba estado, de las luchas, de las matanzas y de la gente desesperanzada. Le habl de los nios que yacan muertos 
en las calles, de los periodistas del pas a los que asesinaban si se atrevan a publicar algo que fuera contrario al rgimen, del peligro al que se exponan los 
periodistas extranjeros cuando iban all, y de aquellos a los que haban matado. Le habl de los pobres campesinos muertos, de sus cuerpos abandonados en las cunetas 
sin que nadie se molestase en darles cristiana sepultura. Y despus, aunque le cost hacerlo, de la muerte de sus amigos, y de cmo los soldados los haban llevado 
a un pequeo edificio de piedra, y uno de ellos le haba apuntado a la cabeza.
Su mano apret la de la joven.
- Siempre piensas que ests preparado para morir -le dijo-, pero en ese momento te vienen a la mente todas las cosas que has dejado sin acabar. T eras uno de mis 
cabos sueltos, Wynn. Por eso he vuelto.
-Cabos sueltos? -repiti ella sin comprender.
-Todos estos aos, desde que tu padre muri, he querido reemplazarlo de algn modo, aun en la distancia: te escriba cartas, te llamaba por telfono, te mandaba 
tarjetas en las ocasiones especiales... - dej escapar un suspiro - . Pero nunca pens en lo sola que podas sentirte. Siempre me deca "bueno, tiene a su ta". 
Me dije que tena que volver, pasar algn tiempo contigo, conocerte de verdad. Y entonces, cuando habl con Ed y me dijo que ibas a casarte con Andy... tom el primer 
avin y vine hacia aqu.
-Pero por qu te molestaba tanto? -inquiri ella frunciendo el ceo.
-No lo s -respondi l con sinceridad-. La verdad es que no tiene mucho sentido que me irritase tanto. No me pareca peor que cualquier otro tipo... hasta que te 
peg -aadi con una mirada amenazadora-. No s, Wynn, supongo que me pareca que eras demasiado joven para casarte.
-Pues, por si quieres saberlo, muchos das me siento como si hubiese vivido mil aos -le confes ella.
-De veras? A m tambin me pasa algunas veces... sobre todo cuando estoy contigo -aadi esbozando una sonrisa.
-Vaya, supongo que eso me devuelve al jardn de infancia, eh? -dijo con un suspiro de resignacin.
-Es as como ha sonado? -inquiri l entrelazando sus dedos con los de ella-. Ya no te veo como a una nia, Wynn, te lo aseguro, igual que t tampoco me ves ya 
slo como a un amigo de tu padre, no es verdad?
Ella asinti y apart la vista.
- Si tuvieras unos aos ms y no fueras una chica inocente te llevara a la cama y pondra fin a este fuego que me devora por dentro -le dijo - , pero tal y como 
son las cosas no puedo hacerlo... as que creo que sera mejor que salieras de la habitacin antes de que arroje a un lado esta sbana y salte sobre ti.
Wynn se puso de pie, soltando su mano.
-No tienes que protegerme de ti, McCabe, soy una mujer adulta, no un animalillo asustado.
-Y qu se supone que quieres que haga? -le espet l irritado - , Que me case contigo? No comprendes que se sera un error colosal, t aqu y yo en otro pas, 
arriesgando mi vida? Porque no pienso abandonar mi profesin, Wynn, es mi vida.
- Eso ya lo s -replic ella-. De dnde ibas a sacar la inspiracin para tus novelas de tiros?
-No son novelas de tiros -le dijo l ofendido - , son novelas de aventuras, y no necesito meter las narices en golpes militares para escribirlas.
-Entonces por qu sigues trabajando como corresponsal? -exigi saber ella.
- Porque alguien tiene que hacerlo! Alguien tiene que contar lo que ocurre, para que no consigan acabar del todo con la libertad y la verdad! -le espet McCabe 
acalorado.
-Y por supuesto t eres el nico que puede hacerlo.
-Me encanta mi trabajo, Wynn, siempre me ha gustado lo que hago, y, como te he dicho, no quiero ataduras.
- S, me lo has dicho cien veces, pero yo s. Y ya que no creo que pueda encontrar a nadie mejor que Andy -le dijo ella desafiante - , har las paces con l, y t 
puedes volver a tus junglas y lograr que te maten. Me casar con Andy y tendremos montones de crios.
- Por encima de mi cadver! -le espet l, apasionadamente.
Wynn dio un respingo ante aquel ataque de ira, y se qued mirndolo boquiabierta. McCabe apart la sbana, y, sin importarle el sonrojo de Wynn, fue a su lado en 
dos zancadas, y la acorral contra la puerta.
- Soy demasiado viejo como para empezar a cambiar -le dijo - . No pienso cambiar de profesin, y no voy a casarme contigo.
-Quin te lo ha pedido? -le espet ella.
- Escchame bien, Wynn -continu l - . No puedes casarte con un hombre capaz de recurrir a la violencia con una mujer cuando...
- Si Andy me peg fue porque le dije que eras un amante maravilloso -lo cort ella.
Entonces fue McCabe quien se qued boquiabierto. Alz la barbilla ligeramente y frunci el ceo.
-Eso le dijiste?
Wynn asinti y sonri divertida.
-Qu tal eres como amante? -le pregunt con voz ronca. La proximidad y desnudez de McCabe estaba empezando a afectarla.
Una sonrisa lobuna se dibuj en los labios de l.
-Quieres que te lo demuestre, Wynn?
Ella baj la vista a su ancho trax. Habra dicho que s con todo su corazn, pero el pensar en las consecuencias fue suficiente para enfriarle la cabeza. No poda 
correr ese riesgo. Perderle ya sera bastante traumtico sin compartir algo tan ntimo con l.
-No -le dijo con un suspiro tembloroso-, no, es mejor que no llegue a saberlo nunca. Buenas noches, McCabe.
l se apart ante la seriedad en su voz, y la joven abri la puerta.
-Wynn -la llam l antes de que saliera. Ella se detuvo y se volvi - . Algn da encontrars a alguien... a un hombre que te d lo que quieres.
Acaso se haba dado cuenta, pens horrorizada, de que estaba enamorada de l? No se atrevi a mirarlo a los ojos.
- No estoy domesticado -le dijo l suavemente-. Soy como uno de esos pjaros que no resistiran vivir enjaulados.
- Yo no te he pedido nada -le record ella - . Por m puedes hacer lo que quieras, McCabe. Si quieres que te maten, adelante.
- Pero, es que no lo comprendes, Wynn? -le dijo l con un suspiro - . Podra morir en el extranjero, igual que podra ahora salir a la calle y que me atropellaran. 
Eso est en el destino de cada uno.
Su padre siempre le haba dicho eso mismo, pero era un pensamiento que nunca la haba tranquilizado.
-Tal vez tengas razn -murmur - . Y ya que lo dices, siempre me he preguntado qu tal se me dara eso de ser corresponsal...
McCabe se puso plido.
- Ah, no... ni se te ocurra! Ella lo mir desafiante.
-Por qu no? Soy mayor de edad. Puedo hacer lo que quiera. S, creo que me gustara ser corresponsal en el extranjero... por ejemplo en Oriente Medio...
- Ni hablar! Te lo impedir! -bram l.
- Cmo? -le pregunt Wynn con una sonrisa insolente.
McCabe parpade, como si la pregunta lo hubiera pillado con la guardia baja, y no pudo hacer otra cosa ms que quedarse mirndola iracundo.
- Ser mejor que descanses, y yo tambin -le dijo Wynn-. Ya sabes que maana es martes y hay que terminar la edicin de la semana. Buenas noches, McCabe, que duermas 
bien.
Se dio media vuelta y sali de la habitacin, cerrando la puerta detrs de s. Lo oy maldiciendo entre dientes mientras se alejaba por el pasillo, y sonri con 
malicia. Que probara un poco de su propia medicina...



Captulo 8


A LA maana siguiente, McCabe pareca un volcn al borde de la erupcin. - No vas a hacerte corresponsal; scate esa idea de la cabeza -le dijo con aspereza, mirndola 
furioso desde el otro lado de la mesa mientras desayunaban.
-Y eso por qu, porque t lo dices? -respondi ella enarcando las cejas para pincharlo.
- S, porque lo digo yo -farfull l apurando su caf y mirando el reloj - . Hoy no tenemos tiempo, pero maana, seorita, t y yo tendremos una larga charla.
Wynn se limpi los labios con la servilleta.
-Me temo que no -le dijo-. Maana por la maana tienes una reunin con los nuevos anunciantes, y por la tarde haba quedado en ir a verte ese tipo... cmo se llama? 
El de la imprenta.
McCabe mene la cabeza.
-Dios, ya no me acordaba de lo que era hacer un peridico -murmur.
- Hmm... ya te estn entrando ganas de tirar la toalla?
-No, le promet a Ed que no tendra que preocuparse durante su ausencia y cumplir mi palabra. Es slo que estoy desentrenado. Aunque he de decir que est resultando 
interesante.
- Yo no lo llamara interesante... -farfull ella mientras se pona de pie y sacaba del bolsillo las llaves del coche - . Sobre todo el da antes de que salga la 
edicin de la semana.
Hacia las dos de la tarde, McCabe estaba totalmente de acuerdo con ella despus de haberse pasado toda la maana contestando al telfono, quitando y poniendo de 
cada pgina, ideando titulares, metiendo anuncios de ltimo minuto... Y encima la pierna le dola horrores. Lo peor era que el tiempo pasaba volando y les faltaban 
horas, siempre les faltaban horas los martes, pero, tambin como siempre, al final, sobre las siete de la tarde, el esfuerzo de todos logr el milagro y el peridico 
estuvo listo con el tiempo justo de que Kelly lo llevara a la imprenta.
- Dimito! -anunci McCabe, dejndose caer en una silla y frotndose la pierna cuando el joven se hubo marchado a toda prisa.
- Demasiado tarde -le dijo Wynn-. Tienes que dimitir antes de las dos. si no nadie lo toma en serio. Adems, no te sientes ahora. Tenemos que llegar a casa pronto 
para que pueda asearme y cambiarme. T has acabado, pero a m an me queda por cubrir un pleno del Ayuntamiento esta noche.
-Esta noche? -exclam l. Wynn asinti con la cabeza mientras se colgaba el bolso.
- El pleno se celebra el primer martes de cada mes, y esta noche van a discutir ese proyecto del alcalde. Quieres venir?
McCabe casi se ri.
-Qu? Crees que lo encontrar entretenido?
Wynn le dio la espalda.
-No, supongo que despus de ver tanto mundo ya no interesan los problemas de una pequea ciudad,
- Perdona -murmur McCabe-. Me lo mereca. Claro que s, Wynn, me gustara ir contigo.
Al llegar a casa, Wynn se arregl, tomaron una cena rpida y se fueron al ayuntamiento. A la joven le divirti ver la sorpresa en el rostro de los asistentes cuando 
vieron llegar a McCabe. Todos saban que estaba en su casa como husped, pero la mayora haca aos que no lo vea.
Harry Lawson le estrech la mano antes de que comenzara la sesin plenaria.
-Espero que le dediques la primera plana a mi proyecto -le dijo.
-De hecho ya la ocupa -respondi McCabe.
El alcalde sonri.
-Vaya, eso es estupendo, pero me temo que si ya lo habis mandado a la imprenta tendris que rehacer la portada despus de este pleno -le confi-. Tengo una noticia 
estupenda que comunicar ms tarde.
Wynn abri mucho los ojos al orlo.
- Seguro que ha conseguido que el gobernador le conceda esa subvencin! -le susurr muy excitada a McCabe cuando se hubieron sentado - . Me apostara la paga de 
una semana a que es eso.
l la mir con curiosidad.
- Verdaderamente ests muy interesada en este proyecto, eh?
Ella asinti.
- El abastecimiento de agua es uno de los problemas ms serios que tiene nuestra ciudad -le dijo-. Todo el mundo cree que es un bien inagotable, pero no es as. 
De hecho, los ndices de lluvias cada vez son ms bajos en muchas regiones del Estado, y la creciente demanda de agua por parte de los municipios, la industria y 
la agricultura amenaza con igualar la cantidad total del abastecimiento anual de agua... y qu pasar cuando la exceda?
McCabe se qued mirndola con el ceo fruncido.
-Aqu no puede pasar eso -replic - . Tenemos dos ros muy caudalosos.
- Deberas leerte un estudio de los niveles de agua que tengo entre mis archivos. Te sorprendera ver que casi cada gota de agua de esos nos ya habr sido asignada 
a distintas necesidades dentro de diez aos.
-Dios!
- Ahora comprendes las implicaciones que tiene la falta de agua, verdad? -le dijo ella-. Las ciudades dejarn de crecer porque la industria necesita agua para poder 
funcionar, y por esa misma razn se paralizar la construccin de viviendas y edificios, y la agricultura sufrir cuando haya sequa.

En ese momento el alcalde pidi la atencin de los asistentes, y los dos se volvieron hacia el estrado. Aquella era la primera vez que Wynn vea a McCabe tan interesado 
en algo, atento a cada palabra que se pronunci, desde las explicaciones del alcalde, hasta las preguntas formuladas por los concejales y otros asistentes. De hecho, 
incluso empez a tomar notas, y a hacer preguntas. Wynn se sinti orgullossima de l, vindolo hablar y comportarse como el periodista con aos de experiencia que 
era. Las buenas noticias del alcalde eran que el gobernador haba concedido a Redvale una subvencin no ya de cinco mil dlares, como haban solicitado, sino de 
diez mil. Hubo un serio debate y algunas objeciones de quienes no queran que la ciudad se endeudara tanto como se iba a endeudar con aquel proyecto, pero el alcalde 
manej bien el asunto, y logr convencerlos de modo que cuando se efectu la votacin todos los concejales se mostraron a favor. El proyecto estaba en marcha.
-De qu estabas hablando con el alcalde despus de la reunin? -le pregunt Wynn a McCabe cuando iban de vuelta a casa en el coche.
- De su proyecto -le confes l con una media sonrisa - . Le he dicho que estara encantado de ofrecerle gratis mis servicios como relaciones pblicas si lo necesita: 
su idea podra interesar a algunos peridicos nacionales, o al menos estatales.
-Eres maravilloso -le dijo ella con una mirada de admiracin.
-Me alegra que pienses eso. Gira a la derecha, Wynn -le dijo cuando llegaron a un cruce.
-No vamos a casa?
-No, volvemos al Courier. Vamos a cambiar la portada y el editorial. No podemos esperar otra semana para publicar la noticia que ha dado esta noche el alcalde.
-Cierto -asinti ella, feliz por verlo tan entusiasmado.
- Gracias por invitarme a ir contigo, Wynn -le dijo l quedamente - . He disfrutado mucho. De verdad, mucho. Estoy empezando a darme cuenta de que incluso en ciudades 
pequeas como sta puede haber grandes retos.
Wynn gir el rostro hacia la ventana y se sonri. Aquello era exactamente lo que haba deseado que ocurriera desde el principio. Saba que a McCabe le gustaban los 
retos, las peleas, y en Redvale haba mucho por lo que luchar.
Era ms de medianoche cuando regresaron a la casa, habiendo dejado las pginas casi listas en la oficina para darles un ltimo toque a primera hora de la maana 
y llevarlas a la imprenta. Suerte que el director de sta era un hombre comprensible, se dijo Wynn.
La joven se diriga ya a su habitacin cuando McCabe la llam desde el saln. Wynn se dio la vuelta, y l fue hasta ella con el bastn.
- Si no vas a dormir conmigo al menos podras darme un beso de buenas noches -le dijo con una sonrisa lobuna.
Wynn escudri sus ojos largo rato. -Esta noche me he sentido muy orgullosa de ti - le dijo sin pretenderlo.
McCabe incluso se puso rojo.
- Yo siempre me he sentido orgulloso de ti -le contest.
Apoy el bastn en la pared y la atrajo hacia s, abriendo las piernas de manera que qued atrapada entre ellas.
- McCabe! -exclam nerviosa.
- Qu? Es que quera ver si poda soportar tu peso contra mis piernas -le explic l rindose-. No estoy intentando escandalizarte ni nada parecido.
-Eso s que es una novedad -murmur ella, mirndolo a los ojos.
La calidez de su cuerpo la estaba haciendo sentirse dbil. Puso las palmas de las manos abiertas sobre su trax, y pudo notar el corazn de l latiendo con la misma 
fuerza que el suyo.
McCabe entrelaz las manos tras la espalda de Wynn, e inclin la cabeza para apoyar su frente en la de ella.
-Quiero tumbarme contigo, Wynn -susurr contra sus labios-. Contigo, y sobre ti, y debajo de ti - sus grandes manos subieron y bajaron por su espalda-. Deja que 
te ensee hasta qu punto me excitas...
Baj las manos hasta el hueco de la espalda de Wynn, y empuj sus caderas contra las de ella en un movimiento repentino, sorprendindola.
Wynn tom aire, sonrojndose profusamente.
- Soy un hombre, y te deseo. Es algo que no puedo evitar -le dijo McCabe-. Y no me siento preparado para algo indefinido, pero al menos podramos dormir juntos.
Wynn sacudi la cabeza, apoyndola en el hombro de l cuando la sensacin de su cuerpo excitado empez a marearla.
-No puedo, McCabe... -murmur-. Lo siento, no puedo.
l dej escapar un suspiro. La joven levant la cabeza y vio que tena el rostro contrado.
-Te duele la pierna?
- En realidad la incomodidad que siento ahora mismo es de otro tipo, Wynn -le dijo l, logrando que ella se sonrojara de nuevo-, pero la verdad es que s tengo ganas 
de poner la pierna a descansar - admiti con una media sonrisa.
- Y pasars bien la noche? No quieres una aspirina?
- Me sentira mucho mejor si te vinieras a la cama conmigo -murmur l.
Wynn volvi a bajar la vista a su pecho.
- Pero es que... no puedo.
- Pues claro que puedes! -replic l.
Sus manos tomaron la cabeza de Wynn y la sostuvieron mientras sus labios descendan sobre los de ella. Haciendo una ligera pero sensual presin, logr que los abriera, 
y respondiera a su ardiente beso hasta que la tuvo jadeando y clavndole las uas en el pecho.
-Wynn... -murmur sofocado por la pasin que lo inundaba. Sus manos descendieron hasta los senos de la joven, cubrindolos y acaricindolos - . Oh, Wynn, Wynn... 
nunca haba deseado a nadie de esta manera...
Los dedos de la joven, que estaban movindose arriba y abajo por la pechera de su camisa, se detuvieron en uno de los primeros, jugueteando con l.
- Yo tambin te deseo, McCabe -balbuci-, pero...
-Nada de peros -la interrumpi l con voz ronca.
---Es que... cmo vas a poder... con la pierna...? -inquiri Wynn.
-Hay maneras y maneras -farfull l. Sus ojos se haban oscurecido por la pasin - . Qutate la ropa y te lo mostrar.
- Sers...! No pienso quitarme nada! -le espet ella apartndose.
- Seguro que tienes un cuerpo precioso -murmur McCabe dejando que sus ojos recorrieran su figura una y otra vez hasta que la joven se estremeci por dentro.
- McCabe! Eres incorregible... No deberas hablarme de ese modo.
-Me temo que por el momento es lo nico que puedo hacer -contest l con un suspiro de fastidio-. Podra desvestirte yo a ti y t a m, y luego nos tumbaramos en 
mi cama, con la luz encendida, y haramos el amor en todos los sentidos... pero sin llegar al final.
Wynn trag saliva.
- Y qu pasara luego? De verdad crees que podra compartir contigo algo tan ntimo y tomarlo como s fuera simplemente algo placentero?
-La mayora de la gente se lo suele tomar as - respondi l frunciendo el ceo ligeramente.
-En tu mundo quiz -asinti ella-, pero no en el mo. Has estado fuera mucho tiempo, McCabe, te has distanciado de esta comunidad, pero yo no. Aqu para muchos esa 
clase intimidad todava es algo sagrado, algo que ocurre entre marido y mujer. Tiene un significado.
McCabe la mir como si fuera de otro planeta.
- Dios!, y yo que pensaba que Andy tena prejuicios...
- Siento decepcionarte -le dijo ella con sarcasmo-, pero no me van esos juegos de alcoba. Y antes de que me hagas algn comentario mordaz, no, no espero que me hagas 
una proposicin de matrimonio a cambio de unas horas de sexo.
McCabe la mir como si lo hubiese abofeteado. Su rostro haba enrojecido ligeramente, y haba ira en sus ojos, y en los dedos que apretaron su cintura.
-Ests haciendo que suene como algo reprobable -le dijo irritado.
-Porque para m lo es -contest ella-. Para m el sexo no es un pasatiempo, aunque parece que para ti s lo es.
-Para m no ha podido ser otra cosa -le dijo l, sorprendindola-: por mi trabajo no he querido ni he podido formar una relacin duradera con ninguna mujer.
-Yo comprendo eso. McCabe, pero...
- Slo quiero tumbarme a tu lado y darte placer -la interrumpi l quedamente-. Acaso hay algo de vergonzoso en eso?
Ardientes lgrimas acudieron a los ojos de Wynn, y tuvo que cerrarlos para contenerlas.
-No -musit-, pero no podra soportar no tener nada ms que el recuerdo despus de eso, cuando te marches.
Las manos de McCabe se quedaron inmviles en torno a la cintura de la joven, y ella advirti que su respiracin se haba tomado entrecortada.
- Qu ests intentando decirme, Wynn? -Que preferira no saber lo que sentira al hacer el amor contigo... -le dijo con una voz que no era la suya-... aunque no 
llegramos hasta el final.
-Pero, por qu?
Wynn entreabri los labios y se inclin hacia delante, apoyando la cabeza en su pecho y frotando el rostro amorosamente contra l.
- Porque slo empeorara las cosas -solloz, cansada de subterfugios y de mentiras - . Yo querra compartir esa intimidad contigo, pero no puedo conformarme slo 
con los pedazos, lo quiero todo. Tal vez sea pedir demasiado, pero no podra soportar compartir eso contigo y ver luego cmo sales de mi vida. Me destrozara, no 
lo comprendes? Esto ya es bastante difcil para m tal y como estn las cosas!
McCabe subi las manos a la nuca de la joven, peinndole suavemente el cabello, y Wynn not un ligero temblor en sus dedos que no comprendi.
McCabe inclin la cabeza, y ella pudo escuchar su aliento entrecortado en la oreja, mientras sus manos se contraan y apretaban su mejilla contra su clido pecho.
- Qu ests dicindome, Wynn? -le pregunt de nuevo con voz ronca.
Ella cerr los ojos y dej que su cuerpo descansara sobre el de l, permitiendo que la tensin la abandonara en un suspiro tembloroso.
-Que te quiero -susurr.



Captulo 9


McCABE no dijo nada. Pareca que haba dejado de respirar; sus manos, en la nuca de Wynn, se haban quedado inmviles, y ella pudo notar como se tensaba todo su 
cuerpo.
Hasta ese momento, Wynn no se haba dado cuenta de hasta qu punto haba ansiado que se sintiera feliz con su confesin, de que le respondiera que senta lo mismo, 
y le pidiera que se casara con l. En cambio, McCabe no dijo nada, y ella se sinti rechazada. No se haba sentido peor en toda su vida.
Se apart de l sin querer mirarlo a los ojos, y se ri nerviosamente.
-Tranquilo, no te preocupes. No voy a tirarme desde un puente o a tumbarme en la va de un tren - le dijo yendo hasta la puerta entreabierta de su dormitorio-. Es 
slo que... pens te hara las cosas ms fciles si comprendieses la situacin. Yo... me siento muy vulnerable cuando estoy contigo, y si me hubieras presionado 
habra acabado acostndome contigo. Pero tambin te habra odiado... a ti y a m misma, y nunca lo hubiera superado. As que deja de intentar seducirme, quieres? 
-aadi, soltando una risa temblorosa-, porque puede que para ti todo esto no sea ms que un juego, pero para m no lo es.
Se dio media vuelta e iba a entrar en su dormitorio, cuando McCabe la agarr por el brazo y la hizo girarse de nuevo hacia l.
-Wynn, esto no es ningn juego -le dijo suavemente.
Y antes de que ella pudiera protestar, la tom por la barbilla, alzndole el rostro, y la bes. Aquel beso fue distinto de todos cuantos ella haba recibido hasta 
entonces, distinto incluso de los que le haba dado l. Los labios de McCabe rozaron los suyos, presionando ligeramente para que los abriera, y empez a tantearlos 
en medio de un silencio cargado de emocin. Sus manos la atrajeron hacia su fuerte cuerpo, y el beso se convirti en algo que era muchsimo ms que la unin de dos 
bocas. Era un beso lento y apasionado, pero a la vez increblemente tierno.
-Te parece esto un juego? -susurr l contra sus labios - . Nos casaremos, Wynn... -le dijo con voz ronca-... en cuanto tengamos la licencia de matrimonio.
- No! -exclam ella, sacudiendo la cabeza-. No, McCabe...
- S -murmur l, inclinndose y besndola otra vez despacio, lnguidamente, y esbozando una sonrisa cuando not que ella se arqueaba involuntariamente hacia l.
-Te... te odiars si te casas conmigo, cuando pase la novedad, cuando me hayas hecho tuya... -murmur ella con una mirada de angustia en sus ojos verdes-. Preferira 
que simplemente nos acostsemos...
McCabe mene la cabeza.
- No, todava no.
- Oh, tu pierna, claro -murmur ella bajando la vista-, lo haba olvidado.
- No, mi pierna no, mi conciencia -le dijo tomndola de la barbilla y haciendo que lo mirara a los ojos-. Adems, no puedo pretender que sigas mi ritmo, as que 
nos casaremos y veremos cmo va.
- S, y volvers corriendo a Centroamrica a la primera oportunidad -le espet Wynn.
- Ya te he dicho que no tengo intencin de dejar mi trabajo -le dijo l -. Es mi vida.
- S, eso ya lo veo -respondi ella con tristeza y amargura-. No me casar contigo, McCabe. No podra soportar tener que quedarme aqu, preocupndome de si estars 
herido o moribundo en alguna selva o un desierto.
-Lo quieres todo a tu manera, no es verdad? - le dijo McCabe irritado, apartndose de ella-. Quieres que me quede en Redvale, y que escriba libros, y que me olvide 
de mi trabajo como corresponsal, no es eso?
- S, es exactamente eso -le contest ella apretando los puos-. Acaso crees que me gustara tener que criar sola a nuestros hijos? O pasar sola los cumpleaos, 
aniversarios, las vacaciones...? O estar semanas sin cartas ni llamadas cuando ests incomunicado? Y qu le dira a los nios: "S, tenis un pap, aqu est su 
foto; podris verlo entre guerra y guerra"?
McCabe pareca ms y ms furioso por segundos.
- Pues acptame como soy o bscate a otro! Ya te lo he dicho muchas veces, Wynn: no voy a cambiar. Ests siendo muy poco razonable y lo sabes.
- Oh, ya veo..., as que estoy siendo poco razonable - murmur ella-. Y qu es lo que me ofreces t. McCabe? Unos cuantos revolcones dos o tres veces al ao? Porque 
con tu trabajo es lo mximo que obtendr.
- Oh!, por favor! Ests llevndolas cosas al extremo. Y dices que me amas? Qu clase de amor es ste? Un amor que pone condiciones?
-Es la clase de amor que quiero -le dijo ella calmndose. Escrut su moreno rostro, adorndolo a pesar de todo-. No no me casar contigo, McCabe, y tampoco me acostar 
contigo. Puede que tuvieras razn y Andy no sea el hombre adecuado para m, pero quiz algn da encuentre a alguien a quien ame lo suficiente como para casarme 
y formar una familia. Un hombre que est dispuesto a dar tanto como reciba.
Y, sin volverse a mirarlo, entr en su dormitorio y cerr la puerta tras de s, echando el pestillo. Se puso el camisn, se meti en la cama, apag la luz, e ignor 
el golpeteo de McCabe en la puerta, rogndole que abriese. Finalmente debi darse por vencido, porque lo oy alejarse por el pasillo, y cmo se abra y se cerraba 
la puerta de su propio dormitorio. Demasiado cansada incluso para darle vueltas a las amargas palabras que se haban cruzado, pronto se qued dormida.
 
McCabe estaba sentado tomando caf cuando entr en la cocina a la maana siguiente.
-Te he servido una taza al or el agua de la ducha -le dijo en un tono que no denotaba ninguna emocin - . Todava debera estar caliente.
Wynn tom asiento frente a l, pero no lo mir. An senta vergenza por el modo en que le haba abierto su corazn la noche anterior.
-No quieres unas tostadas, o cereales, o...? -le pregunt secamente.
-No, ahora mismo no podra probar bocado - respondi l con idntica aspereza-. Esta semana seguir en el Courier, pero despus pienso volver a mi trabajo.
Wynn haba estado esperando aquello, pero eso no evit que sintiera una punzada de dolor en el corazn. Por qu tendran que llenrsele los ojos de lgrimas en 
ese preciso momento?
-Has odo lo que te he dicho? -inquiri McCabe.
Ella inspir despacio, y se llev la taza de caf a los labios. Trat de hablar, pero no le salan las palabras, as que asinti con la cabeza.
-No vas a discutir conmigo esta maana? -le espet soltando una risa sarcstica y entornando los ojos.
Wynn se lami los labios para limpiar una gota de caf y neg con la cabeza. Tom otro sorbo, pero la mano le temblaba de tal modo, que tuvo que dejar la taza de 
nuevo sobre su platillo.
- Wynn, no me hagas esto! -le rog l en un tono que delataba su angustia.
Se levant de la silla y la agarr, alzndola en sus brazos para abrazarla hasta casi dejarla sin aliento, y sin  importarle el dolor de la pierna. Busc frenticamente 
los labios de la joven, y cuando los encontr dej escapar un gemido ahogado y la bes, la bes, la bes...
- McCabe... -solloz Wynn contra sus labios. Le rode el cuello con los brazos y volvi a besarlo-. Tu pierna...
-Al diablo con mi pierna... -farfull l jadeante.
Mordisque suavemente sus labios, y los estimul de todas las maneras posibles arrastrndola con l a un remolino de sensualidad que hizo que el deseo de ambos fuera 
in crescendo.
Wynn se aferr a l, mostrndole con sus besos cunto lo amaba, y pasaron varios minutos antes de que l despegara sus labios finalmente de los de ella y la dejara 
de nuevo en el suelo, aunque tuvo que sujetarla, porque la joven estaba demasiado aturdida como para mantener el equilibrio.
-No me importa que te marches -susurr ella con los ojos llenos de lgrimas -  No me importa!
- S, ya lo veo -dijo l con voz temblorosa. Tom el rostro de Wynn entre sus clidas manos y la bes en las mejillas, limpindole las lgrimas.
-No es culpa ma -solloz ella-; t no deberas haber vuelto, no tenas derecho a arruinar mi vida!
- Es verdad, Wynn, pero tena que volver. El pensar que pudieras acabar casndote con Andy estaba matndome. Y, cuando volv a verte, supe que ya no volvera a ser 
el mismo. Wynn, yo quiero ser libre, pero mientras t vivas, no podr volver a serlo.
Las lgrimas volvieron a acudir a los ojos verdes de la joven. No estaba diciendo las palabras que ella ansiaba que dijera, pero poda notar que el mismo sentimiento 
que haba despertado en su corazn estaba en el de l. No era eso lo que se reflejaba en sus ojos atormentados?
- No llores -le rog McCabe - . No puedes imaginarte lo que me duele verte llorar.
Ella se sec los ojos con el dorso de la mano.
- Siento haberte presionado -le dijo quedamente-. No te pedir nada ms. Tomar lo que puedas darme en vez de pedirte la luna -y lo mir a los ojos con tanto amor 
y confianza, que McCabe gimi e inclin la cabeza para besarla apasionadamente.
- Dios, por qu tienes que ser tan maravillosa? Me haces sentir el ser ms rastrero sobre la tierra - farfull - , Pero es que no puedo dejar mi trabajo, Wynn, 
todava no... Dentro de unos aos quiz pueda conformarme con informar sobre la poltica de una pequea ciudad y escribir novelas, pero... ahora no... Ojal pudiera. 
Ojal pudiera darte todo lo que quieres, y la luna, y las estrellas, y miles de rosas.
-Est bien, no tienes que disculparte -murmur ella, capitulando por completo.
- No vas a seguir intentando convencerme de que cambie? -inquiri McCabe suspicaz. No era propio de ella darse por vencida tan fcilmente.
Wynn neg con la cabeza y esboz una sonrisa triste.
-Por qu iba a querer cambiarte? Te quiero - le dijo con sencillez.
Y entonces, cuando estaba a punto de hacerle creer que era feliz con aquel arreglo, empez a temblarle el labio inferior, delatando que no era as, pero estaba dispuesta 
a conformarse.
McCabe la atrajo hacia s y apoy su frente en la de ella con un suspiro cansado.
- Csate conmigo, Wynn. Ya hallaremos la manera de resolver nuestros problemas. No puedo vivir sin ti, eso es lo nico que tengo claro.
Sus labios descendieron hasta los de ella, y sus manos subieron de su cintura a sus senos.
- McCabe? -murmur ella temblorosa.
- Shhh... -le susuit l. Sus manos bajaron hasta los muslos de la joven y los apret suavemente contra los suyos, sin importarle que aquello le provocara un poco 
de dolor-. Ponte de puntillas, Wynn.
Ella hizo lo que le deca y emiti un intenso gemido al experimentar una sensacin distinta a todas las que haba experimentado en su vida, una sensacin que la 
hizo estremecerse de arriba abajo.
- Wynn...! -jade l, besndola apasionadamente, hacindole abrir la boca, introducindole la lengua.
Ella respondi al beso con fervor, y las manos de McCabe se deslizaron por debajo de la blusa que llevaba puesta, acaricindole la espalda y desabrochndole el sostn, 
para buscar sus senos y masajearlos, dibujar arabescos en ellos y estimular los pezones con las yemas de los dedos, hasta que Wynn tuvo la sensacin de que no podra 
volver a respirar con normalidad jams.
-Tmbate conmigo en el sof -le dijo l con voz ronca, hacindola caminar de espaldas hacia l.
Wynn no dijo una palabra, ni protest. Se tumb como le peda, y observ cmo se quitaba la camisa antes de tenderse de costado junto a ella. Sus dedos temblaban 
cuando alarg ambas manos para tocar el
pecho de McCabe. Estaba respirando ligeramente, y notaba algo hmedo el velio rizado que cubra los fuertes msculos.
-Me encanta tocarte -le susurr.
- Y a m tocarte a ti -contest l quedamente. Se apoy en el codo y le dio un tironcito de la blusa-. Qutatela, Wynn.
Ella vacil un instante, pero finalmente se incorpor un poco y se deshizo de ella y del sostn para volver a tumbarse a su lado, y los dedos de McCabe recorrieron 
la sedosa piel de sus senos mientras la miraba extasiado. Inclin la cabeza con una leve sonrisa, y empez a mordisquearlos, y a besarlos con la boca abierta, hasta 
que ella se arque hacia l con un gemido ahogado.
Sus manos se deslizaron tras su espalda, tomndola por los omplatos para mantenerla en esa posicin mientras devoraba aquellas gloriosas cumbres. Wynn se estremeci 
de puro placer, y se aferr a l, asindole la cabeza y acercndola an ms a su pecho.
Cuando McCabe levant la cabeza para tomar aliento, ella alarg las manos hacia su trax y empez a acariciarlo de nuevo, bajando hasta la cintura, y l las gui 
an ms lejos, dentro del pantaln. Cuando los estilizados dedos femeninos rozaron su vientre, se estremeci, como le haba ocurrido antes a ella.
- Oh, McCabe... -susurr Wynn.
Slo dej que lo tocara unos segundos antes de apartar sus manos, pues sus caricias, aunque inexpertas, eran enloquecedoras, y se coloc sobre ella apoyndose en 
los codos, mirndola a los ojos mientras entrelazaba sus piernas con las de ella en un contacto muy ntimo, de modo que ella pudiera notar su excitacin.
-No te duele la pierna? -inquiri ella preocupada.
- Horrores -admiti l con una luz salvaje en su mirada-, pero ya casi ni lo siento. Lo nico que siento es a ti, Wynn, toda seda y fuego, y te deseo de tal modo 
que sera capaz de entrar corriendo desnudo en un bosque en llamas sin notar el calor.
Los dedos de ella acariciaron su rostro amorosamente.
- Pues entonces tmame, tmame si lo necesitas -le susurr. Te dejar.
McCabe trag saliva y sus ojos descendieron hasta los labios de Wynn.
- Quiero hacerlo -le dijo-, pero no creo que pueda.
Wynn reprimi una sonrisilla, y l no pudo evitar sonrer tambin.
- No me refiero a eso, pequeo diablo -le aclar-. Como estars notando sera perfectamente capaz de hacerlo ahora mismo; es que no quiero estropear las cosas slo 
por satisfacer mi deseo. Quiero verte avanzando por el pasillo de una iglesia vestida de blanco, y que todo el mundo sepa que no te hice renunciar a tus principios 
slo porque para el resto del mundo hayan perdido su sentido, y eso no podr ser si seguimos tumbados juntos en este sof -aadi con un suspiro, rodando hacia el 
lado y quedndose tendido de costado junto a ella de nuevo.
Wynn sinti en ese momento que lo amaba ms que nunca. Se acurruc contra l y hundi el rostro en el hueco de su hombro, colocando un brazo sobre su pecho desnudo.
Pasaron as varios minutos, deleitndose en el calor del cuerpo del otro, cuando de repente McCabe murmur con voz soolienta:
-Qu tal si nos tomamos el da libre y no vamos a trabajar?
La palabra trabajar bast para que Wynn diese un bote, se bajara del sof saltando por encima de l, y corriera como una loca a mirar el reloj que haba sobre el 
televisor.
- Las nueve y media! -exclam horrorizada-. Llegamos una hora tarde! Y yo tengo una entrevista a las diez!
- Vaya, vaya, el tiempo se pasa volando cuando se est tumbado en buena compaa en un sof, eh? - murmur McCabe con una sonrisa divertida al verla sonrojarse 
- . Lstima que no estemos casados ya... Y, por cierto, no hemos terminado de hablar de eso. Podemos ir a hacernos los anlisis de sangre esta maana, y la semana 
prxima ir a arreglar los papeles del juzgado. Le pediremos a Judy y Jess que sean los testigos, a Kelly que haga las veces de padrino, al viejo predicador Barnes 
de la parroquia presbiteriana que nos case y... -mir a Wynn, que estaba quedndose pasmada al ver la rapidez con que estaba planendolo todo - . Porque sigues siendo 
presbiteriana. verdad? -inquiri, y cuando ella asinti, aturdida, continu - : Pues entonces... podramos casarnos el sbado, qu me dices?
Wynn asinti de nuevo con la cabeza, sintindose como si estuviera dentro de un sueo.
- Bueno, pues habr que ponerse en marcha - dijo McCabe sentndose, abrochndose la camisa y calzndose los zapatos-. Queda mucho por hacer.
Esos pocos das pasaron volando. El viernes por la tarde ya se haban hecho los anlisis, McCabe haba obtenido la licencia, la ceremonia estaba fijada para las 
diez de la maana del da siguiente, y Wynn estaba mirando por la ventana desde su puesto en el Courier, intentando imaginar su vida de casada junto a McCabe, que 
en esos momentos estaba en el ayuntamiento, porque el alcalde quera concretar su oferta de dar publicidad a su proyecto en la prensa nacional.
Durante aquellos das se haban besado, pero no se haba repetido aquel fogoso interludio en el sof. A ella le haba sabido a poco y le haban quedado ganas de 
ms, pero McCabe se haba tomado muy en serio su promesa de respetarla. Suerte que ya slo tendra que esperar unas horas ms.
Dej escapar un pesado suspiro. Haran el amor al fin, s, pero, qu pasara cuando l decidiese regresar a Centroamrica?, porque segua en la plantilla de la 
agencia de noticias, y nicamente estaba de baja hasta que se restableciese. La amaba... slo que no lo suficiente como para dejar su trabajo por ella.
El ruido del telfono la sobresalt, y se apresur a contestarlo.
- Courier. Le atiende Wynn Ascot; en qu puedo ayudarle?
- Wynn! Justo contigo quera hablar -le dijo una voz de mujer al otro lado de la lnea. Wynn la conoca. Era una de las dependientas de la farmacia-. Escucha, te 
has enterado de lo que est pasando en la fbrica de algodn? Hay un montn de coches de polica por el lugar, dando vueltas como locos, y el viejo Mike Hamm dice 
que ha odo que han acorralado all a un asesino que se ha fugado de la crcel del condado. No te ha salido nada en el teletipo?
Wynn se volvi para comprobarlo.
- Oh, s, ya lo veo -murmur leyendo los mensajes urgentes entre la polica local y el departamento del sheriff, donde como deca la mujer se mencionaba la fbrica 
de algodn y... - . Aqu dice que son dos convictos, no uno -le dijo.
Al otro lado de la lnea se oy una conversacin de fondo.
- Cielos, Wynn, acaba de pasar Ben, el jefe de bomberos y le he preguntado si saba algo ms. Me ha dicho que son dos tipos, no uno. Parece que la polica los vio 
en el coche que haban robado e intentaron detenerlos. Le han disparado a Randy Turner...
- Randy! -exclam la joven. Conoca a aquel joven agente, casado, que haca poco haba tenido un hijo-. Y cmo est?
-No muy bien. No saben si vivir... ah viene la ambulancia... -le dijo atropelladamente. Wynn pudo or la sirena a travs del auricular-. Ben me ha dicho que cree 
que la polica ya los tiene. Dios, nunca pens que estas cosas pudieran pasar en una ciudad tan tranquila como la nuestra...
- Ser mejor que me apresure si quiero sacar alguna foto antes de que acabe todo -la interrumpi Wynn mientras agarraba el bolso y la cmara - . Hasta luego!, y 
gracias por llamar, te debo una!
-No tienes por qu darlas.
Cuando hubo colgado, pas corriendo junto a Judy.
-Dnde vas con tanta prisa? -le pregunt sta.
-Acaban de arrestar a unos presos fugados en la fbrica de algodn -le explic Wynn detenindose con la mano en el picaporte-. Luego te veo!
- Ten cuidado!
- Siempre lo tengo -respondi ella saliendo por la puerta.


La fbrica de algodn estaba muy cerca, as que tom un atajo por un callejn, con la falda golpendole los muslos al correr. Dobl la esquina... y se encontr de 
pronto con una pistola apuntndola, empuada por un tipo sucio y mal encarado.



Captulo 10


WYNN se par en seco, mirando horrorizada la pistola, que pareca mucho ms grande en la vida real que en las pelculas. Sus ojos vieron el oscuro agujero del can 
ante ellos, y se pregunt si se sera el final.
- Una ta! -le dijo el hombre a otro que apareci a su lado, ms bajo y corpulento - . Estamos de suerte. Agrrala, Tony. Podremos usarla para negociar con la pasma.
-Es usted la respuesta a nuestras plegarias, seorita - le dijo el otro asindola bruscamente por el brazo-. Y ahora escuche, no nos cause problemas y no le haremos 
dao.
"Oh, McCabe! " pens ella desolada, "por qu no te escuchara?"
El tipo que le tena el brazo doblado tras la espalda, le quit furioso la cmara y la arroj al suelo.
- No se mueva! -le gru, apretando los dientes, aunque ella ni siquiera haba hecho intencin, aterrorizada como estaba.
La llevaron hasta la otra esquina de la calle, pegndose a la pared. Haba un par de coches de la polica estacionados en la va perpendicular con las puertas abiertas 
y las luces de las sirenas encendidas. Detrs, armados, estaban los agentes, y Wynn reconoci al jefe de polica, Bill Davis.
- Tenemos un rehn! -les grit el preso alto-, una mujer!, no disparen o nos la cargamos aqu mismo!
Hizo que el otro hombre, que la estaba apuntando con la pistola en la garganta, la hiciera asomarse.
- Wynn! -exclam el jefe de polica al verla.
- La conoce ese poli? -le pregunt el hombre bajo, retorcindole el brazo de tal modo que ella pens que iba a romprselo-. La conoce?
Wynn asinti con la cabeza.
- Soy reportera -balbuci.
- Dios! -mascull el otro-, justo lo que necesitbamos. Muy bien, encanto, usted prtese bien y tendr la historia de su vida -le dijo a Wynn-. Escuche! - le grit 
al jefe Davis - : si hace lo que le digamos, ella no resultar herida; de lo contrario...!
- Decidme qu es lo queris, Mooney! -le dijo el jefe de polica. Wynn advirti la preocupacin en su voz, y quiso abofetearse por haber empeorado la situacin.
- Queremos un helicptero! -le respondi el preso-, y un piloto que nos lleve donde le digamos!
El jefe de polica se volvi para hablar con sus hombres.
- Mooney, lo ms que podemos conseguirle es un helicptero del ejrcito, y tendremos que llamar a la base para pedir que lo manden... llevar un par de horas al 
menos!
- Pues no tenemos tanto tiempo! -le grit el preso furioso-, y tampoco lo tiene ella!
- No puedo conseguiros un helicptero antes! -respondi Davis - , pero hay un aeroplano en el aeropuerto, y tengo un piloto aqu mismo! Dice que os llevar!
Los presos se miraron el uno al otro.
-T que dices, Jack? -dijo el que tena agarrada a Wynn-. Cuanto ms nos quedemos aqu, ms feas se pondrn las cosas. Vendrn ms polis... No tenemos eleccin!
-No lo s -gru el otro nervioso, secndose el sudor con la manga-. Tal vez sea una trampa. No me fo de estos polis de provincias.
Wynn quera gritar y pedir auxilio, y estaba dispuesta a suplicar que la dejaran vivir, pero aquellos tipos estaban lo suficientemente desesperados como para no 
importarles si tenan que matarla, y lo nico en lo que poda pensar era que tal vez nunca volviera a ver a McCabe.
- Espera un momento -dijo el alto mirando a Wynn-. Ella conoce a ese poli. Eh, t, ese madero es de fiar? Es legal?
Ella trag saliva y asinti con la cabeza.
- S... s -solloz - . Cumplir su palabra... y tampoco dejar que nadie interfiera.
El hombre alto pareci relajarse un poco, pero el bajo apret la pistola an ms contra su garganta. -Podramos llevarla con nosotros -dijo el otro tipo-. S, podramos 
hacerlo... llevmosla con nosotros, Jack. As no se atrevern a hacernos nada. Jack asinti.
- De acuerdo.
Apart la pistola, y aunque el otro tipo todava la tena agarrada, pudo respirar con ms tranquilidad.
- Est bien, nos quedamos con el aeroplano! - le grit el preso alto a la polica-, pero ella viene con nosotros. Ahora vamos a salir. Mi amigo tiene una pistola 
apuntndole a la espalda, as que ante el ms mnimo movimiento la dejaremos seca. Lo habis captado?
- De acuerdo, de acuerdo, tranquilos... -les dijo Davis -. Salid. Mooney, nadie disparar.
Y orden a sus hombres que bajaran las armas.
Aquellos pocos metros hasta la carretera fueron los ms largos en la vida de Wynn. Cada paso era una agona. Y si a aquel tipo se le iba el dedo? Y si tropezaba? 
Poda notar el can de la pistola, duro y fro, en el hueco de su espalda, y estaba temblando de tal manera que le costaba caminar, y las lgrimas le rodaban sin 
cesar por las mejillas sin que pudiera detenerlas. Estaba aterrorizada.
En esos momentos no exista para ella nada en el mundo excepto el cemento que se extenda bajo sus pies, y la pistola que estaba apuntndola. Si la sacaban de Redvale. 
sus probabilidades de escapar con vida seran nulas. Mataran al piloto, y a ella tambin. Al fin y al cabo los haban condenado por asesinato. Poco podan significar 
para ellos un par de muertes ms. Y si trataba de soltarse, alguien podra resultar herido, porque aquellos dos hombres estaban muy nerviosos.
-Jack... -farfull el que la tena agarrada, a medida que se aproximaban al coche de polica-. Jack. qu pasa si...?
- Cllate! -le espet el alto, irritado - . No va a pasar nada, imbcil! T vigila a la chica; a estos periodistas no les importa correr riesgos. Son capaces de 
cualquier cosa.
- Est bien, Jack -murmur el bajo. Apret el can contra la columna de Wynn-. Puedes sentir la pistola, verdad, encanto? Pues intenta algo y te meto una bala 
antes de que puedas reaccionar.
-No... no pensaba hacer nada -balbuci ella.
Cuando subieron a la acera frente a la lnea de coches de polica, Wynn reconoci a la persona que haba de pie al lado del jefe Davis: McCabe!
Estaba apoyado en su bastn, y su rostro era una mscara sombra y furiosa.
-ste hombre ser vuestro piloto -les dijo Davis, sealando con la cabeza a McCabe - . l os sacar de aqu.
- Tiene permiso para llevar un aeroplano, amigo? - le pregunt el preso alto.
- No se preocupe -respondi McCabe con una sonrisa burlona-. S manejarlo.
- Muy bien, pero no intente nada raro, o nos cargamos a la chica -le advirti el que tena agarrada a Wynn - . Vamos.
McCabe avanz apoyndose en el bastn, con los ojos fijos en los dos convictos.
-No se acerque ms. ah ya est bien -le dijo el bajo, apretando ms el brazo de la joven - , Me ha odo? -bram al ver que McCabe no se detena - . Si da un paso 
ms la mato!
El alto tambin se estaba poniendo nervioso.
- Hgale caso! Qudese donde est! McCabe se detuvo justo al llegar frente a Wynn.
- Est bien, chicos -les dijo calmadamente-, cul es el problema? Nadie va a dispararos. Dejad ir a la seorita y yo ser vuestro rehn, de acuerdo?
Wynn contuvo el aliento. Los dos presos fugados se miraron entre s.
-Yo digo que no -mascull el bajo - . Este tipo es muy grande como para poder controlarlo.
- S, pero es un lisiado, mralo -replic el otro-. Ser ms fcil vigilar a un rehn que a dos. Dejemos que se vaya la chica.
McCabe mir al que tena agarrada a Wynn.
- Eso es -le dijo mientras el hombre soltaba el brazo de la joven, su voz era casi hipntica-, eso es. Ella no sera ms que un estorbo para vosotros, y no queris 
ms problemas, verdad?
Finalmente, Wynn qued libre del agarrn del hombre, pero no se movi. Estaba paralizada por el miedo. Y si mataban a McCabe?
Pero McCabe pareca tan tranquilo como si hubiese salido a pescar, a pesar de la ligera palidez de su rostro.
-No intente nada, amigo -le dijo el bajo, apuntndolo con la pistola.
McCabe mir fijamente el arma, y Wynn supo que estaba recordando otro momento, otro lugar. Quera gritarle que tuviera cuidado, que morira si le ocurra algo, pero 
estaba paralizada y no lograba articular palabra.
- No va a intentar nada -dijo el alto con una sonrisa sarcstica-. Ms que nada porque no podra con esa pierna, eh, lisiado?
-Que me insultes una vez te lo consiento, escoria, pero no dos -mascull McCabe en un tono peligroso.
Y antes de que los dos hombres pudieran reaccionar, se abalanz hacia el hombre ms bajo como si su pierna estuviera en perfectas condiciones, y le propin un puetazo 
en toda la mandbula, haciendo que tirara el arma. El otro iba hacia l, pero McCabe le peg con el codo en el estmago, y se agach para recoger la pistola.
Ocurri tan deprisa, que Wynn se qued parpadeando sin dar crdito a sus ojos. Los policas corrieron a reducir y esposar a los convictos.
- Diablos, eres rpido, McCabe! -exclam el jefe Davis admirado mientras sus hombres llevaban a los presos a los coches, maldiciendo uno y el otro sangrando por 
la boca-. Pero verdaderamente te la has jugado, y poda no haberte salido bien. Eres un loco temerario! -lo increp con los brazos en jarras.
-Tranquilo, jefe, chele un vistazo a esto antes de enfurecerse -le dijo McCabe, mostrndole la recmara de la pistola.
- Vaca! -exclam Davis con incredulidad. Lanz un improperio y se volvi hacia sus hombres-. Demonios, muchachos, el arma estaba descargada!
-Bueno, me dijo que les haban disparado varias veces -explic McCabe -. as que no podan quedarles muchas, pero fue la mirada en los ojos de ese tipo lo que me 
dijo que estaban tirndose un farol.
-Cre que te habas vuelto loco -dijo Davis mirndolo-. Y si le hubiera quedado una bala en el arma?
-Ahora estara muerto -respondi McCabe.
El jefe Davis lanz los brazos al aire y se alej farfullando algo as como "reporteros...!" McCabe se volvi hacia Wynn, mirndola como si fuera la primera vez 
que la viera.
-Ests bien? -le pregunt con voz ronca.
Ella trag saliva y asinti con la cabeza. Se notaba los labios secos, y tena la impresin de que iba a desmayarse de un momento a otro. Tena las piernas tan temblorosas 
que apenas la sostenan. El aturdimiento estaba empezando a abandonarla, y en ese instante fue plenamente consciente de lo cerca que haba estado de morir.
McCabe inspir profundamente.
- Si no fuera porque hay un sistema judicial que se encargar de esos dos bastardos, los habra matado con mis propias manos por lo que te han hecho pasar - le dijo.
-Estoy bien -murmur ella, esbozando una dbil sonrisa-. Siento haber complicado las cosas al venir. Es que Lucy, la dependienta de la farmacia, me llam para contrmelo 
y me dijo que le haban dicho que ya los haban arrestado.
McCabe frunci los labios y enarc una ceja.
-Un periodista no puede fiarse de los rumores, Wynn.
-Lo s. Tena que haberte hecho caso. La prxima vez me quedar junto al teletipo hasta que llegue la noticia del arresto.
-Volvamos a la oficina -murmur l.
Recogi su bastn, la tom del brazo, y regresaron al Courier.
-Qu ha pasado? -les pregunt Judy en cuanto aparecieron.
Kelly y Jess tambin se giraron en sus asientos.
- Ms tarde, Judy -le dijo McCabe. Llev a Wynn a su despacho y cerr la puerta detrs de ellos.
-Escucha, McCabe, yo... -comenz ella, sintindose demasiado aturdida an como para enzarzarse en una discusin.
Pero McCabe no tena intencin de discutir. La atrajo hacia s, y la abraz como si temiera que fuera a desvanecerse en el aire. Hundi el rostro en su cuello, y 
ella advirti que su respiracin se haba tornado entrecortada y que estaba temblando.
- Oh, Dios...! -murmur con voz ronca-. Oh, Dios, Dios...! No haba pasado tanto miedo en toda mi vida!
Wynn pein con los dedos su cabello.
- Est bien, cario -le susurr - . Estoy bien, de verdad... Slo estoy un poco aturdida. No me han hecho dao.
Pero l segua temblando, y a Wynn lo asust verlo as, tan vulnerable.
- McCabe, estoy bien -le repiti abrazndolo con fuerza-. Estoy bien.
- Si la pistola hubiera estado cargada... -farfull l - , te habra perdido...
-Pero no ha ocurrido -respondi ella con suavidad-. Y lo mismo da librarse por un poco que por mucho.
- No, no da lo mismo! -le espet l, levantando la cabeza. Estaba blanco como una sbana, y Wynn pudo leer el miedo en sus ojos-. Se acab. Se acab, vas a dejar 
el peridico. Te quedars en casa, y tendrs nios, y plantars flores en el jardn. Pero no vas a seguir trabajando aqu!
Ella lo mir boquiabierta.
- No puedes obligarme! Es mi trabajo!
- Lo era -replic l-. Ya no.
-Por qu? Por lo que ha pasado? -quiso saber ella-. T has estado muchas veces a punto de morir, y no por ello has dejado tu trabajo -le record-. Por qu debera 
hacerlo yo?
McCabe se qued all de pie, mirndola.
- As es como te sentiste t cuando te cont cmo me haban herido en la pierna, no es verdad? - inquiri de pronto, cayendo en la cuenta-. Este... fro espantoso, 
que parece llegarte hasta el alma...
Wynn asinti con la cabeza.
- S. eso es exactamente lo que sent.
McCabe inspir profundamente, y sus manos frotaron los brazos de Wynn mientras pareca estar considerando el asunto. Despus alz la vista y escrut su rostro, adorando 
cada suave lnea de l.
- Bueno -dijo con un suspiro - . Supongo que debera informarme mejor sobre la situacin del agua en Georgia. El alcalde necesitar mucha ayuda para conseguir el 
voto de la gente cuando hagan ese referndum en otoo.
Los ojos de Wynn se llenaron de lgrimas, sin atreverse todava a creer lo que sugeran sus palabras.
-Los primeros aos tendrs que ser paciente - le dijo McCabe - . Si ves que empiezo a ponerme camisas de camuflaje y a caminar por el jardn con un machete, tendrs 
que fingir que es algo completamente normal, y si alguna vez me pongo un casco cuando est en la redaccin, no debers quedarte mirndome.
Ella sonri, mordindose el labio inferior, conteniendo an la felicidad que la inundaba.
-Y tambin tendrs que ser paciente respecto a la consumacin de nuestro matrimonio... porque esta condenada pierna est matndome -gru movindola.
Wynn se ech a rer y le alborot el cabello amorosamente.
- Esperar -le dijo.



Pasaron su luna de miel en un lujoso hotel de una playa de Florida. McCabe haba conseguido que Ed volviera a tiempo de sus vacaciones para asistir a la boda. Fue 
una ceremonia sencilla, pero para Wynn fue el da ms maravilloso de su vida.
Estaban sentados juntos en el sof de mimbre del balcn, observando el mar a la luz de la luna, cuando McCabe la hizo tumbarse en su regazo y se inclin sobre ella.
- Ests cmodo as? No te hago dao? -le pregunt inquieta.
- Pues claro que me duele, pero deja de preocuparte por eso ahora, estoy intentando besarte.
-En ese caso... -murmur ella con una sonrisa. Los labios de l tomaron los suyos en un beso largo y tierno-. Oh, McCabe, cmo me gustara que tuviramos la playa 
para nosotros solos y que tu pierna estuviera bien...!
-Para qu? -inquiri l, besndola en el cuello.
-Para tumbarnos juntos en la arena.
- Hmm... y me imagino que querras hacer - dijo l rindose-. Pero, y la arena?
- Pondramos una toalla debajo -respondi ella-. Pero no te preocupes, s que en tu estado no puedes...
-Eso es lo que usted cree, seorita -murmur l.
La alz en volandas y la llev dentro, dejndola sobre la cama sin encender la luz. Se quit la ropa mientras ella lo observaba, rindose cuando hubo terminado y 
ella estaba todava all sentada embobada.
Se acerc, la desnud a ella tambin y se ech a su lado.
- Y ahora -le dijo-, imagnate que el colchn es la arena y que la sbana es una toalla, y cierra los ojos. Yo me ocupar del resto.
Wynn abri la boca para preguntarle si estaba seguro, pero antes de que pudiera decir nada, l estaba besndola y acaricindola y hacindola perderse en un mar de 
deseo. McCabe la trat con paciencia y dulzura, y cuando por fin alcanzaron el momento de la unin, calm su temor y la llev a nuevas cumbres de placer, haciendo 
que se olvidara del dolor. Despus, cuando el fuego de la pasin se fue extinguiendo, la acun, besndola con adoracin y se quedaron abrazados el uno al otro.
-La prxima vez ser an mejor -le prometi l - . Mucho mejor. Pero tendrs que alimentarte bien, porque hacer el amor consume mucha energa.
Wynn se ech a rer.
---Oh, McCabe, eres imposible!
-Lo s. Te ha gustado?
- Ha sido increblemente ntimo -murmur ella-. Oh, McCabe, te quiero tantsimo! Me alegra que no vayas a arriesgar tu vida nunca ms.
McCabe sonri.
- Yo tambin me alegro de la decisin que he tomado. Ahora tengo tanto por lo que vivir... Nunca olvidar el miedo que sent cuando pens que podras morir, que 
podra perderte. Porque no habra querido seguir viviendo sin ti, Wynn.
Ella se notaba un nudo en la garganta. -Te quiero -le susurr McCabe - , con todo mi corazn y toda mi alma.
- Ya lo saba, pero me encanta ortelo decir - respondi ella picaramente - . McCabe... sobre tu trabajo... Seguro que no lo echars de menos? Te conformars con 
lo que Redvale te puede ofrecer?
- Lo he pensado mucho. Wynn, y mientras a ti no te importe viajar conmigo de vez en cuando, creo que podr contener mi espritu inquieto. Todava quiero ir a las 
ruinas de Machu Picchu, y a Creta, y a ver las pirmides... creo que ser divertido ir a esos sitios sin que sea para hacer un reportaje. Qu me dices?
-Me encantara -murmur ella abrazndolo.
- Y cuando tengamos nios podramos llevarlos con nosotros -dijo l.
- Y les ensearemos a escribir artculos -se ri ella.
- Oye, Wynn... -le dijo McCabe al cabo de un rato - . Ed me hizo una proposicin el otro da despus de la boda.
- Qu clase de proposicin?
- Me ha ofrecido la direccin del peridico de forma permanente.
Wynn se incorpor como un resorte, quedndose sentada, y contuvo el aliento. -Te ha ofrecido...?
McCabe asinti con la cabeza.
-Te gustara llevarlo conmigo?
Por toda respuesta, Wynn se arroj a sus brazos, rindose y besndolo. No podra haberle dado mejor regalo de bodas. Lo mir amndolo ms que nunca, con sus manos 
en las mejillas de l, y la luz de la luna arranc un destello del diamante engarzado en su anillo, aunque ste no poda igualar el brillo de sus ojos.


Fin
Diana Palmer                                                                                         Pasin y seduccin




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